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¿Dirigentes sindicales o “peones” políticos de Evo Morales?

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De sábado a sábado 410

Remberto Cárdenas Morales*

Varias organizaciones sindicales, sociales, profesionales, indígenas, académicas, cívicas, de los derechos humanos, de periodistas… han sido y son “físicamente” divididas por obra y gracia del presidente Morales y otros gobernantes.

Esa división, sin embargo, no existe entre los cocaleros del Chapare, al extremo de que los que plantean sus diferencias con autoridades municipales y/o dirigentes de esos cocaleros, pagan caro su coraje: los discriminan y hasta los han despojado de sus tierras, en las que plantaban coca.

Los dirigentes de los cocaleros de Yungas de La Paz, son perseguidos y/o apresados, como Franklin Gutiérrez, al que se le niega el derecho a la defensa porque se inventan todo tipo de recursos para mantenerlo entre rejas carcelarias. Gutiérrez, en una ocasión y en libertad, dijo que iba a postular a la Presidencia de Bolivia, lo que para el principal inquilino de la Casa Grande del Pueblo fue y es, seguro, una gravísima ofensa, cuando en realidad, la de F. Gutiérrez puede tratarse de una aspiración, legal y legítima, incluso más que la de otros, como la de Morales, cuya candidatura actual es fraudulenta y contraria a la Constitución.

La COB, la principal organización sindical del país, cuyos integrantes han sido convertidos en un grupo político incondicional de los gobernantes, con limitadas iniciativas, pero quizá suficientes para un caudillo, como Morales, que se advierte que le basta que le aplaudan y que hablen muy bien de sus obras, entre las que no se destaca ninguna que industrialice el país o aumente la producción de bienes materiales que señalen un avance hacia cambios revolucionarios, porque el actual proceso es de medidas burguesas que, antes que a otro grupo social, beneficia a los empresarios grandes, criollos y transnacionales.

A cambio, aquellos dirigentes sindicales han recibido promesas: candidaturas a la Asamblea Legislativa Plurinacional (¿incumplida?), ministerios y otros cargos públicos, que están por verse.

La Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, (FSTMB), abandonó su lucha por una nueva nacionalización de las riquezas mineras o el establecimiento de algún freno a la privatización creciente de aquella actividad económica que, aunque parcialmente ahora, sigue siendo el “salario” de los bolivianos.

En “retribución”, a los dirigentes sindicales mineros, Evo Morales les ha concedido el Ministerio de Trabajo y el nombramiento del Ministro en esa cartera. Quizá más tarde sepamos qué más les dará Morales a esos sindicalistas del subsuelo, si gana, con mucho más fraude, las elecciones de octubre.

Los fabriles, en los lugares de mayor concentración de ese grupo laboral: La Paz, Santa Cruz, El Alto y Cochabamba, sus contradicciones internas, que no consiguen superar, aparentemente, evitan que luchen de manera más resuelta por sus demandas económicas y sociales; y la lucha política y por ideas avanzadas allí, es una tarea postergada, ojalá que no sea por mucho tiempo más.

En el ánimo de los fabriles influye, asimismo, el tipo de propiedad privada de sus empresas y, por tanto, esa es una realidad que tiene incidencia en ellos, así como el comportamiento de los patrones, también individualistas, muy alejados del sector estatal de la economía.

Entre los trabajadores fabriles, con todo, hay partidarios del presidente Morales, aunque éstos no siempre sacan la cara.

El cierre de la empresa Enatex, luego de que se dijo que fue convertida en una fábrica de propiedad estatal, con el argumento de que disminuyó la producción, los gobernantes cerraron esa industria, que contaba con tecnología de punta, la que no sirvió para que se mantengan al menos los niveles de producción. Uno de los resultados de ese cierre, fue la desocupación de varias decenas de los que fueron fabriles.

Los trabajadores de la construcción, no acaban de organizarse de manera independiente, con lo que tendrían que batallar por mejores salarios, seguridad industrial, estabilidad laboral, seguro de salud, mejor educación para sus descendientes, etc.

