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Lucha por el derecho al trabajo es parte de la campaña anticoronavirus

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De sábado a sábado 508

Remberto Cárdenas Morales*

El 1 mayo de 2020, en el mundo y en Bolivia, concentra una demanda esencial: la preservación de los puestos de trabajo de los asalariados y de los cuentapropistas, los que aquí se calcula que son entre el 70 y el 80 por ciento de la población.

En Bolivia, además, en el día de la unidad y de la solidaridad de los trabajadores, están cerradas muchas de las empresas en las que los asalariados producen un nuevo valor, a cambio de salarios, siempre mermados, con relación a la intensidad del trabajo de los asalariados y respecto de sus necesidades, siempre crecientes.

Como una de las consecuencias de la pandemia según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se prevé más de 300 millones los despedidos debido al cierre de empresas, en la mayoría de los países del mundo.

En Bolivia, a la campaña anticoronavirus por la salud y por la vida, se suma paralela el accionar de los trabajadores asalariados, por su sobrevivencia como clases sociales, así como en escenarios contiguos transita, también, la lucha por la sobrevivencia de los trabajadores por cuenta propia, los que trabajan para comer y a veces para comer con marcadas limitaciones.

Sin perder de vista esa urgencia, está muy clara, como definición, que los trabajadores no renuncian a ninguna de las conquistas sociales, vale decir, que al salario mínimo nacional boliviano, no se debe renunciar, ni siquiera en parte, como lamentablemente ocurre ahora y antes, porque hay empresarios que defienden sus ganancias incluso con malas artes y trabajadores necesitados que negocian el pago disminuido de ese salario mínimo nacional, monto de dinero insuficiente pero que es lo menos que deben ganar los trabajadores en Bolivia (Bs2.122).

Ahora, una queja de empresarios bolivianos es que no tienen dinero para pagar salarios porque están cerradas sus empresas, que no ha funcionado la economía debido al coronavirus, agregan los propietarios de los medios de producción.

Sin embargo, industrias de alimentos funcionan, en este momento, a un ritmo mayor que antes de la pandemia.

En fábricas que producen artículos de limpieza sucede algo parecido.

Un ejecutivo de una de esas empresas dijo, en el curso de la semana que concluye, que su compañía aumentó diez veces su producción (detergentes, lavandina, alcohol-gel), respecto del tiempo anterior a la campaña anticoronavirus.

Esa empresa que factura, probablemente, diez veces más que antes y que tiene aseguradas sus ventas, especialmente en este tiempo de coronavirus, no tendría que alegar imposibilidad material para aumentar salarios a sus dependientes. En este caso, se cree que los trabajadores, tienen asegurados sus puestos de labor, porque los empresarios los necesitan para producir más, para lo que emplean más horas de labor y/o allí se trabaja con mayor intensidad.

No sabemos si en esa factoría —próspera por su producción y por sus ventas— se paga por trabajo extraordinario, dominicales y si sus asalariados recibirán algún ingreso por las utilidades de la empresa.

Otro ejemplo de actividad económica, en apariencia normal, es el que se cuenta así:

Un empresario cruceño contó, esta semana, que la zafra azucarera, en Santa Cruz, empezará el 20 de mayo y que se toman medidas para garantizar ese proceso productivo

Se trata de la producción de azúcar, un alimento sobre el que algunos discuten si el azúcar es o no alimento, artículo al que los panaderos paceños definen como parte de la materia prima para elaborar el pan de cada día.

La producción de azúcar en Santa Cruz determina los salarios y los sueldos de una crecida población que abarca a los capitalistas, cañeros, transportistas, zafreros (los que cortan caña y la suben a los carros), los que trabajan en servicios diversos (vendedoras de comida, cargadores, comerciantes). La industria del azúcar, que por los datos que se conocen tiene asegurados buenos resultados este año, se deduce que los dueños de los ingenios azucareros y los empresarios cañeros tendrán capacidad de pago para aumentar salarios a sus dependientes e incrementar los ingresos (casi todos indirectos) que perciben los trabajadores por cuenta propia.

