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Sigue represión de gobernantes a suboficiales y sargentos de las FF.AA.

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De sábado a sábado 306

Remberto Cárdenas Morales*

Compartimos el criterio de los que afirman que entre las contradicciones de los gobernantes, que predican y no practican, está la represión —que continúa— contra el movimiento de suboficiales y sargentos, desarrollado en pos de la descolonización de las Fuerzas Armadas de nuestro país las que, en sus mandos superiores, se muestran leales al presidente Morales, que dijo que tuvo tres escuelas: la de Orinoca (próxima a su natal Isallavi), el cuartel y los sindicatos de cocaleros del Chapare.

Si algo nuevo, aunque sea discutible, existe en las FF.AA., es el movimiento reivindicativo de suboficiales y sargentos que sigue latente, según datos recogidos de fuentes confiables y de acuerdo a la persecución política de los gobernantes contra tres de los dirigentes de ese movimiento, los que han dicho ante medios de difusión (y confidencialmente frente a sus amigos) que no tuvieron ni tienen la intención de tumbar a Morales, ni siquiera de poner en duda su autoridad en los cuarteles.[1]

Apoyados en datos de los que disponemos, así como en otros que son públicos, las demandas de los suboficiales y sargentos, fueron planteadas hace tiempo ante los mandos superiores de su institución, los que nunca atendieron esa demanda.

Esa demanda no sólo fue y es de incremento de sus ingresos (incluida la mejora de servicios de salud, educación, vivienda, formación profesional) sino, como fundamental, la descolonización de las Fuerzas Armadas.

Esa petición fue respondida con la baja de más de 700 suboficiales y sargentos del Ejército, de la Aviación y de la Armada, aunque la mayoría volvió a sus puestos “del deber”, otros fueron cambiados de lugar de trabajo y, al menos a tres dirigentes de la Asociación Nacional de Sargentos y Suboficiales de las Fuerzas Armadas (Ascinalss), se les sigue procesos indebidos, según la denuncia suya y, de acuerdo a la Defensoría del Pueblo y a la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia (APDHB). Procesos reñidos con normas, incluidas las castrenses, porque los uniformados sí tienen un fuero especial por lo que, cuando cometen delitos en el desempeño de sus labores, son juzgados por tribunales militares.

La manera en la que los gobernantes han enfrentado y enfrentan el conflicto, sostenido por suboficiales y sargentos de las FF.AA., ayuda a entender, cada vez con mayor precisión, que Evo Morales se apoya cada vez más en los jefes y oficiales, básicamente, a costa de prebendas y a cambio de que secretos militares, como el papel cumplido por los uniformados durante las dictaduras y en las masacres contra gente del pueblo, siga en la nebulosa. El Presidente, como si fuera vocero de las Fuerzas Armadas, ha dicho que no hay documentos en los archivos militares sobre el desaparecimiento del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz ni del dirigente de una de las fracciones trotskistas, Carlos Flores Bedregal.

Los próximos días se cumplirán 34 años de la desaparición de los dos dirigentes populares citados y de sus restos nada se conoce, a pesar de los esfuerzos por encontrarlos, sobre todo de sus familiares. Los procesos criminales sostenidos contra los principales sospechosos de ese crimen de lesa humanidad (que ofende al mundo) no obstante de sentencias dictadas por tribunales no se encontraron a los dos desaparecidos, como tampoco aparecen los desaparecidos durante la dictadura de Banzer.

Según fuentes en las que confiamos, el Gral. jubilado Carlos Rodrigo Lea Plaza, que vive en Tarija, fue jefe de operaciones de las FF.AA., durante la dictadura narcofascista de Luis García Meza y Luis Arce Gómez, por el cargo que ejerció, estaría mejor informado que otros ex jefes militares acerca de los crímenes señalados.

Luego de esa larga digresión (un subtema incorporado dentro del principal), por lo que pedimos disculpas a los lectores, es conveniente subrayar que frente al movimiento de suboficiales y sargentos de las FF.AA., los gobernantes y especialmente el presidente Morales, para decir lo menos, asumen un comportamiento entre conservador e inconsecuente respecto de la política descolonizadora que, en mucho, es mera retórica.

