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Ser pobre y adulto mayor en Bolivia, una combinación cruel

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Luis Fernando Cantoral Benavides

(AquíCom 19-04-14) Es muy común ver a personas mayores de 60 años en las veredas de algunas calles a cargo de precarios negocios informales como la venta de golosinas, papel sanitario, artículos de escritorio, ‘mocochinchi’, entre otros, con capitales que no superan los 50 bolivianos. Ellos todos los días deben salir a vender pese a las inclemencias del cambiante clima paceño, porque si no trabajan no comen. En esa situación vive cerca del 60% de la población adulta mayor de Bolivia, con ingresos que no superan el dólar por día, es decir, viven en extrema pobreza.

Según los datos del Censo de Población y Vivienda 2012, en Bolivia hay 905 mil 14 adultos mayores, de los cuales sólo el 20% cuenta con una renta de jubilación, del restante 80%, el 20% es cuidado por sus familiares, y el otro 60 por ciento debe trabajar hasta morir.

Bien dicen que ser pobre es difícil, pero ser pobre y adulto mayor es una combinación muy cruel, porque de los 60 años en adelante las fuerzas ya no les acompañan como antes, sus sentidos se van perdiendo, pero su responsabilidad de supervivencia debe seguir. A esto se agrega la falta de sensibilidad de la sociedad que percibe al adulto mayor como una carga y que no merece consideración.

Los minibuses ya no paran para recoger ancianos porque demoran mucho al subir y al bajar; son despojados de sus bienes y agredidos por sus propios hijos, muchos son abandonados, principalmente, en el área rural, y esperan solos la muerte en sus camas.

“El Adulto Mayor cree que porque es mayor le van a tener consideración y esto no ocurre, entonces es cuando ellos se sienten peor y su existencia se hace más triste, porque sienten que no los valoran”, lamenta Delfín Berdeja, con la voz entrecortada.

Si bien existen normas y leyes, aprobadas en los últimos años, que benefician ampliamente a las personas mayores de 60 años, éstas no se aplican en su totalidad por el desconocimiento de los propios adultos mayores, por falta de voluntad de las autoridades y el desinterés de la sociedad.

No se pide mucho, las leyes mal que bien ya están. Sin embargo, es necesaria una sostenida campaña de difusión, ligada a la voluntad de las autoridades para hacer cumplir las normas, lo que podría dar mejores condiciones de vida a quienes aportaron para el crecimiento del país y lo siguen haciendo, pese a los años que llevan encima y a la lentitud de sus movimientos (AquíCom 19-04-14).

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