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“La ley de los cruceños es la hospitalidad”

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De sábado a sábado 501

Remberto Cárdenas Morales *

El poeta y periodista cruceño, Rómulo Gómez, afirma que “La ley de los cruceños es la hospitalidad”.

Con seguridad de que ese fue y es el comportamiento predominante entre los cruceños, aunque hay ejemplos demostrativos de que también se registraron en la cotidianidad política y social cruceña la hostilidad de los pobladores originarios, respecto de los inmigrantes, también conocidos como colonizadores.

Debido a esa contestación es preferible decir: “Ni olvido ni perdón, justicia”, ante los ultrajes de paramilitares de la Unión Juvenil Cruceñista, inferidos contra los inmigrantes collas del Plan Tres Mil, la ciudad de raíces populares, la que se agiganta, anexa a Santa Cruz, antigua y moderna.

Abuelos cruceños poblaron Beni y Pando, los que fueron considerados colonizadores del oriente boliviano, pero benianos, pandinos y los llegados a esas tierras constituyeron los pueblos conocidos en este tiempo.

Los actuales inmigrantes en la ahora Santa Cruz —hablamos de los que arribaron al oriente desde los años 50 del siglo XX— han sido acogidos, como lo fueron los que, luego de la Guerra del Chaco (1935), fijaron en Santa Cruz su residencia, un territorio similar al “infierno verde”, el chaco, por el que ellos lucharon y murieron.

No obstante, los excombatientes de esa Guerra, luego de sobrevivir, con amargura recordaban que en los muros de la otrora atrasada Santa Cruz, leyeron rayados murales como: “Haga patria, mate a un colla” y “Haga patria, mate a un vallegrandino”.

Actualmente, cruceños, incluso con buen ánimo, cuentan que los cruceños ya no necesitan otros collas porque tienen sus propios collas, es decir, los actuales inmigrantes procedentes de los valles cruceños.

Sin embargo, los inmigrantes en Santa Cruz, especialmente, se han ganado el derecho a su nueva querencia, gracias al trabajo que emprenden todos los días.

Citamos ejemplos que muestran la veracidad de esta afirmación: La mayoría de los actuales pobladores de Montero, Yapacaní, El Torno, San Julián y Cuatro Cañadas, han constituido esas nuevas ciudades intermedias y a la vez prósperos centros productivos.

Allí se concentran inmigrantes de Bolivia y de algunos países como Japón.

No creo que sea exagerado agregar que esas poblaciones constituyen el renovado pueblo cruceño, con los aportes de los inmigrantes. En rigor, aquéllos son pueblos articulados con las relaciones sociales y los componentes de la llanura cálida.

Los inmigrantes han llegado a Santa Cruz, con hábitos de trabajo o éstos han sido desarrollados allí aceleradamente, pero además esos compatriotas y extranjeros (éstos muy pocos) han “sumado” sus culturas, hasta donde éstas son sumables.

Exmineros, llegados a Santa Cruz, en Cuatro Ojitos (camino al ingenio azucarero Unagro), organizaron el primer sindicato campesino, a imagen y semejanza del sindicato de los asalariados del subsuelo, lo que determinó que esas asociaciones agrarias, sean “anómalas”, como las considera Zavaleta, porque esas instancias integradas por trabajadores del campo, no se agrupan allí para la defensa respecto de un empresario, labor que desempeñan, sin embargo, por excepción.

En este último tiempo, así como antes, las condiciones materiales de vida y la cultura de la que son portadores los cruceños y los inmigrantes, facilitan la hospitalidad y/o la solidaridad entre los pobladores del llamado oriente boliviano.

Sin embargo, estos días se nota que merman o desaparecen la hospitalidad o la solidaridad entre habitantes cruceños, frente a lo que, los redactores del semanario virtual Aquí, manifestamos nuestra total reprobación ante ese comportamiento, y dejamos dicho que confiamos que la hospitalidad o la solidaridad, prevalecen en la mayoría de los cruceños y que prevalecerá en la conducta de aquellos pobladores, especialmente, en este momento en el que enfrentamos la coronavirus.