Comportamiento conservador porque en vez de intentar cuando menos una reforma, de las Fuerzas Armadas, los inquilinos del Palacio Quemado,  hacen todo lo que de ellos depende para que la esencia de la institución castrense continúe sin cambios. En realidad han cerrado todo camino hacia la descolonización de la institución armada, como plantearon y plantean suboficiales y sargentos.

Aunque el Presidente y Capitán General de las FF.AA. ha dicho que éstas son anticolonialistas y antiimperialistas, desde la Batalla de Aroma de 1810, tal cualidad no existe en esa institución, lo que no niega que algunos militares hayan asumido comportamientos democráticos, populares, antiimperialistas y revolucionarios, en algún momento de su existencia. Pero jamás se podrá sostener, responsablemente, que las FF.AA., como institución, han tenido aquel comportamiento.

Son, asimismo, inconsecuentes los gobernantes porque se llenen la boca con la palabra descolonización, como presunta política suya, pero cuando suboficiales y sargentos plantean ejecutarla en las FF.AA., los gobernantes repriman precisamente a los que la demandan con marchas, concentraciones, huelgas de hambre, acuartelamientos, presiones y otras acciones.

 Los que tratamos de ver la realidad sin anteojeras constatamos que el presidente Morales se apoya en los mandos decisivos de las FF.AA., es decir, en jefes y oficiales. Por eso desahució a suboficiales y sargentos. Nosotros afirmamos que, cuando se trata de los militares criollos de alto rango, varios de los cuales asisten y/o asistieron a cursos de la Escuela de Cóndores de Sanandita, réplica de la escuela militar yanqui que opera en Georgia, EUA, como antes lo hizo en Panamá. El Presidente, a varios de ellos, después  de los cargos que algunos ejercen en su gobierno, los premia con embajadas y/o consulados.

Además es necesario que mandatarios, como Juan Evo Morales Ayma, tengan en cuenta lo que dice el politólogo, Atilio Borón, en una entrevista difundida por Rebelión (y que hemos reproducido en el número 171 de Aquí (www.semanarioaqui.com).

Borón, dice: “Además de la buena gestión económica, Evo ha logrado armar una maquinaria electoral imbatible y en esto la verdad es que no hay como ganarle, lo mismo que sucedía con Chávez. Al no haber cómo ganarle, la alternativa de la derecha es el golpismo, sea por la vía de los ‘golpes suaves’ que auspicia Washington o por la vía más truculenta ensayada en Libia y Ucrania. Ante ese escenario electoral —sigue Borón—, de victoria asegurada de Evo, hay que redoblar la vigilancia revolucionaria porque el imperio atraviesa una situación muy difícil, y en cualquier momento puede movilizar sus influencias al interior de las Fuerzas Armadas o la Policía para golpear desde adentro del proceso de cambio boliviano.”

Si existe el riesgo de un golpe de las FF.AA., en contra de Evo Morales, con mediación la Embajada yanqui en Bolivia, el Presidente tiene que redoblar la guardia sobre jefes y oficiales de uniforme y no tanto respecto de suboficiales y sargentos.

Los gobernantes tienen que evitar extravíos: incluso para acabar con el potencial golpismo militar tendría que, impulsar la descolonización de las Fueras Armadas, como proponen suboficiales y sargentos.

La Paz, 12 de julio de 2014.

*Periodista


[1]Por el contrario, un dirigente de los cooperativistas-empresarios mineros, en una reciente movilización del sector, declaró que tal como llevaron a Evo Morales al gobierno, así también lo pueden sacar. Y contra esos aliados del Presidente no se tomó ni se toma medida alguna que se conozca.

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El infamatorio

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Jueves, 08 Noviembre 2018

El Infamatorio es el repositorio de las vilezas que perpetra el poder; es el almacén de las acciones políticas que tienen a la abyección como su único principio y fin.

Las ruindades de la política en Bolivia son el espacio de El Infamatorio, su tiempo lo marcan las continuidades de las bajezas que se consuman en su nombre.


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