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¿El fin de la COB?

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tribuna

Vamos a andar

Por Rafael Puente

/En la gestación del actual proceso la COB jugó un papel secundario y muchas veces inadvertido, sobre todo cuando se trataba de un proceso de cambio. Y precisamente intenta jugar nuevamente un papel importante cuando se acabó el cambio y lo que se busca es la continuidad inconstitucional de un gobierno. Cierto que la iniciativa de semejante participación la tomó el Gobierno, que —en su desesperada búsqueda de nuevos aliados— se esmeró en regalarle a la COB sedes sindicales, vehículos para sus dirigentes e incluso un hotel privado, y lo penúltimo que se supo es que aceptaban que en las próximas elecciones no fuera un dirigente de la COB el candidato del MAS a la Vicepresidencia a cambio de una mayor presencia cobista en el próximo gobierno, tanto en el Órgano Ejecutivo como en el Legislativo./

viernes, 04 de enero de 2019

La antaño gloriosa Central Obrera Boliviana (COB) emergió de ese rico y complejo proceso que fue la Revolución de 1952. Era la mejor expresión del verdadero sujeto de dicha revolución, tanto que cuando el nuevo “Estado Nacionalista” empezó a claudicar fue responsabilidad del presidente Paz Estenssoro (obediente a la Embajada de Estados Unidos) y no de la inconsecuencia de la COB. Y por muchas críticas que se le pueda hacer a Don Juan Lechín, no se podrá negar que mantuvo la unidad de la COB (cosa que en muy pocos países ha sido posible) y también su independencia. Así se explica que una vez concluido —y fracasado— ese modelo de Estado (fracaso que empezó a hacerse visible en 1964, con el golpe de Barrientos, y culminó con el desgraciado gobierno de la UDP), la COB se mantuviera viva, y unida, aunque visiblemente con menos fuerza, a lo largo de los gobiernos neoliberales.

En la gestación del actual proceso la COB jugó un papel secundario y muchas veces inadvertido, sobre todo cuando se trataba de un proceso de cambio. Y precisamente intenta jugar nuevamente un papel importante cuando se acabó el cambio y lo que se busca es la continuidad inconstitucional de un gobierno. Cierto que la iniciativa de semejante participación la tomó el Gobierno, que —en su desesperada búsqueda de nuevos aliados— se esmeró en regalarle a la COB sedes sindicales, vehículos para sus dirigentes e incluso un hotel privado, y lo penúltimo que se supo es que aceptaban que en las próximas elecciones no fuera un dirigente de la COB el candidato del MAS a la Vicepresidencia a cambio de una mayor presencia cobista en el próximo gobierno, tanto en el Órgano Ejecutivo como en el Legislativo.

Eso se llama prebendalismo, se llama oportunismo político, y está en el polo opuesto de lo que fue la COB de 1952, la COB que exigía coherencia a los gobiernos nacionalistas, la COB que resistió heroicamente a las dictaduras militares. Comprensible, porque así nomás son los procesos históricos, pero triste. Sin embargo, en estos momentos está mostrando que su proceso degenerativo es mucho más grave aún de lo que parecía, hasta el extremo de que su nuevo aliado/salvador, que es el presidente Evo Morales, a los actuales dirigentes los ha calificado públicamente de “platistas”. ¿Cuál es la novedad?

La novedad es que en el pacto electoral acordado por la COB con el MAS para este año 2019, resulta que ya no se trata de agrandar los intereses corporativos de la COB, sino que éstos han sido sustituidos por intereses personales y egoístas de algunos dirigentes (sin que las bases muestren la más mínima capacidad de resistencia, última señal de la degeneración de su entidad matriz) cuando han arriesgado su vergonzosa alianza con el MAS para exigir que el doble aguinaldo —que a todas luces no tiene justificación financiera sino una mera justificación electoral— se aplique también a los trabajadores que ganan más de 15.000 bolivianos o sea trabajadores ya de por sí tremendamente privilegiados. ¿Cuántos pueden ser? Nadie nos da el número exacto, pero es evidente que son una total minoría. Sin embargo, aparece claro que ésa es la minoría que tiene la sartén de la COB por el mango, y que las bases no tienen nada que decir…

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El infamatorio

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El Infamatorio
Jueves, 08 Noviembre 2018

El Infamatorio es el repositorio de las vilezas que perpetra el poder; es el almacén de las acciones políticas que tienen a la abyección como su único principio y fin.

Las ruindades de la política en Bolivia son el espacio de El Infamatorio, su tiempo lo marcan las continuidades de las bajezas que se consuman en su nombre.


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