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Y dale con la China

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tribuna

Vamos a andar

Por Rafael Puente*

Viernes, 03 de mayo de 2019

Hace mucho tiempo que nos alarman las noticias sobre la presencia abusiva e incontrolada de empresas chinas en Bolivia, lo que va en contra de las posiciones anti-imperialistas de nuestro actual Gobierno. Cierto que la posición frente al imperialismo tradicional (el de los Estados Unidos) sigue siendo consecuente, pero no es tan consecuente sustituir el sometimiento a ese imperio por el sometimiento a otro, en este caso el chino.

Afortunadamente, en días pasados nos hemos encontrado con que los trabajadores de la empresa China Railway decidieron defender sus derechos y tomaron las instalaciones de la empresa. Y, afortunadamente también, el Ministerio de Trabajo ha cumplido el papel que le corresponde y ha logrado que dicha empresa respete los derechos laborales y afilie a sus trabajadores a la Caja Nacional de Salud, y les asegure condiciones laborales dignas (entre ellas la estabilidad laboral).

Parece que las empresas chinas no están acostumbradas a respetar los derechos laborales de sus trabajadores (¡y encima ese Estado se considera socialista!). Por eso se explica que algunas empresas chinas prefieran gastar en pasajes y traer a trabajadores chinos, ya que a ellos los puede explotar vilmente (¡entre otras cosas con jornadas de 12 horas!), con lo cual colaboran al índice nacional de desempleo.

Además, en el caso de la China Railway no basta la intervención del Ministerio de Trabajo. Porque resulta que dicha empresa ya ha cobrado el 39% del capital previsto por su trabajo, mientras sólo ha avanzado un 15% del mismo (y se han vencido tres cuartas partes del plazo previsto). ¿Quién controla eso? La cosa es grave, ya que por lo visto China es hoy el tercer acreedor de Bolivia (después del BID y la CAF) y nuestro país se va viendo cada año más sometido a ese nuevo imperio (del que se espera que en poco tiempo más pase a ser la primer economía mundial, por supuesto a costa del sufrimiento de sus propios trabajadores y del sometimiento de Estados ingenuos como el nuestro). 

En los hechos el Estado no controla a las empresas, ni en el campo de las inversiones ni el campo de los derechos laborales (y más bien que nuestra Armada se animó a confiscar dragas chinas que operaban de manera irregular, lo que no deja de ser una excepción).

Y no nos consuela que haya otros países igualmente afectados por la presencia de capitales chinos (en un encuentro organizado por el CEDLA han estado delegados de Brasil, Venezuela y Argentina que han informado de situaciones similares que sufren en sus países).

Lo positivo es que la sociedad civil va tomando consciencia. Recientemente se ha creado un colectivo para el análisis de las inversiones chinas y su relación con los derechos humanos, y el medioambiente (son 27 organizaciones  de la sociedad civil de Perú, Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia) que se proponen investigar el funcionamiento de 18 empresas apoyadas por los bancos chinos y que trabajan en los sectores minero, petrolero e hídrico, y que, por supuesto, afectan territorios indígenas y áreas protegidas.

En nuestro país todavía tenemos en la memoria la violación de los derechos del pueblo Tacana por parte de exploradores de empresas chinas e, incluso, el peligro que amenazaba a ese pueblo no reconocido al que llamamos Toromonas. Sin embargo, ahí siguen las empresas chinas, por ejemplo en Cachuela Esperanza (donde las dragas chinas pretenden explotar oro durante 30 años).

¿No era que este nuevo Estado Plurinacional iba a ejercer soberanía en sus relaciones internacionales? ¿No era que íbamos a tener control sobre nuestros recursos naturales —como el oro, que se va todos los días de contrabando o, en el mejor de los casos, pagando unos impuestos ridículos—? Si somos un Estado digno ¿no es parte de esa dignidad que cualquier empresa extranjera contrate a trabajadores bolivianos?

Al paso que vamos acabaremos comprobando que había habido un imperialismo más peligroso que el norteamericano: el chino. Pero me temo que entonces será tarde…

Miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 

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