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Un carnaval de silencios cómplices

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Ingrid Barrientos

Dos semanas han transcurrido de una tragedia que ha enlutado al pueblo boliviano, en particular a mi Oruro del alma: el desplome de una pasarela en la Entrada Devocional ha marcado un accidente que será inolvidable en el transcurrir de los tiempos y con seguridad marcará las nuevas páginas de la historia folclórica orureña.

No se pone en duda que moros y cristianos se sintieron lastimados por esta desgracia, pero para no quedarnos sólo en el lamento, hemos traducido los moros y cristianos orureños, nuestra rabia e impotencia (así lo quiero interrpetar) buscando chivos expiatorios para callar una verdad que nos está matando, nos está matando una de las más grandes representaciones folklóricas del mundo.

A dos semanas el Ministerio Público no ha imputado a nadie, no ha hecho más que tomar declaraciones. Hasta ahora sin ningún resultado, ni siquiera se ha pronunciado frente al hecho de haber levantado, en menos de cuatro horas, la “escena del crimen” para que prosiga la “fiesta”. En el entendido de que en el país la justicia toma su tiempo, imagino que en algún momento sabremos algo de los autores y de los responsables de la tragedia.

Más allá de los tiempos judiciales, estas dos semanas han servido para que los orureños nos estrellemos contra todo medio que hable de nosotros y de nuestro majestuoso carnaval. Es tanto el dolor que llevamos dentro y la impotencia, que vemos como enemigos a quienes poco o nada tienen que hacer con la organización, y olvidamos o callamos asumiendo complicidad, para exigir a las autoridades e instituciones llamadas por la ley a plantear una reorganización de la Entrada Devocional.

Demagógicamente hemos enviado cartas, pronunciamientos, amenazas; hemos declarado personas no gratas a caricaturistas y a periodistas, olvidándonos que todo boliviano tiene el derecho constitucional de pensar y decir lo que se le venga en gana sobre el Carnaval de Oruro y otros temas nacionales,

Exigimos que nos dejen lavar nuestros trapos sucios en casa, pero estas dos semanas ¿hemos empezado al menos a llenar las cubetas de agua? ¿Por qué nos ofendemos cuando se exige transparentar los movimientos económicos de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO) y de todos los conjuntos y fraternidades? ¿Por qué hasta ahora no se ha discutido cómo cambiar estructuralmente la organización de la Entrada carnavalera más grande de Bolivia?

Los dueños de casa sabemos que la Entrada ya nos ha sobrepasado, que su masificación y la falta de principio de autoridad nos ha superado, el prestigio cultural que nos hemos ganado se nos va de las manos, no por culpa de los caricaturistas ni porque cualquier hijo de vecino que hable de Oruro. Se nos va de las manos porque los orureños hemos y seguimos manteniendo una complicidad intocable hacia las instituciones que sabemos lucran de una Entrada que es devocional y que cada danzarín, como también cada espectador, hacen esfuerzos por estar todos los años en Oruro.

Por lo visto ni la muerte trágicamente puede hacernos entender que no se puede seguir con los esquemas primitivos que después de 14 años de Titulo Patrimonial se mantienen. Deberíamos entender que si queremos que hablen bien de nosotros debmos hacer bien las cosas, que nadie se alegra de la desgracia ajena, que las mejores formas de tapar el sol con un dedo es poner encima de la herida un parche.

Quiero pensar que en Oruro hemos encontrado en caricaturistas y periodistas nacionales una forma de parche, un desahogo ante nuestra impotencia, mal canalizada, pero que no nos haga pensar que ellos, insisto, poco o nada pueden hacer con un tema que es estrictamente regional y que en dos semanas tiende a dejarnos con sólo un luto, que no llevará mejoras sustanciales y evitará en un futuro tener desgracias como la de este año.

Estamos siguiendo la política de enfrentamiento que estos años ha tratado de desunir al país, cuando al problema bien grande de reorganización, nos viene otro peor: pelear contra las intenciones de Puno (Perú) de conseguir que la declaren, también, Patrimonio Intangible con danzas y expresiones que ya nuestro título tiene protegidas; nos vienen los sueños presidenciales de querer organizar y construir un evento, un festival más grande que el de Viña, olvidando al festival de la cancion que por décadas ha sido cuna de grandes artistas. ¡Dejemos de ver el dedo que apunta a la luna!

Este es un tema que toca la llaga de todo hermano y hermana orureño, orureña… pero a que lo digan otros mejor que lo diga una fiel y devota peregrina de la Virgen del Socavón: que si de acá me lleven a la hoguera, me llevarían con mi conciencia tranquila. 

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