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Falta desmontar el aparato autoritario de Evo Morales

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editorial de Aquí 288

“La fuerza de la masa” o una rebelión del pueblo, como sugiere la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), ha depuesto al gobierno de Juan Evo Morales Ayma y Álvaro Marcelo García Linera: un régimen constitucional autoritario. Falta, sin embargo, quizá lo más difícil: desintegrar el aparato político y orgánico que estuvo y está a órdenes, del autoritario expresidente boliviano.

La renuncia del “indígena de izquierda”*—él se define así— creímos que iba a ser más arduo, como dijeron innumerables compatriotas, incluidos nosotros: redactores y editores de este semanario virtual.

Sin embargo, las marchas en ciudades y bloqueos de caminos, ejecutados por masistas y sus aliados, que continúan mientras escribimos esta nota, tienen lugar en defensa del expresidente y, como parte de esta defensa, la de sus “obras” —que requieren una rigurosa evaluación—, así como el fraude electoral del 20 de octubre pasado; el que le dio la victoria en la primera vuelta, al caudillo derrotado, la que también es mentirosa.

Los juicios que se les sigue, en la justicia ordinaria, a vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y de tribunales electorales departamentales, incluidas las detenciones preventivas de casi todos esos procesados, arrojan suficientes indicios de culpabilidad, en el fraude denunciado, de los exfuncionarios del cuarto poder del Estado boliviano.

Asimismo, existen otros indicios patentes de la maniobra-retorno inmediato de Morales, mejor dicho del propósito suyo de reconquistar inmediatamente el poder perdido. Están ahí las declaraciones-amenazas de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, el que ha dicho que Evo Morales debe volver, de México a Bolivia, pasado mañana, el lunes 18 de este mes, para lo que tiene que alzarse el pueblo boliviano, se debe entender. Esa es una consigna cuya materialización debe correr por cuenta de los seguidores del expresidente aquí y, por supuesto, no en la tierra de Bolívar y de Sucre.

Diosdado Cabello, presidente del parlamento venezolano, luego de la renuncia del exmandatario boliviano, afirmó que en nuestro país empezó la resistencia para restituir el gobierno de Evo-Álvaro.

Morales, por su parte, señaló que retornará de México a nuestro país cuando el pueblo se lo pida, lo que se divisa lejano, pero es necesario anotar aquel deseo que es de muchos de los exiliados, en el mundo, de los que definen al asilo como una residencia transitoria.

Los que comandan las acciones en defensa del expresidente boliviano, probablemente, creyeron que conseguirían una revuelta triunfante, en horas, de chapareños, alteños, campesinos y otros, para que los parlamentarios del MAS no acepten la renuncia de los dos exmandatarios y para que éstos venzan impedimentos formales —en rigor constitucionales— para retornar aquí.

Es ilustrativa una experiencia boliviana, la que tendría que ser tomada en cuenta por los masistas y sus aliados: Luego de que aquí triunfó el golpe narcofascista de Luis García Meza y Luis Arce Gómez, en Ecuador, refugiados políticos bolivianos organizaron un gobierno en el exilio, el que no fue más allá de esporádicas declaraciones, menos difundidas que las que cada día envía Morales desde México.

El operativo en marcha aquí, quizá era o es parte del Vietnam moderno del que habló el exministro de la Presidencia de Morales, un capitán entrenado en la Escuela de las Américas y otros institutos yanquis.

El grito, repetido por muchos alteños y/o masistas: “Ahora guerra civil”, en una marcha muy concurrida, podría haber sido una de las ideas-fuerza para movilizar a fanáticos en pro de Evo Morales, los que integran ahora una fuerza electoral disminuida, con prejuicios en vez de ideas transformadoras,

Esos grupos, sin duda, creen que luchan por la democracia, por sus votos, contra el racismo y porque se respete la wiphala

A propósito de este nuevo símbolo de Bolivia, muy caro para los aymaras, debería servir también para que se enarbole, con ardor, al patujú y a la kantuta, otros dos símbolos bolivianos recordados a veces.

Es menester, empero, redoblar la guardia frente al posible Vietnam moderno o la resistencia de respaldo a Morales.

El intento de revuelta de masistas y sus amigos, para reponer a Morales en la Casa Grande del Pueblo, podría seguir ahora o después.

Muchas otras tareas, si se las emprende bien y muy bien, tendrían que estar enfiladas hacia la desarticulación pronta del aparato autoritario que sirvió y que sirve aún a Morales.

Las elecciones, a las que tiene que convocarse, con prontitud, se inscriben como un medio en el camino señalado. Sería irresponsable, por tanto, postular una salida socialista con las elecciones venideras.

De esas elecciones, además, lo más probable es que surja un gobierno democrático con limitaciones, porque ese régimen de dominación no sería de explotados y de oprimidos.

