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Los cooperativistas-empresarios pueden decir que viven bien

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“Este es el gran día para el sector cooperativista y hoy (viernes 20-06-14) ratificaremos la  gran alianza con el presidente Evo Morales, y ahí (en el estadio Siles) vamos a proclamarlo a nuestro comandante que ha dirigido el país a favor de los bolivianos”, declaró ante los medios, Alejandro Santos, dirigente de los cooperativistas mineros.

Precisamos que, para nosotros, los que pisan fuerte en ese sector económico son los empresarios-cooperativistas mineros, los nuevos ricos que surgen de un capitalismo al que, sin rodeos, denominamos salvaje porque en esas empresas no hay salarios, porque el trabajo es a destajo; falta seguridad industrial y dirección técnica; allí se saquean los minerales; se labora sin seguro de salud y sin otros beneficios sociales; en fin, los trabajadores de esas empresas también producen nuevo valor o plusvalía de la que, en una mayor proporción, se apropian los empresarios-cooperativistas y éstos no pagan impuestos al Estado.

Los dirigentes de ese sector económico, con el apoyo de esos nuevos y raros asalariados, como son los trabajadores de base de las cooperativistas mineros, aclararon que su pacto con el presidente Morales arrancó el 2005. En la actual Asamblea Legislativa Plurinacional esos cooperativistas tienen 7 representantes y, ahora, pretenden dos parlamentarios más, es decir, quieren 9. Lo que callan esos empresarios-cooperativistas es que ellos también fueron aliados de Sánchez de Lozada, durante el auge del neoliberalismo en Bolivia y en el mundo.

“Vamos a defender con sangre y luto el proceso de cambio”, añadió el dirigente de los cooperativistas mineros, Alejandro Santos, en esa ocasión.

Esa es una confesión importante. Debemos entender que el crecimiento desmesurado de ese cooperativismo minero —que no es—, es lo que defenderán a sangre y fuego. Ya lo han hecho: por parajes ricos en oro, cerca de Inquisivi  y en Yungas, provincias de La Paz, se han batido a tiros entre sectores de esos cooperativistas mineros que, incluso para Héctor Córdova, ex presidente de Comibol, el Estado debe ayudarles a que se conviertan en cooperativistas de verdad.

Las vidas segadas por la posesión y la explotación de metales como el oro y/o de minerales como el indio, son los hechos recientes. Las vidas, especialmente, de los trabajadores de base de los cooperativistas, también se apagan como consecuencia de accidentes de trabajo, las que con frecuencia ni siquiera se registran. Pero los que mueren en los enfrentamientos o en las operaciones de interior o exterior mina son los desfavorecidos de siempre: los que emplean su fuerza de trabajo en operaciones por cuenta propia —y de cuyo sacrificio se benefician en mayor medida los cooperativistas-empresarios—  a cuyos contingentes laborales se suman los campesinos arruinados. Trabajadores del campo, temporal o definitivamente trabajan para los cooperativistas-empresarios. Otros  campesinos sólo trabajan, como semiproletarios, domingos y feriados, en esas arduas tareas mineras.

El Presidente-candidato, en respuesta a los cumplidos de los cooperativitas mineros, dijo:

"Estamos convencidos de que este proceso va por mucho tiempo y eso sólo se puede (mantener) con la unidad del pueblo”. Añadió que los movimientos sociales gobiernan el país "como resultado de las luchas del pueblo boliviano”.

La unidad del pueblo es y será un factor esencial para el triunfo de los explotados y oprimidos, aquí, en Nuestra América o Patria Grande y en el mundo. Los cubanos, con su líder máximo, han dicho tantas veces: sin la unidad del pueblo no hubiera triunfado la Revolución de los barbudos ni fuera posible, allí, resistir el bloqueo yanqui.