En las empresas que han cerrado sus puertas, los asalariados tienen que negociar, con urgencia, su permanencia en el trabajo o su estabilidad laboral y para que se les pague sus salarios, incluidos los del tiempo no trabajado en las fábricas debido a la pandemia, para subrayar lo dicho.

Cabe recordar que como ha ocurrido especialmente en los albores del capitalismo y en momentos de crisis de este modo de producción, sus trabajadores lucharon incluso para evitar el cierre de fábricas, tanto que en los centros mineros bolivianos, los trabajadores del subsuelo decidieron asumir la dirección y la administración de las empresas mineras abandonadas o cerradas por quiebra por sus dueños, los que se adjudicaban el derecho de extracción de minerales.

La dirección y la administración, por los trabajadores, de las empresas abandonadas o cerradas por quiebra es un elemento primordial de la Tesis de Pulacayo (1946), documento aprobado en un congreso de los asalariados mineros realizado en Pulacayo, entonces centro laboral, en el que se explotó plata especialmente.

Dicho de otro modo: también en Bolivia hubo momentos en los que los asalariados defendieron a la empresa capitalista, para impedir su cierre, para no perder su fuente de trabajo. Y ese comportamiento no se definió como conciliación de intereses entre empresarios y trabajadores, o que éstos se habían vuelto burgueses o pro-burgueses, como dicen algunos con demasiada ligereza, en el mundo sindical y político boliviano.

Los trabajadores por cuenta propia, los que en este momento reclaman trabajar sin más demora, el riesgo es que la crisis económica, al menos de inmediato, disminuya los compradores o las compras mermen, como sucede estos días con la carne de pollo, rebajada en La Paz, sin que éste sea un departamento productor de pollo.

Otro ejemplo: La carne de cerdo que hace poco se vendía a Bs.27 el kilo, en la sede de gobierno, ahora el kilo se ofrece a Bs.15. Los comerciantes deben ganar menos que antes y los granjeros quizá ganan muy poco y otros acaso pierden. Esas son muestras de que el mercado capitalista, el único que existe, funciona de esa manera durante una crisis económica, la que todavía no se detiene.

A los trabajadores también les asiste el derecho de redoblar la guardia, ante empresarios como uno de La Paz, quien dijo que debían preservarse los puestos de trabajo y que se deben pagar salarios, pero señaló al parecer de manera resuelta (y clara) que los gobernantes deben permitir la flexibilidad laboral, la que será impuesta por la realidad, añadió ese empresario. Señaló que en su empresa, durante un tiempo que no podía determinar, no se venderá servicios como antes del coronavirus, y tendrá que despedir trabajadores, anunció, como decían y hacían los empresarios durante el neoliberalismo en Bolivia y en diversos países del mundo.

Un profesional en Santa Cruz, experto en comercio exterior, declaró que pronto será inevitable el despido de trabajadores en nuestro país, como consecuencia de la desaceleración de la economía, consecuencia del coronavirus. Los miembros de la COB hace días han reiterado el pedido de aumento de salarios a los gobernantes, en un 10 por ciento a los salarios y el 15 por ciento al salario mínimo nacional.

Una respuesta, quizá preliminar, la dio el Ministro de la Presidencia, el que afirmó que los gobernantes están ocupados de preservar la salud de los bolivianos.

La presidenta Añez, junto a su saludo a los trabajadores, anunció diálogo con los miembros de la COB y ofreció, entre otros trabajos,la refacción de hospitales, centros y postas de salud;en barrios, empedrado de calles, embellecimiento de espacios de esparcimiento;en el área rural, caminos empedrados, canalización de aguas, apoyo a la producción agropecuaria en oriente y occidente, implementando el mejoramiento genético a partir del uso de nuevas tecnologías...Con estas actividades, dijo, se generarían miles de puestos de trabajo inmediato, directos e indirectos, según la mandataria.

Dirigentes de los trabajadores fabriles del país aseguraron que respaldan la cuarentena en los términos decretados por la Presidenta interina, que ellos consideran que es urgente luchar por la preservación de los puestos de trabajo, pero que no renuncian al aumento salarial para aliviar las carencias de estos días entre sus familias.

