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Votar de ciegos

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Quien calla otorga

Alfonso Gumucio Dagron*

La Paz, Página Siete, sábado, 12 de septiembre de 2015

En este país de crueles paradojas y sorprendentes golpes de timón, sucede que el mismo grupo político que subió al poder hace 10 años oponiéndose a las autonomías se ha convertido en el abanderado de ellas.

No se puede negar que es un cambio positivo, pero no deja de preocupar que, una vez más, los procesos de votación se usen como plebiscitos sobre la gestión gubernamental y, sobre todo, que los estatutos y cartas autonómicas propuestos no sean el resultado de procesos democráticos de consulta y de concertación.

Si hay algo que incomoda en la votación del 20 de septiembre es que los ciudadanos estaremos obligados a votar a ciegas por propuestas que han sido construidas a nuestras espaldas. Incluso la Constitución Política del Estado, con todas las manipulaciones y matufias realizadas para que fuera finalmente aprobada entre gallos y media noche en un cuartel de Sucre, fue resultado de un proceso más participativo y democrático. 

¿Alguien puede explicar para qué sirve que a último momento, faltando días, los estatutos autonómicos sean distribuidos "puerta a puerta” a los ciudadanos, si antes los autores de esos estatutos cerraron la puerta en la nariz a instituciones que podían aportar en su elaboración?

En el documento de cada estatuto y carta autonómica, la introducción debería explicar quiénes lo redactaron, cuál fue el proceso de consulta, cómo se recibieron sugerencias, cómo se aceptaron o rechazaron las iniciativas de la sociedad civil. Todo eso es un misterio para el ciudadano, porque aunque nos digan que participaron "movimientos sociales”, ya sabemos que eso se refiere a organizaciones satélites del poder, que mantienen con el gobierno un vínculo de prebendas.

Estamos de acuerdo en que los estatutos departamentales, las cartas orgánicas municipales y los estatutos de pueblos originarios son importantísimos en el proceso de descentralización del país, pero nuevamente se nota la torpeza arrogante con que se llevan adelante estas acciones, excluyendo a los sectores representativos de la población en lugar de incluirlos. Esto será un "votar de ciegos”, parafraseando a Carlos Fuentes, y sin ánimo de ofender a los que padecen esa discapacidad.

Todo ciudadano consciente debería manifestar sus reservas para votar a favor de estatutos que no son incluyentes o que no tomaron en cuenta aspectos fundamentales para el proceso de construcción de la democracia. El argumento de que hay que aprobar primero los documentos y "perfeccionarlos” después suena a engaño, simplemente no va a suceder así.

He revisado los 10 documentos.  Me sorprendió que fueran relativamente cortos y bastante concisos. Eso puede ser bueno en países con una institucionalidad bien desarrollada, pero en el nuestro puede dar lugar a vacíos legales y arbitrariedades.

La brevedad corre el riesgo de dejar afuera aspectos importantes, como es el caso del derecho a la comunicación que tienen los ciudadanos. Si los estatutos tienen como eje una perspectiva de derechos, que incluye entre otros la educación y la salud, es sorprendente que no le dediquen ni una línea al derecho de los ciudadanos a comunicar, pero sí muchas al deporte.

Algunos incluyen la libertad de expresión o la libertad de información (que es la libertad de los medios y de los periodistas), pero casi ninguno se ocupa del acceso libre a la información y el derecho a la comunicación como derecho articulador de otros derechos. Cuando el término "comunicación” se menciona es generalmente con relación a los medios masivos de difusión, mal llamados de comunicación.

Una excepción notable es Oruro, cuyo estatuto incluye el artículo 60 exclusivamente dedicado a la "comunicación para el desarrollo y el cambio social”, gracias a una gestión de colegas de la Universidad Técnica de Oruro. Otro buen ejemplo es el de Charagua, que incluye el Capítulo VII sobre comunicación y el de Totora Marka que reconoce explícitamente a los medios comunitarios.

Los demás estatutos ignoran completamente la comunicación y solamente el de Huanuni, entre todos, menciona la palabra internet. Muy poca visión de futuro.

Hay que votar, sin duda, porque es importante ejercer ese derecho, pero probablemente lo más sensato sea votar por el NO en aquellos casos donde los ciudadanos sienten que no fueron debidamente consultados.

*Es comunicador social especialista en Comunicación para el Desarrollo.

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