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Los “castrocomunistas” han robado las joyas de la “mamita” de Cotoca

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De sábado a sábado 405

Remberto Cárdenas Morales*

Miles de católicos, convocados y/o encabezados por dirigentes del Comité Pro-Santa Cruz y por anticomunistas, en romería, días antes del 21 de agosto de 1971, fueron al santuario de Cotoca, a 20 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, a “desagraviar” a la Virgen del mismo nombre, porque, difundieron y difundían, que los “castrocomunistas” habían robado las joyas de aquella Virgen, asumida como la patrona de los cruceños.

Con seguridad, la mayoría de los habitantes de la ciudad del oriente boliviano, no creía que aros, anillos y collares —todos de oro macizo se decía— habían sido robados, en horas de la noche, nada menos que por militantes revolucionarios o “castrocomunistas”, como se mentía en ese período. Grupos retrógradas llamaron “castrocomunistas” a los guerrilleros, comandados por el Che, en Ñancahuazú, sólo cuatro años antes.

Esa mentira se sumó a otras, como la siguiente: Bolivia, con el gobierno del Gral. Juan José Torres y la Asamblea del Pueblo, avanza hacia una “República Soviética”, gritaban los “comiteístas”.

Sin embargo, callaron el consejo del principal dirigente cívico de ese tiempo, el médico Melchor Pinto Parada, el que ante su entorno de confianza propuso que antes de aceptar que nuestro país sea convertido en comunista, Santa Cruz debía anexarse a Brasil

Desde una izquierda. que hablaba hasta por los codos, el “Comandante Rolando” (Oscar Zamora Medinaceli) proclamó la Revolución Agraria, desde las haciendas Chané-Bedoya y Versalles (de los Bedoya Ballivián, dueños de la empresa SACI, y de un exministro de Barrientos, Rolando Pardo Rojas). Motete o Rolando era jefe de un Ejército Popular de Liberación (EPL), que se reclamaba maoísta, y decía, en rayados murales, que estaban dispuestos a morir por sus ideas; por su parte, militantes de Falange Socialista Boliviana (FSB), les respondieron que ellos estaban dispuestos a matar por sus ideas.

Con Mario Rueda Peña, entonces subsecretario (viceministro) del Interior; Daniel Callaú (presidente de la Asamblea del Pueblo en Santa Cruz) y el que escribe esta nota (esos días presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad René Moreno), fuimos a la hacienda Versalles (cerca de Yapacaní) con el propósito de conseguir que ese grupo maoísta devuelva aquellas pertenencias para “calmar” siquiera la furia de los empresarios en contra del gobierno de Torres.

En esa ocasión fuimos testigos del siguiente episodio, en aquella supuesta Revolución Agraria:

Llegamos al inmueble Versalles el momento en el que un juez agrario, en nombre de la ley, etc., declaraba propietarios de esa hacienda a sus ocupantes de la Unión de Campesinos Pobres (Ucapo, expresión civil del EPL).

A los minutos llegó, al mismo lugar, el ayudante del coronel Andrés Selich, comandante del Regimiento Manchego (próximo a Guabirá), con una orden de su jefatura, en la que concedía una hora, a los miembros de Ucapo y del EPL, para desocupar Versalles. Conocida esa orden militar, los detentadores de ese terreno, que en ese momento no cumplía función social ni económica alguna, lo abandonaron en minutos, pese a que mientras el juez agrario citado los declaró propietarios del fundo que ocupaban agitaron, en señal de regocijo, unos machetes que allí se utilizan para cortar caña de azúcar.

Para este recuento vale recordar que el militar Andrés Selich fue ministro del Interior de Banzer, al que mataron en un aparente ajuste de cuentas, bajo la jefatura de otro ministro banzerista, también del Interior, Alfredo Arce Carpio, al que encontraron muerto, tiempo después, en Villa Victoria, en La Paz

Motete Zamora, se sabe, fue ministro de Trabajo de Banzer, presidente constitucional, en ese período.

En la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, se impulsaba un proceso de reforma (1970), llamado también “Revolución universitaria”, como en otras ciudades bolivianas. Allí, entre los cambios se registró la incorporación, con voz y voto, de una delegación de la Central Obrera Departamental, en el Consejo Universitario, la máxima dirección de esa casa de estudios. En ese proceso creció, también, la participación de los estudiantes en el cogobierno paritario.

