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Periodismo del pueblo, democracia real y cristianismo para los cambios en Luis Espinal*

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Estos escritos del cura mártir que entregamos a los lectores fueron publicados por el semanario Aquí en marzo de 1991. En ellos encontramos ideas suyas respecto del periodismo del pueblo o periodismo de clase y la función social de los periodistas; sobre la izquierda, las alianzas de ésta y la unidad del pueblo; acerca de las fronteras ideológicas sustentadas por las dictaduras militares y fascistas de nuestra América de los años 70, las democracias restringidas y la democracia real; así como una nota referida al rol de los cristianos en la revolución.

Periodismo de nuevo tipo

En este tiempo de la revolución en las comunicaciones y, en particular, de la red de periódicos electrónicos, como es Internet, consideramos que sigue vigente el postulado de Espinal respecto de la necesidad de un nuevo periódico. La validez de esta propuesta se confirma, además, porque es cierto que los diarios bolivianos son "monotemáticos" y "monogenéricos", o porque siguen siendo "pre-periódicos" (de simple registro), a pesar de los sensacionalistas que circulan ahora.

Para el sacerdote inmolado, este nuevo periodismo debe contar con operadores que sean actores de la historia y no simples archivadores (que usen nuevas técnicas) pero que posean una nueva mentalidad.

Agrega: "Un nuevo periodismo supone también una visión nueva de la historia. A la historia oficial protagonizada por líderes corresponde un periodismo oficial de personajes. Esta historia individualista y aristocrática supone que los protagonistas de la historia son los genios, y no el pueblo mayoritario. Por esto, también existe el periodismo que se ocupa de los personajes, las estrellas y los genios.

Así, en vez de hacer un periodismo que busca los actos de los grandes, hay que hacer un periodismo que sea la memoria popular".

Un nuevo periódico situado en "una sociedad de clases y de explotación", en la que "nada se libra de la lucha de clases", porque "aun los elementos culturales están teñidos de características clasistas".

Desde una trinchera opuesta a la de ciertos miembros de la orden religiosa a la que perteneció, Espinal opina que "El periodista, ante todo ha de ser los ojos y los oídos del pueblo. Él investiga y comunica al pueblo las informaciones que éste necesita para la vida democrática, para ser soberano; ya que en una democracia real se gobierna en nombre del pueblo, para el pueblo, y lógicamente ante los ojos del pueblo".

Para él la noticia, la información "no es un producto matemático, neutro o fríamente objetivo, sino que tiene necesariamente una dimensión de opinión e ideología". Cuando el periodista selecciona la noticia, al valorarla y al interpretarla aplica criterios ideológicos. Asegura que cuando estos criterios ideológicos corresponden al bien del pueblo (no al bien de la empresa periodística) "la función del periodista será acertada, porque el periodista es el vigía de este pueblo".

Anota que la función del periodista es necesariamente política, porque trabajar por el bien de la comunidad es algo estrictamente político. Pensar en un periodismo apolítico sería como pedir al vigía que sea ciego.

"Todo esto supone que el periodista asalariado vende su trabajo, pero no su conciencia (nos lo piden con frecuencia). Su trabajo se lo debe a la empresa periodística, pero su honestidad y veracidad se la debe a su pueblo. Esta separación entre lo que se debe a la empresa y lo que se debe al pueblo pone al periodista en esta situación conflictiva, tan frecuente en la historia del periodismo y tan presente en nuestro próximo pasado nacional".

Recordemos "que cuando se quiere dominar a un pueblo se necesita amordazar a sus periodistas".

Con relación al debate que estos días se desarrolla en medios de difusión y en aulas universitarias, Espinal sostiene que "... se quiere oponer a la libertad de prensa el simple hecho de la libertad de empresa...", lo que considera incorrecto "porque no se puede confundir un negocio privado con una función social. La noticia no es una mercancía cualquiera, y no se puede comerciar con la verdad que ha de orientar el camino que sigue un pueblo.

Por esto, no se puede considerar la información y la noticia simplemente como mercancía que se vende dentro de una sociedad de consumo; así llegaríamos solamente al decadente periodismo sensacionalista".

