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Clases por internet, ¿camino al fracaso?

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Editorial de Aquí 317                                    

Profesores, padres de familia, estudiantes, la comunidad educativa, afirman que las clases virtuales o por internet van rumbo al fracaso.

Se refieren a las clases decididas mediante decreto supremo (DS) por los gobernantes interinos de manera unilateral y sin participación de ni consulta a los actores de un proceso educativo normal o prepandemia coronavirus.

En las clases virtuales, según el DS citado, se desarrollarán programas y temas imprescindibles para un período de tiempo reducido.

Han sido entrenados los profesores que conducirán esas clases con las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, las que emplean las redes sociales.

Son clases no presenciales ni semipresenciales, que se imparten por primera vez en las escuelas y colegios públicos de Bolivia, debido a que son imposibles las clases presenciales, como consecuencia del coronavirus, por lo que a la vez se determinó la suspensión de las clases en primaria, segundaria, universidades e institutos.

A las clases por internet no pueden acceder muchos estudiantes porque carecen de los medios para usar el internet o esos estudiantes no cuentan con internet porque la pobreza de sus hogares les impide comprar ese servicio y quizás, en muchos más casos, esos estudiantes ni siquiera tienen energía eléctrica en sus domicilios. Esas carencias son mayores en el agro y también en provincias, donde además no llega la señal de internet, contrariamente a lo prometido por los gobernantes del MAS cuando se puso en órbita el satélite Tupak Katari cuyo costo llegó a la astronómica suma de 302 millones de dólares.

En la sede del gobierno, en este momento, hay barrios a los que no llega el internet.

En consecuencia, las clases virtuales segregan (separan) a una indeterminada cantidad de estudiantes.

Aquel DS dispone, además, las clases semipresenciales y a distancia. Las clases presenciales se supone que retornarán cuando venzamos al coronavirus.

Los profesores, especialmente de La Paz, aseguran que ellos han presentado un plan de emergencia para las clases presenciales, a desarrollarse el momento en que haya condiciones para emprenderlas.

Los mismos profesores, muchos de los que serán separados de su oficio cotidiano, dicen que ellos volverán a clases presenciales incluso en el tiempo en el que habitualmente se decretan los descansos pedagógicos.

En ese contingente de educadores se anota que las clases por internet lesionan y desconocen principios de la escuela pública, como la gratuidad, universalidad, e incluso el carácter único y democrático de la escuela boliviana.

Asimismo, los educadores paceños ponen el acento en que las clases virtuales impiden la interacción entre profesores y estudiantes, y entre éstos, destinatarios y actores principales de un verdadero proceso educativo

Sin embargo, aquellos profesores no dicen que un maestro enseña y, además, aprende al

mismo tiempo, y así se torna en proceso educativo pleno.

De ello se deduce que las clases por internet no serán integrales: con ellas no se logrará alcanzar a plenitud el proceso enseñanza-aprendizaje y, por otra parte, las evaluaciones bajo esa modalidad no gozarán de credibilidad, en las que puede haber fraude; esto no lleva a afirmar que las clases por internet serán, sobre todo, excluyentes para los empobrecidos.

Se nota que los gobernantes interinos y el Ministro de Educación, especialmente, no toman en cuenta ni anteriores ni actuales experiencias de las clases a distancia, de las semipresenciales y por internet.

Nos referimos a las clases de alfabetización radiales, por Erbol y por radio Santa Cruz, que son ejemplos señeros.

Un profesor recordó, hace días, que durante el gobierno de Alfredo Ovando Candia se emprendió una campaña de alfabetización y que viven profesores que participaron en esa campaña alfabetizadora.

De la campaña de alfabetización emprendida en el gobierno de Evo Morales, con apoyo de cubanos y de venezolanos, algo se podría recoger si se dejaran a un lado los peros políticos e ideológicos.

Sobre las experiencias últimas, los gobernantes deben estar enterados de que profesores rurales distribuyen lecciones entre sus alumnos, para ello viajan a pie o en los medios a su alcance.

En una localidad chuquisaqueña imparten clases por televisión para grupos de estudiantes.

El Concejo Municipal de Potosí aprobó una ley que dispone que el servicio de internet debe ser gratis para los estudiantes de aquella ciudad que ha dato tanto a nuestro país y al mundo.

Las universidades públicas y privadas tienen un camino recorrido en el despliegue de clases virtuales.

Se pasan clases por internet, entre otras, en la UMSA y en la San Francisco Xavier de Sucre.

De la UMSA es posible decir que sólo parcialmente los estudiantes, algo así como la mitad, accede a esas clases.

Algunos docentes de la UMSA no participan de las clases virtuales, pero con seguridad cobran sus sueldos.