Asimismo, en la universidad cruceña, un movimiento avanzado, aunque incipiente, defendió, incluso con guardia armada, a un Rector autonomista que había sido “reemplazado” por un falso aliado suyo, militante de una presunta ala de izquierda de FSB.

El Comité Pro-Santa Cruz —el partido político de la derecha cruceña, según militantes de izquierda— intervino en la vida universitaria, entre otras acciones, con la designación de un rector, en un cabildo abierto apócrifo.

La intromisión de aquel comité cívico, en asuntos de la universidad pública y autónoma, fue superada por la resistencia estudiantil, especialmente, con el apoyo de los trabajadores cruceños, el que aumentó con el gobierno del Gral. Torres en el Palacio Quemado.

Este gobierno torrista había recuperado las reservas de estaño de colas y desmontes de Catavi-Siglo XX; mina Matilde; mina Bolívar, para los bolivianos, y consentía el funcionamiento de la Asamblea del Pueblo, considerada un poder dual que debía sustituir, en algún momento, al gobierno progresista en funciones.

Contra ese gobierno, que enfrentaba contradicciones internas que no remontaba, en Santa Cruz se instaló la plaza fuerte para derribarlo. Desde allí operaba el coronel Hugo Banzer Suárez, con su comando golpista. En aquella ciudad, un oficial de la Policía Boliviana, que durante el gobierno de Torres fue funcionario importante, apresó al coronel Banzer, quien negó que conspiraba, ante lo que aquel oficial cometió el error de liberarlo, tal como después admitió autocríticamente.

Todos los días se denunciaba el golpe de estado contra un gobierno que hacía nada para defenderse.

Luego de largo tiempo nos enteramos de que el Gral. Torres se negó a entregar armas al pueblo, como se le pedía con insistencia, para evitar una matanza.

Los trabajadores, que habían convertido a la COB en su comando político y que habían organizado la Asamblea de. Pueblo, como poder paralelo al de Torres, tampoco contaban con fuerza, aliados, ideas, unidad y conducción para defender al menos lo que habían transitado, por cuenta propia, pero durante el gobierno del Gral. del pueblo, como se lo nombraba a Torres.

En Santa Cruz, la resistencia al golpe banzerista no fue más allá del entorno de la universidad autónoma.

Militantes de la Juventud Comunista de Bolivia, la Jota, horas antes del golpe de Banzer —que contó con apoyo del MNR y de FSB, agrupados en un frente nacionalista—, asistíamos a un congreso interno realizado sólo parcialmente, en La Paz, sitio en el que nos constituimos en observadores casi inútiles de las pocas, pero heroicas acciones de resistencia de los paceños y no paceños al golpe.

Sin embargo, lo sobresaliente en el comportamiento de los militantes de la Jota fue que, en las calles de la sede de gobierno, unos más que otros, empezaron a organizar la resistencia a la dictadura de la que participaron, como el que más, durante todo ese tiempo.

En Santa Cruz la resistencia al golpe banzerista acabó con la vida de universitarios y gente del pueblo, varios de nombres desconocidos, y la ciudad del oriente empezó a ser políticamente distinta.

Hace 48 años, para movilizar a las huestes golpistas, se inventó el robo de las joyas de la Virgen de Cotoca, se mintió al asegurar que Bolivia sería convertida en comunista y que la Asamblea del Pueblo se organizó para materializar ese operativo.

A la hora del balance conviene agregar que en Santa Cruz, que se agiganta entre sus hijos cada vez más esclarecidos, hay algunos que sienten vergüenza porque ciertos abuelos suyos creyeron en el robo (que no fue) de las joyas de la Virgen de Cotoca, que era mejor convertirse en brasileños que en soviéticos y que la Asamblea del Pueblo era otro poder contrario a los trabajadores.

El 21 de agosto de 2019 que sea para condenar otra vez al golpismo banzerista y de sus herederos políticos, y para decir, por los que murieron en la resistencia a la dictadura de seis años, que acompañan nuestras luchas por la liberación definitiva de Bolivia.

*Periodista

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