Los dirigentes de los trabajadores en salud, desde Cochabamba, han demandado aumento de salarios, del monto exigido por la COB, especialmente en este momento en el que los dependientes de ese sector atienden a los infectados por coronavirus y a los otros enfermos.

Voceros de los empresarios, con un discurso coincidente, han dicho que este año no debe aumentarse salarios.

Los miembros de la COB, han vuelto a decir que esperan la respuesta de los gobernantes a su pliego de peticiones y que sus afiliados no tienen nada que celebrar; esto último como si se vivieran los llamados tiempos normales, sin coronavirus.

Sin embargo, al parecer, los dirigentes cobistas no tienen una mirada atenta frente a la crisis económica que ya nos afecta y no se agigantan ahora que hace falta.

Un ejemplo muy decidor sobre aquel comportamiento de los dirigentes de la COB: los trabajadores de los hospitales (enfermeras, camilleros, lavanderas, cocineras y otros) son afiliados de la COB. Y los integrantes de esta instancia sindical, no han hecho ni hacen algo para que a esos afiliados suyos les doten de ropa de trabajo, el vestido y otros de bioseguridad.

Sobre esa quietud de los cobistas, se afirma desde aquí que cuando los dirigentes de una clase social no luchan ni por sus derechos irrenunciables, quiere decir que aquéllos pertenecen a una clase social que no es una clase para sí, que son dirigentes caducos, superados por la vida.

Con los dirigentes sindicales ocurre algo similar: los dirigentes sindicales que no ejercen el cargo muestran que abandonaron la defensa de los intereses de sus representados y que por eso tienen que ser remplazados sin demora o hasta que un congreso sindical decida sustituir a esos dirigentes, porque dejaron de ser tales, según su comportamiento.

Con los actuales miembros de la COB sucede algo más. Lo admitan o lo nieguen, ellos convirtieron a la máxima organización sindical del país, en un organismo que utilizó como quiso Juan Evo Morales Ayma, desde el Palacio Quemado y desde la Casa Grande del Pueblo, que parece lo sigue haciendo desde Argentina.

En consecuencia, la COB perdió su independencia sindical y política.

Además, vale tomar nota que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vehemente como es él, afirmó que la COB traicionó a Morales, acaso porque el secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Guarachi, dijo que la renuncia del entonces Presidente de Bolivia, dependía del mandatario. Así se sugiere que esos dirigentes sindicales serían unos fallutos.

Según los intereses de los asalariados, de lo que se trata es de desmontar el aparato político de Morales que sobrevive en los sindicatos, por tanto, en la COB.

Ahora, si es necesario sin los miembros de la COB, los trabajadores, con sus dirigentes o sin éstos, tienen que seguir su lucha para sobrevivir como miembros de las clases explotadas y oprimidas a las que pertenecen.

La lucha por el derecho al trabajo es la tarea inmediata de los asalariados. Otras demandas, seguro irrenunciables, tendrían que subordinarse a la sobrevivencia como trabajadores. Un apunte adicional: es necesario estar avisados de que los gobernantes actuales de nuestro país, en acuerdo público o reservado con los empresarios, pactarían medidas destinadas a salvar el modo de producción capitalista, para lo que la crisis, la consideran, que es una oportunidad incluso para modernizar al sistema de producción, al que les importa los trabajadores en tanto éstos aportan, decisivamente, en la producción de un nuevo valor, parte del cual se apropian gratis los patrones.

En Bolivia y en el mundo, de inmediato, de la actual crisis no surgirá una nueva forma de producción de bienes y de servicios, aunque podría articularse un capitalismo remozado, hasta donde permitan las circunstancias.

Y lo insólito será que las medidas que se asuman, para salvar al capitalismo, tendrían que ser admitidas incluso por los trabajadores, para que éstos preserven sus puestos de trabajo, como se dice en esta nota.

Asimismo, los trabajadores deben mantener su contribución a la campaña anticoronavirus y al mismo tiempo luchar por su sobrevivencia como asalariados y/o como trabajadores por cuenta propia.

Para este columnista, esas son las tareas de veras urgentes de los asalariados y de los cuentapropistas, como parte de la campaña para vencer al coronavirus.

*Periodista

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