Añadimos nuestra profunda preocupación ante esas manifestaciones ocurridas en Santa Cruz, las que, durante momentos. negaron el ejercicio del derecho a la salud, de una persona afectada por el coronavirus; derecho humano irrenunciable de los bolivianos, latinoamericanos, caribeños, de nuestros pueblos, en el mundo entero.

Tal desazón es mucho mayor cuando se sabe que los que rechazaron el tratamiento de la paciente cruceña, en no menos de siete hospitales, fueron los convocados para asegurar esa atención: junto a vecinos, médicos, paramédicos y dirigentes sindicales de los asalariados del Ministerio de Salud.

Esos compatriotas, de acuerdo a lo que se informó, incluso se opusieron a que una exacademia militar de Warnes sea habilitada como centro de tratamiento para curar la pandemia de los que la padezcan.

En Oruro y La Paz hubo manifestaciones similares de sus pobladores, pero aquéllos tuvieron menores alcances que en la tierra de Cañoto y de Andrés Ibáñez.

En Santa Cruz, las autoridades, encargadas de la salud pública, avisaron de que recurrieron a policías y militares para conseguir que los centros de atención pública (o no) para la salud, se utilicen para lo que han sido creados.

Algunos creen que el pánico, ante la pandemia, determinó aquel comportamiento inaceptable, de cruceños o no, que dejaron de ser hospitalarios o solidarios, como lo fueron, de acuerdo a Rómulo Gómez.

Ojalá que esos compatriotas hayan asumido ese proceder, que trató de cercenar un derecho humano, ante el miedo a la contaminación con coronavirus y que superado ese temor descontrolado, sean de nuevo hospitalarios o solidarios.

Además, se espera que ese rechazo, a que se conceda el tratamiento médico que requería la paciente de coronavirus, no haya sido de opositores al gobierno transitorio con el que quizá pretendieron el fracaso del servicio de salud en Santa Cruz, para lograr, a la vez, un revés contra los gobernantes nacionales y locales.

Conocida nuestra realidad, cuando menos se podría sospechar (lo que cruceños no creen) que políticos criollos podrían haber faltado a la hospitalidad o la solidaridad, en momentos como los que confronta la humanidad (los bolivianos incluidos).

Aquella ausencia de hospitalidad o solidaridad, que se espera sea temporal, es urgente superarla totalmente porque, ante la pandemia que nos afecta, a escala universal, esa enfermedad no será posible vencerla sin solidaridad, sin hospitalidad…

Es cierto que los que más tienen están en condiciones de aportar más para derrotar a la coronavirus, aunque la hospitalidad o la solidaridad no debe materializarse con lo que le sobra a cada quien. La verdadera hospitalidad o solidaridad, debe efectivizarse con una parte de lo que disponen los hospitalarios o solidarios, jamás con lo que les sobra, como decía Fidel Castro y él lo hacía, así como lo hacía y lo hace el pueblo cubano.

Se aguarda, asimismo, que ese pasaje de merma o desaparición de la hospitalidad o solidaridad de pocos cruceños, sea un mal recuerdo a remontar plenamente.

La falta de hospitalidad o insolidaridad, a la que se refiere esta nota, tiene que ser o es un ejemplo de lo que los bolivianos, y sobre todo la gente del pueblo no debe hacer nunca más.

Con hospitalidad o solidaridad de los bolivianos tenemos que enfrentar y sepultar a la coronavirus y sus consecuencias.

Con lo que tenemos y pese a nuestras carencias compartimos un accionar gigantesco, parte de una epopeya universal, para lo que no hay tregua ni más tiempo para más reclamos a los cruceños que abandonaron la hospitalidad o renunciaron a la solidaridad.

Todos los que vivimos en esta tierra somos parte de la lucha contra la coronavirus. Y todos tenemos la esperanza de vencer pronto, con hospitalidad y solidaridad a la coronavirus, pandemia de la que nuestros pueblos son víctimas.

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