Sin embargo, actualmente, asalariados de la construcción son cooptados por los gobernantes para oficios electorales, sobre todo.

Los proletarios y semiproletarios agrícolas, que trabajan en los cañaverales de Santa Cruz, los últimos años, ni siquiera buscaron ni buscan, con acciones sindicales, aumentar sus ingresos que, además, son temporales.

Siguen viviendo como parias en galpones sin los servicios básicos, con una alimentación de subsistencia mínima y a menudo sin organización sindical alguna.

Quizá por su escaso número y por su concentración sólo durante meses, no están entre los asalariados que busquen reclutar los oficialistas.

Los proletarios y semiproletarios agrarios que se agrupan en torno a la zafra de la caña de azúcar y el trabajo en el Ingenio Azucarero Bermejo, este año, han librado una huelga que demandó incremento de sus salarios, pero ese movimiento reivindicativo ha postergado, más de tres meses, la molienda de caña y la producción de azúcar, en la ciudad fronteriza con Argentina, lo que arrojó pérdidas, por lo que los afectados esperan una reposición de sus ingresos.

Cada año esos asalariados de Bermejo lidian por campamentos más habitables y cuando llega la desconcentración, se repliegan, sin hacerse notar, a sus lugares de origen. La actividad sindical que desarrolla ese sector, sin embargo, es promisoria, pero a los gobernantes les debe resultar de escasos alcances lo que. en materia electoral, emprenderían esos trabajadores en ese sitio fronterizo.

Los profesores, aunque se conoce que pocas organizaciones regionales están neutralizadas o sirven al régimen de Morales, los sindicatos matrices de los educadores, urbanos y rurales, mantienen su independencia política respecto del gobierno en funciones, por lo que ese contingente laboral sigue con sus banderas en alto y flameando, en las que se inscriben los intereses, legales y legítimos, de los maestros.

Los trabajadores en salud, a los que con frecuencia los médicos los ningunean, tienen un comportamiento que no es ni chicha ni limonada, por lo que ni batallan de verdad para que sean atendidas sus demandas ni apoyan, de modo consecuente, a la huelga de los médicos. Entre esos trabajadores hay seguidores del régimen del presidente Morales.

Desde el gobierno actual, operadores poco o nada acertados, lo que se puede contabilizar como una ventaja para los galenos, tratan de dividir a los colegios de esos profesionales o a los sindicatos de la Caja Nacional de Salud. Pero los resultados no son los buscados por los oficialistas, aunque los médicos divisionistas tienen una asociación que, de cuando en cuando, declara su apoyo al Servicio Único de Salud (SUS), pero lo que hacen es nada importante.

Los abogados preservan casi intactos sus colegios profesionales y ninguna mella han ocasionado a su unidad, la gente de Morales, aunque como contrapartida tienen en sus filas a consorcios de abogados que, con dinero e influencia, consiguen las sentencias favorables a los litigantes que gastan más en la “compra” de justicia, si ésta en tal caso podría llamarse así.

Los gobernantes, empero, consiguen las resoluciones judiciales que les interesa para liberar, de pena y de culpa, a funcionarios a su servicio y/o a operadores políticos que son otros “peones” en el ramo judicial o en las áreas en las que éste esparce su poder.

Lo más sensible, para los afectados, es la división ejecutada por los gobernantes, con sus agentes mediante, de la Central de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB).

Una de esas centrales ha iniciado una marcha desde la región chiquitana (San Ignacio de Velasco), hacia Santa Cruz y quizá hasta La Paz, con la exigencia siguiente: que el Presidente abrogue las normas que autorizan el chaqueo en la Chiquitanía y que disponen la ampliación de la frontera agrícola (desmontes).

La otra Central, se sabe, está en campaña electoral con la que apoya a sus jefes políticos y, seguro, otros habrán respaldado la suspendida marcha de campesinos opuestos a toda pausa ecológica en Santa Cruz.