Un grupo de trabajo de Naciones Unidas, en La Paz, realizó un muestreo que dio cuenta de que aproximadamente la mitad de los estudiantes bolivianos participan de las clases virtuales y que la mayoría de ellos aprenden poco o nada en ese proceso.

Con una huelga de hambre, sostenida sobre todo por profesores rurales y padres de familia, a la que se suman profesores urbanos, se rechazan las clases virtuales porque se las considera privatizadoras de ese servicio público y exige la renuncia del Ministro de Educación.

Los profesores de La Paz, que han realizado marchas para que se atiendan sus demandas, además de otros puntos exigidos por la huelga de hambre, piden que se dote de servicio de internet gratis a estudiantes y docentes, y que los encargados convoquen a exámenes para el ascenso de categoría de los educadores.

Más de un vocero de esos profesores ha planteado que se estaticen o nacionalicen los servicios privados de internet. Habrá que entender ese castellano como que deben nacionalizarse las empresas que venden servicios de internet en Bolivia. Sea o no serio este planteamiento, tiene importancia registrarlo.

El Ministro de Educación, llamado a decir poco y hacer más, sobre las clases ha dicho: Fue una precipitación la cuarentena decretada en Oruro, de escuelas y colegios, días antes de la cuarentena decidida por los gobernantes interinos.

Ese funcionario público, antes de anunciar las clases por internet, señaló que se reabrirían las escuelas y colegios en junio; luego guardó silencio sobre un asunto destacado como las clases presenciales.

En tercer lugar, ese Ministro anunció que el gobierno dotaría de computadoras a los estudiantes.

En cuarto lugar, ese mismísimo funcionario, sin que se le pregunte, afirmó que para las clases virtuales fueron sacados los contenidos destinados al adoctrinamiento de los estudiantes, de acuerdo al marxismo, incluidos en la reforma educativa de Evo Morales.

El ministro Cárdenas, asimismo, negoció sólo con los propietarios de los colegios privados una rebaja de las pensiones escolares en porcentajes que oscilan entre el 6 y el 28 por ciento por las clases virtuales que se transmiten desde esos colegios particulares, las que ahora están suspendidas por vacaciones de invierno.

Padres de familia de esos colegios particulares rechazan esos rangos de posibles descuentos y dicen que a lo sumo ellos pagarían la mitad de esas pensiones por clases virtuales desarrolladas sin reglamentación, añaden.

Desde los cuatro costados del país se propagan opiniones que apuntan a un punto: será difícil y hasta imposible “salvar” el año escolar 2020.

Sin embargo, los actores del proceso educativo deben buscar una salida a las escuelas y colegios fiscales sin clases porque, además, se trata de un problema único en su género el que se debe resolver.

Desde esta página virtual apuntamos algunos criterios que quizá ayuden a encontrar una forma de “funcionamiento” de las escuelas ahora sin clases presenciales.

Cualquier salida debe asegurar el derecho al estudio de niños, adolescentes y jóvenes, el derecho al trabajo de los profesores, el derecho de los padres de familia a participar de la tarea de coeducación de sus hijos desde la comunidad educativa.

La educación para todos tiene que ser una consigna que no se debe soslayar y que se debe defender y materializar, no obstante la pandemia.

A esta altura del conflicto y a julio del año 2020, se advierte que los gobernantes no tienen la fuerza para imponer las clases virtuales, aprobadas sin consulta y sin participación alguna de los principales actores del proceso enseñanza-aprendizaje.

Los miembros de la comunidad educativa, asimismo, podrán dificultar más aún las clases por internet, pero no conseguirán que sean reemplazadas por las clases habituales de ayer, es decir, las presenciales ya.

Sin perder de vista estas clases, las presenciales, será posible, como parte de un acuerdo, organizar las clases virtuales, con internet, equipos, programas de estudio y temas, profesores y otros, hasta que una vacuna sea utilizada para inmunizar a la humanidad boliviana y a la humanidad universal.

Clases semipresenciales y clases a distancia podrían ser ensayadas apenas sean posibles y podrían impulsarse y ampliarse las clases de profesores rurales que van al reencuentro de sus educandos.

El momento que sea posible, mejor si así se acuerda, se realizarían cursos de verano de recuperación de las clases que no se tendrían este año.

En la gestión 2021 se desarrollarían dos cursos en vez de uno, es una sugerencia que se la hace todavía en voz baja en varios lugares del país.

La situación que detiene el proceso educativo tradicional debe encontrar una salida, con los menores sacrificios, además de los que tuvieron lugar hasta este momento.

Incluso en este tiempo de campaña para vencer al coronavirus, la educación debe ser para todos en Bolivia. Los estudiantes no deben ser afectados con más frustraciones.

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