Los gobernantes decidieron impedir que llegue a La Paz la “VIII gran marcha por la defensa de los territorios, la vida, la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas” porque, según ellos, aquella acción era y es parte de una conspiración imperialista y de una acción de la derecha que, además, tenía y tiene el propósito de dificultar y en lo posible desacreditar las elecciones de los jueces supremos del 16 de este mes. Esa marcha (continuamos el resumen del criterio de los gobernantes y de los intelectuales que se mantienen a su lado) se negó a dialogar debido a que en realidad tiene los objetivos políticos mencionados y que la mantención del TIPNIS, sin carretera por el medio, es un pretexto para presentar al Presidente, por ejemplo, como antiindígena, y otras afirmaciones de ese estilo y calibre.
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En La Paz, el 16 de julio de 1809, se alzaron los plebeyos, proclamaron su libertad, depusieron a la autoridad imperial, desconocieron al obispo, declararon su independencia del colonialismo español, con la unidad de la gente del pueblo procedente de varios lugares de lo que ahora es Bolivia y Suramérica, incluso en ese cauce unitario plantearon confederar a las provincias del Perú y definir a La Paz como capital.
Leer más...El gobierno, según se advirtió en la reunión realizada hace días en Santa Cruz, carece de un criterio estudiado y completo sobre las causas de la criminalidad en nuestro país, la que provoca la inseguridad ciudadana que resulta incontenible, sobre todo este último tiempo. Además allí quedó claro que, entre los gobernantes, predomina la idea que para vencerla se deben aprobar y aplicar leyes e intensificar la represión policial y, quizá, militar.
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Las condecoraciones y los ascensos, como premios en favor de militares detenidos y maltratados en Chile por invadir territorio de ese país debido a un supuesto o real extravío nocturno y cuando al parecer perseguían a contrabandistas, resultan desmedidos, pero explicables porque el Presidente boliviano está interesado en hacer la mejor buena letra con los uniformados, al menos, con dos presumibles propósitos: consolidar el apoyo de las Fuerzas Armadas a su gobierno que pierde respaldo popular y para que el pueblo apoye un comportamiento presuntamente patriótico que asumieron los uniformados y la de un Presidente que reconoce méritos —dudosos méritos decimos nosotros—, en coincidencia con los bolivianos que consideramos que las condecoraciones y los ascensos para aquellos militares son un nuevo exceso presidencial, para decir lo menos.
Leer más...Compañero Presidente: quizá le caiga mal que le recordemos que tiene la obligación constitucional, según el derecho consuetudinario y un mandato ético de respetar, como el que más, los derechos de los pueblos indígenas, lo que no sólo no hace sino que parece ufanarse cuando estropea esos derechos lo que está en contra del mandato que recibió del pueblo y, en particular de los indígenas, muchos de los cuales todavía sacan pecho por "su" Presidente indígena que gobierna Bolivia, aunque otros (entre los que estamos los de este semanario) nos convencemos, muy a pesar nuestro, de que usted sacrifica los verdaderos intereses regionales, populares y nacionales cuando ejerce la política desde el Palacio Quemado y, por el contrario, hace esfuerzos, por ejemplo, para concertar con empresarios de toda laya.
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