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García Márquez seguirá como maestro de muchos periodistas

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Para Gabriel García Márquez, el “oficio más lindo del mundo”, el periodismo, es “contar cosas”.

El Premio Nobel de Literatura, 1982, dijo en innumerables ocasiones que se sentía en primer lugar periodista y, sin duda, escritor excelente también.

En él concurren el periodista y el escritor. En ese orden. Sin embargo, el más importante escritor y periodista colombiano y, de Nuestra América o Patria Grande, es el autor de Cien años de soledad, novela magistral por la que le dieron, merecidamente, el Nobel. En tanto periodista escribe sobre lo contingente y, como escritor, igualmente escribe sin la celeridad que demanda el primero de sus oficios. Esta afirmación la apoyamos en lo que deja escrito Alejo Carpentier para el que, periodista y escritor, son escritores, de lo contingente y de lo que no es: narrador de hechos nuevos y actuales o que “recrea” los hechos y los dichos, más allá de la “vigencia periodística”.

Entre los escritores bolivianos, influidos por el más destacado cultor del “realismo mágico”, se ha recordado que Gabo deja crónicas que seguirán como modelo del maestro, entre ellas, las que mandaba, desde el Viejo Mundo, al periódico colombiano del que era su corresponsal, y otras tantas más recientes.[1] Y también deja como parte de su legado periodístico reportajes interpretativos: De viaje por los países socialistas (90 días en la “Cortina de Hierra”, 1957);[2] La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, 1986;[3] La noticia de un secuestro, 1996.[4]

Para el primer reportaje interpretativo GGM, además del acopio de información, mediante lecturas, realiza “trabajo de campo” (observación directa y hasta participante). Para el segundo y tercero realiza entrevistas periodísticas, como técnica principal de investigación, sin ser la única.[5]

El reportaje (interpretativo) es la “noticia más completa”, sostiene GGM. Y con esa afirmación se refiere, sin duda, al “gran reportaje”, como llaman a ese texto los franceses.

Su “método”, la técnica “garcíamarqueana”, como explica en una entrevista, la “descubre” de una lectura de “La Metamorfosis” de Kafka, libro que le presta un estudiante de derecho, en Bogotá, cuando GGM estudiaba esa disciplina en la universidad pública de su país.[6] Una lectura atenta de los trabajos periodísticos de Gabo llevan a la conclusión de que la técnica del escritor la extiende a su quehacer periodístico.

El relato del náufrago (1955), es un testimonio indirecto, según un docente de la Universidad de San Marcos de Lima (Perú), en tanto que su autor lo define como reportaje a esa pieza periodística.[7]

Las extensas citas, por lo que pedimos disculpas a los lectores de Voz, tienen el propósito de mostrar apenas trozos de la gigantesca obra periodística de GGM la que sólo fue recopilada por una editorial de Buenos Aires (Argentina).

Los trabajos periodísticos de Gabo son informativos, “opinativos” e interpretativos y, además, comunicativos. Son el mejor ejemplo de la incursión de la literatura en el periodismo, una obra de excelencia de GGM.

Especialmente en sus trabajos periodísticos, GGM, es posible leer avanzadas ideas suyas. Así como en esos textos se encuentran críticas expresas: al imperialismo las más y también al socialismo, aunque el galardonado escritor y periodista (periodista y escritor), apoya como el que más a la Revolución Cubana y, por tanto, al socialismo en español de la Isla, como lo llamó un compatriota nuestro.

En su discurso de agradecimiento por el Premio Nobel de Literatura resume sus ideas, en realidad revolucionarias, así como críticas en los términos que siguen:

“No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.”

Apoyados en esta cita reiteramos que es una falacia contraponer al periodismo llamado despectivamente político-partidario (“ponerse la camiseta”), respecto del otro presuntamente apolítico y apartidista: este otro que, en la vida, no existe.

En este tiempo en el que, todavía pocos, proponemos un nuevo periodismo, como posibilidad real y como necesidad urgente, estamos convencidos, también, de que GGM es uno de los precursores de ese otro periodismo, cuyo advenimiento pleno es urgente.

Es irrenunciable el legado periodístico de GGM (literario y cinematográfico), entre otros, para los que ejercemos el mejor oficio del mundo, para decirlo con el verbo suyo.

Con esa herencia fecunda de GGM, en este mundo que nos sigue deparando tanta o más soledad o falta de solidaridad, en casa, debemos empezar la articulación del nuevo periodismo que es posible y que es necesario para la segunda y verdadera independencia de Nuestra América o Patria Grande.

Con ese compromiso despedimos a nuestro maestro: Gabriel García Márquez.

*Editorial de Voz 201, boletín boliviano de solidaridad con Cuba, La Paz, 19 de abril de 2014.