Respecto del futuro gobierno parece acertado lo que adelantó uno de los líderes sindicales de los profesores urbanos de La Paz: Desde el pueblo se debe proponer, dijo, una plataforma por la que se luche y se exija que sea tomada en cuenta por ese gobierno que se constituirá, se trata de pugnar para que aquella plataforma sea materializada. Esa es otra tarea que tendría que ayudar a desmontar el aparato dejado por Morales, una pesadísima herencia.

Junto con esa actividad, tiene que desempeñarse otra que depende de los sindicalistas independientes del aparato de Morales: la recuperación de los sindicatos, mediante métodos propios de los asalariados: asambleas, ampliados, conferencias, congresos y otros. Ningún golpe de mano se justificaría en esa ruta que sólo depende de los asalariados, especialmente, así como de las circunstancias.

En esa dirección, los trabajadores de la Empresa Nacional de Fundiciones de Vinto (Oruro), en asamblea, han resuelto desconocer a los delegados de ese grupo laboral ante la COD-Oruro y la COB, vinculados al MAS y a Morales.

Entre los cocaleros hay que acometer acciones destinadas siquiera a neutralizar a una parte de los masistas: una acción desarrollada allí, por pequeña que sea, debe estar entre las preocupaciones cotidianas,

La conquista y/o reconquista de los cocaleros de los Yungas paceños, para otro proyecto progresista, distinto y opuesto al de Morales, es algo que sí se tiene que desplegar.

Entre los colonizadores, que eran gratificados con tierras gratis, aunque ese accionar sea duro, urge encarar para que aquél deje de ser un espacio exclusivo de Morales y el masismo.

Con los campesinos el desencuentro es un abismo, pero cabe cualquier empeño para el reencuentro entre citadinos y aquella población agraria.

Los cooperativistas-empresarios mineros no deben ser los que acrecienten su economía privada a costa de más reservas mineralógicas del Estado. A ese grupo económico se le debe cobrar las deudas por créditos concedidos, los últimos años, con dinero de los bolivianos y tienen que acabar los regalos a ellos, como los de Morales, como si los hubiera hecho con plata suya.

Los mineros deben reconstituirse como clase social para sí (para ser conscientes) y ojalá termine la condición de clase en sí, que predomina entre ellos, y que por eso allí hay mucho de revuelta y poco o nada de revolución.

Lo más probable es que ese otro proletariado minero reconstituido retome la lucha por la renacionalización de la minería boliviana.

Entre las metas para esos movimientos sociales, cooptados por Morales, es urgente sostener con ellos una amplia y profunda formación política y sindical, lo que no hizo el régimen de Morales, porque a los miembros de ese contingente social, según se advertía, interesaba preservarlos como electores puros y simples.

Otras realizaciones para desintegrar el aparato autoritario de marras, serán comentadas en este semanario. Nos referimos a una reforma estatal y constitucional; a enderezar la economía para conseguir que ésta deje de ser, como con el expresidente, una actividad espontánea (no organizada debidamente), para decir lo menos; que en la sociedad se emprenda un accionar que genere nuevas relaciones sociales, es decir, mucho más que el discurso masista, lleno de frases, como el de la inclusión o el control social, sin que exista realmente ni lo uno ni lo otro.

Las culturas, mejor dicho los pueblos indígenas que son sus portadores principales, tienen que asumir dominio en el territorio, autodeterminarse en él y aplicar allí el derecho consuetudinario suyo.

Se tiene que luchar para que la salud sea para todos o por el seguro universal de salud, con la participación de médicos, trabajadores del sector y gobernantes.

La reforma educativa debe apuntar a que la educación, en todos sus ciclos, sea para conseguir que la escuela sea para la vida, para la liberación definitiva de los bolivianos.

Debemos esperar una reforma y/o una revolución universitaria que cambie y potencie la formación de profesionales integrales, para que la investigación sea subversiva (para contar con un conocimiento subversivo) e impulsar la interacción para enseñar y para aprender sin paternalismo.

Las transformaciones en la universidad pública tienen que conseguir, asimismo, que aquellas casas de estudio se constituyan en una de las fuerzas de la revolución en verdad liberadora, y que de ésta sean su frente cultural, como complemetación ideológica.

Por supuesto que aquellas metas no se las alcanzará con los gobiernos inmediatos que surjan de las elecciones, que deben efectuarse ineludiblemente.

Nosotros creemos que para batallar por la efectivización de aquellas ideas, destinadas a plasmarse en un programa, necesitamos, con rapidez, un frente antiimperialista y revolucionario, una dirección política con discurso, organización, programa, aliados, fuerza…

Desmoronar lo que queda del poder de Morales, como se propone en este texto, debe reforzarse con la lucha para ejecutar las tareas señaladas y la dirección política que sea una guía en la senda de la segunda y definitiva independencia de Bolivia.

*Evo Morales es un indígena que no habla ni aymara ni quechua, lo que ha dispuesto que sea una obligación ineludible de los funcionarios públicos y su izquierdismo no es real, pero se utiliza para desinformar..l ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽o habla ni aymara ni quechua y su izquierdismo no es real, pero sirve para desinformarto desconoser

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