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Colonizadores y narcos invaden el TIPNIS desde antes de l990 (I)

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Remberto Cárdenas Morales*

La invasión de colonizadores-cocaleros y narcotraficantes al TIPNIS ocurrió, especialmente, desde los primeros años de la década de lo 90 del siglo pasado, esto es, inmediatamente después de la marcha indígena “Por el territorio y la dignidad”. Antes ganaderos benianos se establecieron hacia el norte del territorio indígena, varios de los que hasta este momento carecen de títulos de propiedad como una muestra de la posesión ilegal suya.

Cabe recordar que el TIPNIS, en los años 60 fue declarado reserva natural mediante decreto supremo durante la dictadura barrientista. Como una conquista de la macha “Por el territorio y la dignidad” (que también demandó una asamblea constituyente), se constituyó en territorio indígena, según otro decreto supremo, en el gobierno de Jaime Paz.

El TIPNIS, según estudios, posee árboles maderables diversos, entre los que se cuentan algunos extinguidos en otros sitios, como palo maría y mara; existen animales únicos en su género (endémicos), como pavas, tapires, víboras, lagartos, caimanes negros; frutos tropicales y silvestres (que no hace falta plantar); recursos biológicos que no han sido ni estudiados ni clasificados adecuadamente porque los realizados fueron insuficientes.

Allí se encuentra la reserva de agua dulce más importante del país y una de las más ricas de la región. Asimismo, es en el TIPNIS donde más llueve, precipitaciones que se extienden al Chapare (donde todavía llueve más que en otros lugares, pero menos que antes de la colonización). Alrededor de la reserva natural y territorio indígena hay vertientes y pantanos, como existen en pocos lugares del país. En lo que es la nueva frontera entre el TIPNIS y la zona de colonización y cocalera, existía una laguna, la “Bolivia”, que se ha secado debido a la depredación del bosque, obra de los 20.000 colonizadores o invasores a la reserva y al territorio.

Precisamente la marcha “Por el territorio y la dignidad” consiguió que se extienda una imaginaria línea roja como límite entre el TIPNIS y la zona cocalera y de colonización, el que jamás fue respetado por esa laya de invasores, para lo que también abrieron caminos inestables. Desde ese tiempo entraron allí cocaleros, colonizadores y narcotraficantes.

Dirigentes indígenas de ese tiempo, como Marcial Fabricano (ahora aliado de los comiteístas cruceños y ex funcionario del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada), informó entonces al semanario Aquí sobre esa invasión, pero pidió que este periódico no publique denuncia alguna porque, según aquel ex dirigente de la marcha indígena de 1990, los narcotraficantes, en represalia, podrían haber matado a los líderes originarios del TIPNIS de ese período.

El presidente Morales ha dicho reiteradamente que no conocía el TIPNIS, pero es difícil creer que no sepa que cocaleros-colonizadores y narcotraficantes invadieron la reserva natural y ese territorio indígena.

Cuando gobernantes “denuncian” la depredación del bosque y de animales silvestres del Isiboro Sécure incurren en una doble omisión: se hacen los ciegos y sordos respecto de que los colonizadores-cocaleros ingresaron ilegalmente al TIPNIS desde hace más de 20 años y que aquéllos saquearon las riquezas del TIPNIS sur durante aquel tiempo.

Alguien que ocupó funciones en el actual gobierno y no es de la oposición (él aclara), como Rafael Puente, recordó en una columna suya publicada la semana pasada en el diario Página Siete de La Paz, que la todavía llamada nueva carretera Cochabamba-Santa Cruz, liquidó las riquezas que antes atesoraba el Chapare y Carrasco tropical. El columnista amigo y compañero de los indígenas como el que más, rememoró que ese camino ocasionó la ruina de los yuracarés que habitaban en las riberas de los ríos de la zona, como el Ichilo. Pasó revista a un indicio imborrado hasta ahora sobre la ex residencia de los indígenas que ahora habitan el TIPNIS: varios de los nombres de lugares y cosas de la zona cocalera del trópico cochabambino provienen de la lengua yuracaré.

Testimonios recogidos por varios investigadores dan cuenta de que los primeros años de la colonización del Chapare, los “collas con papeles” (así los llamaban los lugareños a los colonizadores) cazaban con trampa a los yuracarés y los hacían trabajar a cambio de alcohol y la comida. Collas con papeles porque los llegados alegaban que su posesión de hecho de esas tierras (ex territorio yuracaré), tenía respaldo legal porque quizá eran portadores de algún documento extendido por el ex Instituto Nacional de Colonización que autorizaba la ocupación de tierras en aquel lugar, aunque la colonización chapareña fue en mucho espontánea, es decir, nada organizada.

Un relato actual es el que entregó el líder indígena Adolfo Moye, de las nuevas generaciones y con la formación sellada por la vida y reforzada por la académica explicó, las veces que pudo, que la comunidad suya se encuentra rodeada de colonizadores (cocaleros la mayoría) que han depredado el bosque y sus riquezas, así como han convertido en peones suyos a indígenas.

El Presidente, como quien respira por la herida, ha vuelto a decir que el camino de la discordia, que no se construirá si la mayoría de los bolivianos nos plantamos para impedirlo, más que por la ejecución de la ley como gestión del gobierno, sólo acabaría con 100 hectáreas de bosque del TIPNIS la que sería una modestísima extensión comparada con las 45.000 hectáreas de bosque que cada año se depredan en Santa Cru, y muchas más —añadimos nosotros— que las mil hectáreas de bosque talado en las proximidades de Yacuiba hace semanas. Agregamos que el mandatario mira sin ver la liquidación de las riquezas del Chapare donde pasó y pasa una parte de su vida.

Los ganaderos instalados en el TIPNIS, defendido por la mayoría del pueblo boliviano y sobre todo por los indomables marchistas, en la típica actitud de los que tienen miedo a perder sus posesiones de tierras de dudosa legalidad, esperan que alguna autoridad declare que los derechos legítimos de terceros en el TIPNIS sean reconocidos como tales. Hacia ese sector, los originarios, también deben mantener una necesaria vigilancia. Ahora, sin mover un dedo, esos ganaderos esperan beneficiarse con las conquistas de la VIII marcha indígena.

Los principales depredadores del TIPNIS de ayer y de hoy, son los incondicionales aliados de los gobernantes y en particular del Presidente. Éste muestra que cada vez que da un paso encarna y defiende los intereses de los colonizadores y de los cocaleros que quieren más tierras incluso a costa de reservas naturales y territorios indígenas, como el de los ríos Isiboro y Sécure.

Los gobernantes y el Presidente se comportan como si desconocieran la realidad dicha en esta nota. Pero les recordamos que la ignorancia jamás sirve de argumento. Más aún, colonizadores y cocaleros son invasores y depredadores que se ganan flores del gobierno y sobre todo espinas del pueblo. Por ello, en el TIPNIS no serán bienvenidos porque son saqueadores consuetudinarios harto conocidos.

La Paz, 29 de octubre de 2011.

*Periodista

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