[1]

“En La vida de Archibaldo de la Cruz —una película inolvidable de don Luis Buñuel— ocurría el episodio tremendo de una monja que entraba por la puerta de un ascensor cuando el ascensor no estaba en el piso, y la mujer infortunada se precipitaba con un alarido de espanto hasta el abismo del sótano.” Escribe Gabo en el primer párrafo de una crónica con el título: Estos ascensores de miércoles, publicada en 1983 en el diario El País de España. En La Paz, Bolivia, un cardiólogo conocido acabó sus días en un accidente muy parecido al que cuenta García Márquez, en esa crónica que por ser tal, creemos, mantiene su vigencia periodística. Se afirma, además, que el más literario de los subgéneros periodísticos de opinión es la crónica.

[2]“La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías. Después de haber permanecido tres meses dentro de ella me doy cuenta de que era una falta de sentido común esperar que la cortina de hierro fuera realmente una cortina de hierro. Pero doce años de propaganda tenaz tienen más fuerza de convicción que todo un sistema filosófico. Veinticuatro horas diarias de literatura periodística terminan por derrotar el sentido común hasta el extremo de que uno tome las metáforas al pie de la letra.” Así empieza García Márquez ese reportaje interpretativo publicado inicialmente, en 1957, en las revistas Cromos de Colombia y Momento de Venezuela. En un libro como soporte ese reportaje interpretativo fue publicado en 1978 por la editorial Oveja Negra, en Colombia.

[3]El vuelo 115 de Ladeco, procedente de Asunción, Paraguay, estaba a punto de aterrizar con más de una hora de retraso en el aeropuerto de Santiago de Chile. A la izquierda, a casi siete mil metros de altura, el Aconcagua parecía un promontorio de acero bajo el fulgor de la luna. El avión se inclinó sobre el ala izquierda con una gracia pavorosa, se enderezó luego con un crujido de metales lúgubres, y tocó tierra antes de tiempo con tres saltos de canguro. Yo, Miguel Littín, hijo de Hernán y Cristina, director de cine y uno de los cinco mil chilenos con prohibición absoluta de regresar, estaba de nuevo en mi país después de doce años de exilio, aunque todavía exiliado dentro de mí mismo: llevaba una identidad falsa, un pasaporte falso, y hasta una esposa falsa. Mi cara y mi apariencia estaban tan cambiadas por la ropa y el maquillaje, que ni mi propia madre había de reconocerme a plena luz unos días después.” Inicio de ese reportaje que, se constituyó, en una denuncia de las fechorías de la dictadura de Pinochet en la tierra de Allende y Neruda.

[4]Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche en Bogotá. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo. Beatriz subió por la otra puerta y se sentó a su derecha. Tenían casi una hora de retraso en la rutina diaria, y ambas se veían cansadas después de una tarde soporífera con tres reuniones ejecutivas. Sobre todo Maruja, que la noche anterior había tenido fiesta en su casa y no pudo dormir más de tres horas. Estiró las piernas entumecidas, cerró los ojos con la cabeza apoyada en el espaldar, y dio la orden de rutina:/ —A la casa, por favor.” Primer párrafo de Noticia de un secuestro de GGM.

[5]En realidad, el género de la entrevista abandonó hace mucho tiempo los predios rigurosos del periodismo para internarse con patente de corso en los manglares de la ficción. Lo malo es que la mayoría de los entrevistados lo ignoran, y muchos entrevistadores cándidos todavía no han aprendido que las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y sólo salen bien si esas dos personas se requieren. De lo contrario el resultado será un sartal de preguntas y respuestas de las cuales pueden salir un hijo en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo.” En “Cómo se dan e informan las entrevistas”: Nuevas Perspectivas (revista del Consejo Mundial de La Paz) 6/98.

[6]Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.” Primeras líneas de La Metamorfosis de Franz Kafka, versión de Internet. García Márquez dice que luego de leer ese texto del autor checoslovaco, escribió el primer cuento suyo “digno” de ser publicado,

[7]El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas, de la Marina de Guerra de Colombia, habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el mar Caribe. La nave viajaba desde Mobile, Estados Unidos, donde había sido sometida a reparaciones, hacia el puerto colombiano de Cartagena, adonde llegó sin retraso dos horas después de la tragedia. La búsqueda de los náufragos se inició de inmediato, con la colaboración de las fuerzas norteamericanas del Canal de Panamá, que hacen oficios de control militar y otras obras de caridad en el sur del Caribe. Al cabo de cuatro días se desistió de la búsqueda, y los marineros perdidos fueron declarados oficialmente muertos. Una semana más tarde, sin embargo, uno de ellos apareció moribundo en una playa desierta del norte de Colombia, después de permanecer diez días sin comer ni beber en una balsa a la deriva. Se llamaba Luis Alejandro Velasco. Este libro es la reconstrucción periodística de lo que él me contó, tal como fue publicada un mes después del desastre por el diario El Espectador de Bogotá.” Párrafo primero de El relato del náufrago. El náufrago le siguió un proceso ante tribunales de justicia de Colombia a GGM, pleito con el que reclamó autoría del libro. Sin embargo, Gabo es autor de ese texto, en tanto que Luis Alejandro Velasco es el narrador extraordinario del que habla GGM, autor del libro.

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