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Los vítores chilenos de La Moneda al abogado de la carcoma (Miscelánea palaciega 5)

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(Casa tomada de Cerruto)

Ricardo Aguilar Agramont*

Julio de 2018

Ese estruendo de palmas y ovaciones que cruza con decisión el viento desde La Moneda hasta Palacio Quemado es el merecido reconocimiento a la ardua, infatigable y meticulosa labor emprendida los últimos años por el abogado de la carcoma para socavar la demanda marítima boliviana. Su incansable quehacer hoy llega a la cúspide con el enjuiciamiento del vocero de la demanda, Carlos Mesa, con una suerte de canalización de fondos bolivianos ¿indirectamente? al abogado de Chile en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con la liberación de toda culpa de los falsificadores de documentos y con el regalo de más de 40 millones de dólares de dinero ajeno a los defraudadores.

Las actuaciones como un solo organismo de la defensa boliviana y la parte acusatoria del caso Quiborax no prueban que el abogado de la carcoma haya recibido una comisión; ese alarde de sincronía y de prodigiosa coordinación entre los defensores y acusadores no prueban que hayan recibido ninguna comisión; el entrañable compañerismo de defensores del Estado y demandantes chilenos, más su ejemplar confraternización de computadoras infidentes no prueban que hayan recibido ninguna comisión de los más de 40 millones de dólares que se dio. Es posible (¿por qué no?) que con ese sincero aplauso de La Moneda —esa ovación que el lector puede escuchar en este mismo momento— se tenga el abogado de la carcoma por bien pagado: con el solo panegírico chileno como único estipendio de sus servicios.

Pero no se trata de una confusión, el lector sagaz fácilmente podría aseverar que las actuaciones de la última enumeración (que carcomen la demanda marítima) se atribuyen erróneamente a un abogado, cuando en realidad son una caterva de ellos, todos en distintos cargos de los órganos Ejecutivo y Judicial. Pero no se deje engañar: el abogado de la carcoma es uno y solo uno; aunque tiene varios nombres, siempre utiliza el mismo terno prevaricador, se peina con la misma gomina impotente que no logra disimular la caspa perentoria de su inmoralidad, inmoralidad que se halaga hoy con el aplauso chileno que le prodiga La Moneda.

El abogado de la carcoma es la consubstanciación corpórea de todos y cada uno de los vicios de la podredumbre judicial boliviana. El letrado de la carcoma es un iletrado a ultranza, es incapaz de redactar correctamente una sola oración en sus legajos acusatorios, y sin embargo es ministro, es fiscal general saliente, es procurador del Estado, es magistrado en las Altas Cortes... Sobre sus espaldas pesa el corpus delicti de la traición, de la adveración de la mentira. Pero los vítores chilenos lo consuelan, aligeran su carga; le abrevian también el esfuerzo sus salarios jurisdiccionales y las prerrogativas apelatorias del rédito electoral de su partido que degenera en usufructo…, ese interés partidario que siempre subyuga y subordina todo lo demás, incluida la reintegración marítima.

Porque al abogado de la carcoma y a su partido no le interesa nada, menos el mar, solo le preocupa la silla, y para conservarla, se ha visto, hará todo lo que esté a su alcance, hasta aquello que no nos atrevemos a decir. Por eso, para ellos el mar es secundario, como se demostró el día que iniciaban los alegatos en La Haya, cuando en busca de una fugaz ovación nacional, contradiciendo los argumentos jurídicos del país, Evo Morales dijo que Antofagasta era de Bolivia. Sólo consiguió la aclamación de los chilenos (otra vez) por haber regalado, generosamente, un acto unilateral que Chile utilizó como una de sus evidencias durante su presentación oral y podrá utilizar para negarse a negociar. Hoy, el abogado de la carcoma regala a Chile todas sus retorcidas actuaciones relacionadas al caso Quiborax para enjuiciar al vocero de la demanda, envuelve su obsequio con listones abrogatorios y empapela su presente en el celofán aparente de la prevaricación.

El triunfo en La Haya no será gracias al abogado de la carcoma, si no a pesar de él y de su partido.

Que no se engañe nadie, La Haya, Quiborax, el juicio de responsabilidades y las elecciones de 2019 no son cosas separadas. La letra de la norma, de la chichana, de la judicialización de la política (que inmoralmente se critica afuera, pero aplica adentro) no instaura la realidad nunca.

Los más viles vicios de los doctores de Charcas nunca han dejado de gobernar Bolivia, encarnaron en los abogados de la carcoma durante todos estos 200 años. Pero el destino de los de hoy, un día los trastocará en prófugos; pues en su infinita cobardía y desprecio por los valores del Derecho, preferirán la fuga antes que enfrentar un juicio en el que no se les permita ser juez y parte, tras tantos años de haberlo sido.

Porque la patria en que vivimos tiene abogados de la carcoma (no mar), que sacuden el árbol del usufructo (sin mar), que se pavonean por los pasillos del prevaricato (sin mar), que dictan las constituciones del rédito personal (sin mar), que suben las gradas del palacio de la prebenda rascándose las costras como si nada (sin mar), que habitan los contornos de la orilla del confín del rincón de la legalidad para disimular su morada ilícita (sin mar), que festejan onomásticos y se embriagan por los salones del arbitraje estatal (sin mar), que hacen alarde de sus hazañas en los burdeles de la absolución (sin mar). Por todo ello es que Chile aplaude al abogado de la carcoma.

*Ensayista

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