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¿Las FF.AA. de Bolivia son nacionalistas, socialistas y antiimperialistas?

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De sábado a sábado (260)

Remberto Cárdenas Morales*

El presidente Morales, ante los miembros de las FF.AA., definió a éstas como nacionalistas, socialistas y antiimperialistas.

Nacionalistas porque, junto con los movimientos sociales, son las únicas que “pueden garantizar que los recursos naturales (de Bolivia) nunca más se privaticen”.

Las FF.AA. son socialistas, según el mandatario, porque “… trabajan para el pueblo, al lado del pueblo entregando bonos y rentas…”

“¿Por qué antiimperialistas (las FF.AA.)?” preguntó Morales en aquel discurso. Su respuesta: “Cuando las Fuerzas Armadas están al lado de su pueblo, ustedes ven cómo el pueblo boliviano, el pueblo potosino, las aprecia, las quiere. Cuando las Fuerzas Armadas están detrás del impero, las desprecia”.

El primer mandatario lamentó que, con frecuencia, sólo se recuerdan los golpes de estado y las dictaduras militares. Y confesó: “Para mí —dijo—  lo más importante es cómo algunos militares de las Fuerzas Armadas dieron su vida por la patria y por los sectores más abandonados”.

Creemos que el Presidente concedería una importante yapa a Bolivia si en ocasiones como el aniversario de las Fuerzas Armadas leyera un discurso o argumentara sus planteamientos; tratara de convencer, es decir, vencer con argumentos.

Pero quizá es pedir un imposible. Nuestra conclusión preliminar (que no será retirada por nosotros) es que, particularmente el Presidente, no tiene claro lo que es nacionalismo, socialismo y antiimperialismo, en particular, en las FF.AA. bolivianas.

El nacionalismo sería burgués porque podría servir más y mejor a grupos económicos que se emplean a fondo para salvar, en nuestro caso, el capitalismo, atrasado y dependiente, todavía vigente aquí. En Bolivia los cambios no implican aún la transformación de las formas de producir, aunque sí hay mecanismos, pero insuficientes, de la distribución de la riqueza que producimos los bolivianos.

De los militares citados por Morales, decimos: David Toro, que emprendió la primera nacionalización del petróleo (1936); Germán Busch, que firmó una Constitución Política que incorpora derechos de los trabajadores burlados hasta entonces en nuestro país y Gualberto Villarroel, que abolió la servidumbre en el campo, fueron y son reconocidos como nacionalistas porque el “socialismo militar”, supuestamente dirigido por ellos y del que habla un historiador estadounidense, es apenas una frase sonora, pero que no corresponde a la realidad. Es decir, en ese tiempo boliviano no hubo ningún socialismo y menos militar.

Alfredo Ovando Candia (omitido en el discurso de Morales), luego de un pasado de compromiso político con la derecha militar (incluidos los fascistas y neofascistas), encabezó la segunda nacionalización del petróleo y del gas natural; asimismo, firmó el decreto supremo que dispuso el funcionamiento de los hornos de fundición de minerales de estaño en Vinto (Oruro). Nacionalista revolucionario se dijo por él, como para que olvidemos ese pasado, por ejemplo, en el que Ovando se comprometió con el asesinato del Che (1967) y de los guerrilleros de Teoponte (1970).

Juan José Torres, fue uno de los pocos jefes militares que pagó con su vida las medidas antiimperialistas, pero inconclusas, que tomó desde el Palacio de Gobierno, en el que estuvo poco más de 9 meses. Fue un miliar avanzado al que algunos llamaron “General del Pueblo”. Pero, ni siquiera por eso se puede admitir lo dicho de él, por el presidente Morales. Torres no “conformó la Asamblea del Pueblo” (AP). Ésta la organizaron los trabajadores como un “poder dual”, opuesto al del General gobernante. Para otros dirigentes políticos de izquierda, la AP fue una escuela o un germen de poder popular.

Lo que el Presidente boliviano actual olvida o calla es que el pueblo, en unos momentos más que en otros, es el que lucha por esos cambios o es el que los impulsa. Es lo que ocurre, particularmente, con Juan José Torres. El inquilino, de estos días, del Palacio Quemado olvida el aporte de las masas populares durante esos procesos. Cabe añadir que si el pueblo no hubiera apoyado, cuando menos, las medidas nacionalistas y nacionalistas revolucionarias referidas: o no se hubieran tomado o su derrota pudo ser inmediata.

Una cuestión esencial que parece no estar en el entendimiento del presidente Morales es que la emancipación de los trabajadores (del pueblo) será obra de ellos, como proclaman los asalariados y no asalariados hace décadas, también entre nosotros.

Evo Morales tal vez no comparta la tesis del historiador Jorge Alejandro Ovando Sanz. Éste afirma que cuando llegó, a lo que ahora es Bolivia, el Ejército de Bolívar y Sucre, la mayor parte del territorio que habitamos había sido liberado por los guerrilleros de la independencia, y fueron éstos, y no los del Ejército libertador, los que articularon las “republiquetas” que fueron territorios liberados. Y los combatientes de esa guerrilla procedían, básicamente, del pueblo en alianza con militares que nunca combatieron, como lo hicieron los mercenarios de uniforme que sí lucharon para el ejército de los reyes de España y luego se pasaron a las filas independentistas.

 Es un grave error, teórico y político, definir como socialistas a los militares porque distribuyen bonos y rentas; así como es otra lisura que a los uniformados se los vea como antiimperialistas porque se supone que ellos, ahora, no están detrás de la Embajada yanqui sino al servicio del pueblo.

En otro momento de su discurso, el Presidente de Bolivia convocó a las FF.AA. del país a liberarse del imperialismo, lo que es más realista. Citamos: “Estamos convencidos, hermanos generales, coroneles y oficiales, que es importante liberarnos de los militares de Estados Unidos, del imperio norteamericano. Sólo usan a algún sector social, a cierta clase política, a instituciones como las Fuerzas Armadas o a la Policía, para sus intereses, para interés del imperio, nunca para el interés del pueblo boliviano”. Este mensaje sí se aproxima a lo que sucede en los cuarteles. Mensaje que, sin embargo, advertimos que entra en contradicción con las palabras dulzonas del Presidente respecto de las fuerzas de compulsión del Estado, es decir, de las que son fuerzas represivas ante todo.

Para nosotros, mientras en Bolivia no tengamos al pueblo en armas, en los cuarteles y más allá de éstos, no existirán fuerzas armadas nacionalistas, antiimperialistas y socialistas.

Incluso dudamos, con fundamento, de que las actuales FF.AA. vivan una reforma que convenza de que, en cuerpo y alma, devengan en pro nacionalistas, pro antiimperialistas y pro socialistas. En esta materia, como en otras, las definiciones del presidente Morales sobre las Fuerzas Armadas bolivianas son desmentidas por la realidad.

La Paz, 10 de agosto de 2013

*Periodista

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