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¿Se administrará la crisis de la UMSA o se la remontará realmente?

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De sábado a sábado 351

Remberto Cárdenas Morales*

En esta columna hace casi dos años, en dos ocasiones, afirmamos que las actuales autoridades de la UMSA, para ganar el gobierno de ésta, se aliaron con gente de izquierda, de centro y de la derecha, y que aquéllas corrían el riesgo de sólo administrar la crisis de la casa de estudios superiores sin remontarla.

En el II Congreso de la principal universidad del país, luego de un debate que creemos debe abarcar un año, se tendría que aprobar un nuevo proyecto de universidad pública y autónoma para que la UMSA —hablamos de un proyecto radical—, además sea la mejor, como reza un slogans inscrito en prendas que visten sobre todo sus trabajadores administrativos.

Señalamos lo que el Estatuto Orgánico de la UMSA “dispone” o define, en su declaración de principios, es decir, lo que tiene que ser la casa de estudios, con 90.000 estudiantes matriculados, 2.500 docentes y más de 1.000 administrativos. Citamos:

Esta casa de estudios, como las que integran el sistema de la Universidad Boliviana, es de “Carácter nacional, democrático, popular y antiimperialista”.

Suponemos que los redactores de esos principios, con la categoría “nacional”, aluden a lo “nacional-popular”, en criterio de Zavaleta, entre otros. Ahora, sin embargo, sería pertinente que se diga “plurinacional”, concepto que debe definir a la UMSA y lo que ésta debe hacer.

El término democrático debe entenderse como que en la casa de estudios, sobre la que opinamos, debe encarnar la democracia del pueblo: con el pueblo y para el pueblo, acaso una definición llevada y traída, pero muy expresiva y abarcadora.

Tiene que ser popular porque en ella los intereses del pueblo, por tanto colectivos, deben sobreponerse a los individuales, porque éstos se realizan cuando se realizan los intereses del pueblo, de los explotados y de los oprimidos.

El antiimperialismo es verdadero si es militante y si apunta a la segunda y definitiva independencia de Bolivia, y de los países y de los pueblos de la Patria Grande o Nuestra América.

Esos principios, si sólo son un registro sin materialización efectiva, serán simple retórica. Además, para que esos principios sean de veras constitutivos de la UMSA (y de la Universidad Boliviana), necesariamente, tienen que convertirla en una de las fuerzas motrices de un proceso que transforme nuestro país, vale decir, que sea democrática, plurinacional, popular, antiimperialista y revolucionaria. A esas cualidades fundamentales de la universidad paceña, miembros suyos sostienen que la UMSA debe ser el frente cultural de la revolución, definición que compartimos.

Otro de los principios básicos, y por tanto definitorios de una casa de educación superior, tiene que ser la libertad de pensamiento y de expresión, el que debe reformularse para que adquiera mayor precisión que el actual y que está inscrito en el Estatuto Orgánico: falta incorporar la libertad de acción, la “acción directa de masas”, como se difunde desde partidos políticos de izquierda. Esta cita, sobre todo, busca graficar y conseguir consensos entre las fuerzas que de veras buscan cambiar a la UMSA.

También se concuerda, entre universitarios (estudiantes, docentes y administrativos), en que los profesionales que allí se formen deben ser integrales: los que se profesionalicen para trabajar en el único mercado que existe, el capitalista, dependiente y atrasado, y una intelectualidad del pueblo —los intelectuales orgánicos de los trabajadores, definidos por Gramsci— que además del ejercicio eficiente de su profesión, estén al servicio del pueblo que es el que costea sus estudios.

Para formar los profesionales integrales y los intelectuales orgánicos es imprescindible actualizar, ajustar, complementar… el currículum de materias (o la malla curricular); se trata de cambiar la forma y especialmente el contenido de planes y programas de estudio que aseguren la realización de la propuesta marxista de constituir y desplegar la “escuela trabajo”, ejecutada por la Revolución cubana y que en la UMSA se define como la necesidad de unir la teoría con la práctica en todas las esferas de la producción y de los servicios de la sociedad. También habrá que recoger lo avanzado que aportó la Escuela Ayllu de Warizata y/o la pedagogía transformadora que es una creación de la humanidad.

En el Estatuto de la UMSA se plantea como una de sus tareas: la investigación científica. Concretamente, se dice que en los ambientes universitarios es necesario “crear conocimiento”. Éste como meta conseguida es la verdadera investigación. Sin embargo, otro de los momentos de la investigación es la averiguación, es el “reconocimiento” o el acopio del conocimiento aportado por otros procesos investigativos. En esta fase de la asimilación del conocimiento creado por otros, con frecuencia y entre nosotros, acaba la investigación, la que es sólo una parte de aquélla, porque la investigación-averiguación, en rigor, es el descubrimiento o la creación de un nuevo conocimiento.