Esta segunda Central, en las que hay “peones” políticos del presidente Morales, tuvo como presidenta a Melva Hurtado, la que permaneció meses detenida, ahora está libre en Santa Cruz, después de que se mostraron documentos de una cuenta bancaria suya con Bs22 millones, dinero proveniente, al parecer, del exfondo Indígena.

La CSUTCB, salvo excepciones, es una especie de grupo de choque de los gobernantes, con dirigentes que mantienen un mandato sindical, con pena y sin gloria, pero con apoyo político y con plata; la que no les debe faltar.

Las denominadas “Bartolinas”, son mujeres a las que les hacen creer que son protagonistas en el actual proceso, pero en el que incluso disminuye el número de ellas y merma el fervor suyo hacia una causa que representa cada vez menos sus intereses. Sin embargo, las “Bartolinas” son diestras y siniestran para levantar sus manos en proclamaciones de candidatos masistas y aplauden, ahora, como cajas destempladas a Evo Morales.

Los colonizadores, atentos ante la dotación de más tierras, a título gratuito, son votantes invariables de Morales, así como depredadores con una vocación que acaba con los bosques, allí donde despliegan su actividad económica.

Ciertos dirigentes cívicos, como uno que fue Presidente de esa instancia en Tarija, por lo que probablemente fue pagado, hace días organizó una reunión electoral con Morales, en la que éste propuso un borrón y cuenta nueva, como quien admite sin decirlo, expresamente, que se equivocó al desatender las demandas de aquella región, que sigue aportando al país con la renta gasífera que genera.

La Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia (APDHB) fue una de las primeras organizaciones, durante este ciclo de divisionismo promovido desde el gobierno en funciones, que intentaron dividirla. La prueba de tal divisionismo está en La Paz y en Santa Cruz, lugares en los que prooficialistas o masistas han constituido asambleas paralelas de los derechos humanos. En La Paz, la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos fue dividida con apoyo directo de un exsecretario Ejecutivo de la FSTMB.

La Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (CSTPB), tiene como máximo ejecutivo a un profesor-periodista chuquisaqueño, “proyección” de las dos caras de tiempos de la Colonia española, que cuenta con apoyo político y soporte financiero, para dividir a las organizaciones afiliadas de aquella matriz sindical (CSTPB), proceso de división que se extiende a los sindicalistas de base. Uno de los objetivos de esos divisionistas es conseguir que siquiera un mes o menos, los dirigentes sindicales de los periodistas, que surjan de la división en marcha, hagan campaña por el Jefazo de Isallavi-Orinoca.

El actual Rector de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), al que le ha faltado tiempo para militar en otros partidos, es la discordancia entre las autoridades universitarias de las casas públicas y autónomas de formación profesional del país, hace poco dijo que tiene bajo su dirección a miles de activistas electorales para la campaña en favor de Morales. Ese anuncio quizá asustó a ciertos bolivianos que tiemblan frente a simples amenazas.

No obstante, en las universidades públicas de Bolivia, a pesar de todo, hay libertad de pensamiento y libertad de expresión; además, libertad de acción, como para generar el rechazo a un gobernante autoritario, como Evo Morales, el que sólo consiente de buen grado a los sindicalistas y a los que ganen votos en su favor; mientras que los sindicatos, de todos los afiliados, que luchen por los intereses económicos, sociales y culturales de los sindicalizados, así como por las ideas avanzadas y por la política de los trabajadores en su conjunto, no importan al caudillo que busca su reelección anticonstitucional.

Mas, admita o no Morales y sus llunkus, en Bolivia, se reconstituirá, más temprano que tarde, un movimiento sindical antiimperialista y revolucionario, sin los “peones” políticos retratados en esta nota, por supuesto.

Para que la emancipación de los trabajadores sea obra de ellos, se necesita ese otro movimiento sindical que sí será posible, apenas se vuelque la tortilla.

*Periodista

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