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Adiós, Tribunal Supremo Electoral

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Vamos a andar

Por Rafael Puente*

Viernes, 01 de febrero de 2019

Lo que faltaba, una vez concluido el invento de las primarias, nos encontramos con la renuncia de Dunia Sandoval al Tribunal Supremo Electoral (TSE), aduciendo cinco motivos, entre los que figuran, por supuesto, su desacuerdo con la candidatura oficialista (que viola la Constitución) y otra serie de incongruencias, las mismas que parecen haber provocado la renuncia de Katia Uriona. 

Sólo nos queda Antonio Costas, cada vez más solo y perplejo. Y no es cualquiera, Antonio Costas fue el que contra viento y marea nos dio la grata sorpresa de estructurar el SEGIP, la de convertirlo en verdadera organización de servicio a la ciudadanía, el de haberlo incluso desburocratizado. Por eso esperábamos mucho de su participación en el TSE, pero está claro que siempre se encontró en minoría (y ahora solito) y que de dicho Tribunal no hay nada qué esperar.

Y es que el curso que ha seguido en los últimos tiempos el TSE ha sido de pérdida creciente de cualquier tipo de independencia institucional y de vil sometimiento al Órgano Ejecutivo —¿sometimiento gratuito?—, de tal manera que ahora se va pareciendo cada vez más a aquella famosa Banda de los Cuatro, de triste memoria…

Lo patético del caso es que justo en este momento de mayor sometimiento del TSE al Gobierno, tanto el presidente Evo como el dirigente de los cocaleros, apuntan sus críticas nada menos que contra el Tribunal Electoral, supuestamente responsable de que en las primarias el MAS haya quedado mal. Por supuesto, esto no lo reconocen ni el Presidente ni el dirigente cocalero. 

Según Evo, el MAS les ha dado un mazazo a los demás partidos, afirmación que se basa en comparar los votos emitidos por los masistas con los votos de los demás partidos, pero que contradice la previsión tajante de Evo en el sentido de que en las primarias el MAS recibiría el voto de la mayoría de sus afiliados oficialmente registrados, cuando en realidad los votantes no llegaron al 50%.

Y es que, efectivamente, si la justificación de las primarias (y de tirar para ellas 27 millones de bolivianos) era  mostrar la musculatura partidaria, los dueños del MAS esperaban una proporción mucho mayor de votos; y ahora, en lugar de proceder a un análisis crítico de lo que ha podido pasar, lo que hacen es inculpar a ese TSE, al que ellos mismos han convertido en servil y, por tanto, en poco fiable…

Por favor, aprendamos de las lecciones de Venezuela. El atractivo y prometedor proceso de cambio impulsado por el comandante Hugo Chávez de pronto empezó a paralizarse, para luego acabar retrocediendo de manera insoportable. ¿Cuándo empezó esa crisis de decadencia? Hay quien afirma que empezó en el momento en que fundaron el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) y es que realmente la presencia de partidos siempre resulta negativa para la democracia. 

Pero ese sería un diagnóstico hacia adentro, casi un tema privado. La actual crisis del Estado venezolano empezó visiblemente cuando las fuerzas de oposición ganaron la mayoría en la Asamblea Legislativa y entonces el Poder Ejecutivo lo que hizo fue aislar e ignorar a dicha Asamblea (llegando al extremo de convocar a una Asamblea Constituyente que hiciera sus veces). ¿Y ahora? El Estado venezolano tiene que soportar la huida de millones de ciudadanos y cree que podrá resolver algo reprimiendo a docenas de miles. Mientras una parte importante del mundo occidental empieza a reconocer a dicha Asamblea, y a desconocer al presidente Maduro…

¿Será que no podemos aprender de los errores ajenos, justo ahora que nos encontramos con la crisis generalizada de los gobiernos de izquierda, por lo menos en América Latina? Parece que no, que no estamos dispuestos a aprender y, que por tanto, tendremos que pagar también la factura de esas incongruencias porque las estamos aprendiendo.

Porque sin Órgano Electoral independiente, sin Órgano Legislativo independiente y sin Órgano Judicial independiente, la democracia se acabó y entramos en una absurda forma de nueva monarquía. Y esto de la separación de poderes, compañero Presidente, no fue un invento del imperio norteamericano, fue el gran descubrimiento de la Revolución Francesa de 1789.

*Es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba 
 

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