Sin duda, hace mucha falta formar investigadores, tarea que demanda de tiempo. Asimismo, se requieren recursos materiales, para lo que se debe destinar una parte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que el Estado y el gobierno entregan a las universidades públicas y autónomas (la UB). Y, sobre todo, no debe perderse de vista que la investigación tiene un componente subversivo o revolucionario. René Zavaleta Mercado, afirma en una entrevista sobre las universidades latinoamericanas y bolivianas, que el conocimiento es subversivo.

La investigación en la práctica, en el ámbito de las ciencias sociales de la UMSA —para hablar de lo que conocemos—, está a distancia de la que impulsan ONG. Desde éstas  se investiga más que en aquella casa de estudios, y miembros de esas organizaciones no gubernamentales, investigan más en esas instituciones, a pesar de que pertenecen a la vez a la universidad paceña.

Esa realidad se debe corregir, entre otras cosas porque, al menos por definición, a todo proceso de investigación no se le debe poner límites en una universidad pública y autónoma.

La interacción, otra de las actividades básicas de las universidades públicas y autónomas debe emplear muy bien el dinero del IDH. La interacción debe desplegarse de manera que estudiantes y docentes, que interactúen con miembros de una comunidad, que enseñen y aprendan en ese proceso. Todo como debe comportarse un docente universitario de verdad: tiene que enseñar y puede aprender, lo que casi siempre ocurre, pero no se lo reconoce.

Sabemos que el conocimiento se adquiere y/o se crea independientemente de la edad, es decir, las viejas y las nuevas generaciones, en convergencia espontánea o que se debe buscar siempre, concurren para enseñar y aprender en un mismo proceso. Durante el proceso enseñanza-aprendizaje, si es verdadero, se enseña y se aprende, entre docentes y estudiantes, reiteramos.

Se debe discutir y aprobar la consulta universitaria para revocar el mandato del rector y del vicerrector de la UMSA, en cualquier momento. En este momento el Estatuto suyo prevé aquella consulta para poner punto final al mandato de los decanos y de los directores.

Las señaladas y otras deben ser tareas del II Congreso de la UMSA. Pero éste no se debe realizar sin contar con la FUL. Se sabe que ese organismo estudiantil allí no se reorganiza hace 10 años.

Respecto del voto ponderado —un voto de docentes vale decenas de estudiantes, según el número de aquéllos respecto de los estudiantes) es una forma antidemocrática de la consulta electoral. Se nos ha informado que las actuales autoridades de la UMSA estudian una forma sustitutiva del voto ponderado que pondría punto final a la querella entre estudiantes y docentes debido a esa forma de voto. Sin embargo, el voto universal que rige en la Universidad Pública de El Alto (UPEA) es una realidad que se la debe estudiar para confirmar la propuesta o para desecharla o asumirla con ajustes y según la realidad concreta de cada universidad pública y autónoma, como la UMSA.

La sustitución del voto ponderado, por otra forma de voto —el voto universal “mejorado” si es posible— debe asegurar la vigencia y el fortalecimiento del cogobierno paritario docente-estudiantil de la UMSA, otra salida que suplante el cogobierno sería inaceptable.

Los años 70, durante las reformas o revoluciones universitarias —en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno— en su máximo organismo de dirección aprobamos la participación de representantes de la Central Obrera Departamental, con derecho a voz y voto. El golpe de Banzer frustró esa tentativa.

Nosotros, desde este espacio periodístico, postulamos que el II Congreso de la UMSA sea un aporte para la transformación de esa casa de estudios en crisis, para vencer a ésta, para lo que tienen que ajustarse los principios avanzados; optimizar los procesos de enseñanza y de aprendizaje para formar profesionales integrales e intelectuales orgánicos de los trabajadores, con la escuela-trabajo o la unión de la teoría con la práctica; para que allí se investigue de manera que se aporte con un nuevo conocimiento y que éste cobre carácter  subversivo, sinónimo de transformación desde la raíz de las cosas y de los procesos; que la interacción sea para enseñar y para aprender, y para establecer alianzas entre pueblo y universitarios, que mucha falta nos hace.

Entonces tendremos una universidad científica, democrática, plurinacional, popular, antiimperialista y revolucionaria, un frente cultural de la revolución verdadera, en la vida y no sólo en los papeles.

La Paz, 3 de octubre de 2015.

*Periodista 

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