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Pedro Nuni, un nuevo Maraza

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Vamos a andar

Rafael Puente - 30/05/2013

 En 1792 el cacique Maraza —jefe canichana de San Pedro, en tierra de Moxos— se levanta contra el gobernador español. En 1805, llega a afirmar que fuera de él “no hay rey ni tribunales”. Pero, en 1807, el nuevo gobernador lo condecora, lo designa cacique vitalicio, y de esa manera logra que Maraza se convierta en su aliado e incluso que lo ayude a someter al cacique moxeño Pedro Ignacio Muiba (que se levantará contra los españoles en 1810).

Estado oligárquico y colonial, juega un papel muy importante en la lucha de los pueblos indígenas de Tierras Bajas y llega a ser elegido asambleísta plurinacional en la bancada del MAS. Pero recientemente “el nuevo gobernador” de Beni lo nombra en un cargo, concretamente una Secretaría Indígena Multiétnica, y el antiguo y respetado compañero Pedro Nuni se pasa al bando oligárquico y colonial, colocándose en contra de los intereses de su propio pueblo.

 

     Cierto que Nuni tenía razones para enojarse con el MAS y con el Gobierno, particularmente razones acumuladas con ocasión de la Octava y la Novena Marcha en defensa del TIPNIS. También los partidarios de Huáscar, allá en 1532, tenían razones para estar enojados con Atahuallpa, pero eso no justificaba que entonces pactaran con el enemigo común —los conquistadores españoles— e hicieran posible la derrota de su propio pueblo. Estamos ante una lógica trágicamente repetida (ya se había dado en México, donde los españoles pudieron someter a Moctezuma y los aztecas gracias al apoyo de los tlascaltecas), y resulta consternador ver que con el paso de los siglos, y a pesar de las amargas experiencias, la lógica sigue vigente. Lo hemos visto con Adolfo Chávez, y con doña Justa Cabrera, y ahora con doña Miriam Yabanure (también en la Gobernación de Beni), y con muchos otros y otras dirigentes —tampoco olvidamos las traiciones precoces, como la de Marcial Fabricano—, pero en el caso de Pedro Nuni nos resulta particularmente decepcionante, porque lo habíamos conocido como un moxeño de la talla de don Miguel Peña —que tuvo la suerte de morir prematuramente, y pese a su buen carácter en estos momentos debe estar refunfuñando en su tumba—, y ahora vemos que fue un espejismo, que la talla de don Miguel no era compartida por muchos.

Ya resultó preocupante la candidatura de Nuni a la Gobernación de Beni, en disimulada alianza con el MSM, pero dados los motivos que le habían dado para enojarse esa candidatura todavía no era equivalente a una traición. Ahora sí podemos hablar de traición. Y si nos detenemos en este caso, que mucha gente puede considerar poco significativo, es por la interminable reiteración de esa lógica suicida de tantos dirigentes —y a veces de pueblos enteros— que confunden al hermano equivocado con el enemigo principal y acaban pasándose al campo del verdadero enemigo principal. Cierto que por el otro lado están los y las que se han prestado al juego gubernamental de dividir organizaciones y hoy se lucen como dirigentes sabiendo que no fueron elegidos ni elegidas por las bases. También es una conducta lamentable e inconsecuente, pero eso no justifica que precisamente los dirigentes más esclarecidos/as, ellos y ellas sí elegidos por sus bases, se pasen al bando enemigo.

¿Dónde va quedando la fuerza de aquel formidable Bloque Oriente que nos estuvo guiando políticamente en los años de máxima convulsión política y que ahora permite estos desatinos?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano para el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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