Sin embargo, tenemos evidencias de que los gobernantes sugieren o mandan dividir al pueblo que, Evo Morales dice que hay que mantener unido. Esa desunión incluso se la impone cuando entre dirigentes y miembros de esos movimientos sociales se critica al gobierno y mucho más cuando esos líderes populares toman distancia o rompen con los gobernantes. En verdad, la unidad que pretende el Presidente es aquella que no sólo le respalde sino la que lo halague, es decir, la de los llunk’us y súper llunk’us.

El Presidente volvió a la carga con lo que dijo en Cochabamba hace poco, citamos: "Existen dos caminos para el pueblo: ser antiimperialistas o ser proimperialistas. No existe otra opción”.

Y agregó: "Somos antiimperialistas, anticapitalistas o procapitalistas, proimperialistas, no hay otro camino”, ante los cooperativistas mineros que no eran tantos como esperaban los organizadores, los que hablaron de que allí se concentraron 15.000 personas en un estadio en el que, cómodamente sentados, entran cerca de 40.000.

El presidente Morales remató con la frase dicha antes: los que no son "masistas pueden ser gonistas de la derecha”, y acotó que hay quienes "prefieren ser masistas antes que ser fascistas”.

Dijimos en este espacio y reiteramos que el Presidente en su discurso es antiimperialista, pero inconcluso porque tiene entre sus protegidos y, supuestamente aliados, a los dueños de la Empresa Minera San Cristóbal. Corrió el rumor —que plantea la necesidad de una investigación— de que el anterior inversionista de esa empresa minera, Soros, financió una de las campañas de Juan Evo Morales Ayma.

Probablemente los actuales dueños de la compañía San Cristóbal están entre los que el presidente Morales quería como socios y no patrones. Allá él, pero el problema está en que mientras sea Presidente ese comportamiento compromete los intereses de la región, del pueblo y del país.

El anticapitalismo de Morales es verbal porque ninguna medida tomada, en sus dos mandatos, siquiera roza los intereses de los capitalistas. Al revés, los empresarios criollos con los que tiene alianzas, los de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), son capitalistas prósperos y proimperialistas a la vista, y nada tienen de izquierdistas.

También le dijimos al Presidente —y citamos a bolivianos que luchan hace décadas por la segunda y definitiva independencia de nuestra patria— que es posible y hasta necesario, creemos, no ser del MAS, sin ser por ello fascista. Para dejarnos entender decimos: fascistas o neofacistas son los que pertenecen a la Juventud Cruceñista, uno de cuyos dirigentes declaró, para el semanario paceño La Época que si Hitler se hubiera enterado que había aymaras en la tierra los hacía fusilar a todos. La gente del pueblo —que piensa y actúa según sus intereses— ni siquiera tiene como aliados a esos cruceños, en cambio, los masistas sí, lo que el presidente Morales defendió. (Recordemos que el actual senador por Santa Cruz y por el MAS, Isaac Ávalos, firmó un acuerdo con miembros de la Juventud Cruceñista, poco después de que policías dispararon contra dos estudiantes en Caranavi (08-05-10), según testimonios recogidos por la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de La Paz, que encabeza la compañera María Amparo Carvajal Baños.

Último apunte sobre el discurso del Presidente en el Estado Olímpico de La Paz (20-06-14). Aquél dijo: "Para ir a las elecciones no sólo necesitamos personas, necesitamos principios y programa”.

Las personas las tiene, muchas de ellas compradas, afirmamos nosotros. Según el politólogo y sociólogo Borón, Evo Morales tiene una fuerza electoral imbatible.

Muchas de esas personas, sin embargo, aunque son del pueblo e indígenas muestran que no asumen principios. Hablamos de esos que cuando se reúnen para nominar candidatos a la Asamblea Legislativa Plurinacional se enfrentan a golpes, con los que sustituyen ideas, argumentos, principios…

Sobre el programa del MAS, al que nos referiremos en esta publicación virtual las veces que nos sea posible, reiteramos un criterio: con la ley minera recientemente aprobada y promulgada, los recursos mineros se privatizarán en menor tiempo, como ya sucede y como quisieron y quieren los cooperativistas-empresarios mineros: eso es capitalismo salvaje.

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