Cuan diferente y opuesta es la posición de Espinal sobre la función social de los periodistas ("operadores semánticos"), respecto de otros de la orden religiosa a la que él perteneció que pregonan "apoliticismo". También por eso habrá que explicarse las gestiones que hacen, miembros de la Compañía de Jesús, ante el Vaticano para convertir a Espinal Camps (hombre, cura, periodista, cineasta, revolucionario) nada menos que en "santo" para que, acaso así, su imagen sea situada en alguna "casa burguesa" porque entonces se induciría a los fieles a que le enciendan velas y le pidan milagros en vez de asimilar su pensamiento e inspirarse en su práctica.

Quizá por eso mismo Espinal, al proponer un balance sobre la actividad desplegada desde el semanario Aquí, que fundó y dirigió, dice: "Hemos establecido con claridad nuestra posición, apasionada y parcializada por los intereses del pueblo y por lo que consideramos su respuesta correcta, pero sin asumir un partidismo. Hemos roto con los convencionalismos que la censura y la autocensura han moldeado en el periodismo rutinario de nuestro medio. Hemos, en fin, mantenido nuestra presencia en los momentos en que el pueblo realmente nos necesitaba".

Unidad de la izquierda

Los fundadores del semanario Aquí, y con ellos Espinal, quisieron que aquel periódico del pueblo sea un lugar para el encuentro y discusión de la izquierda. Esta, en consecuencia, está presente en los escritos suyos:

"Uno de los aspectos más dramáticos de nuestra izquierda nacional es su división en varios frentes. Dividir la izquierda es como dividir al pueblo. Esto puede llevar a la confusión y al estéril enfrentamiento mutuo.

Pero además de dividida, la izquierda se presenta deslucida y aguada en sus programas, porque varios partidos de izquierda han pactado con grupos de centro y de derecha, para tener más chance electoral. Este debilitamiento de los programas de la izquierda puede aumentar la confusión. Se han limado los puntos ‘hirientes’ para entrar en la alianza sin asustar a nadie. Como resultado, los programas burgueses enturbian la nitidez que se esperaría de un partido progresista. La opción electoral y la estrategia del momento —añade en 1979— pueden oscurecer la definición ideológica y la orientación que se supone hay que ofrecer al pueblo".

Guardando las distancias de espacio y tiempo esta apreciación puede ser asumida, otra vez, especialmente por quienes consideramos que es necesaria la unidad del pueblo, de lo que sobrevive de la izquierda para generar, ahora, un movimiento social y político con tareas en la coyuntura pero proyectadas de manera estratégica.

Y a propósito del debate entre la izquierda, en este tiempo todavía más necesario, Espinal apunta:

"El enemigo principal de un político progresista no es su compañero de izquierda, pero que milita en otro partido, o en otro frente. El enemigo principal es el fascismo, el entreguismo, el imperialismo, etc. Las elecciones no pueden hacernos perder esta perspectiva. Con un compañero de izquierda compartimos muchas ideas y objetivos comunes. Sería simplemente un error pequeño-burgués insistir tanto en la ‘finura’ ideológica de los matices que olvidemos al verdadero enemigo principal. Cuando luchan entre sí dos grupos de izquierda, quien pierde es la izquierda".

Afirma, asimismo, que "La polémica política tampoco ha de personalizarse. Solamente los dictadores y los individualistas personalizan la política. Luchamos en favor de un pueblo y en favor de una sociedad más justa, y no en favor de ninguna personalidad, por respetable que sea. Por esto, cuando atacamos al ‘imperialismo’ norteamericano no detestamos al ‘pueblo’ norteamericano; y al criticar el enclaustramiento marítimo de Bolivia, no odiamos al pueblo chileno. Del mismo modo, la crítica a un líder político no significa animadversión hacia él; se dirige a su actuación y a su programa político. La crítica política es para construir y para aclarar".

Unidad de la COB y la prensa del miedo

Ante la fecha del Primero de Mayo y el Congreso de la Central Obrera Boliviana, sólo nos es posible un deseo: que se mantenga y se fortalezca la unidad del sindicalismo boliviano.

La clase obrera no tiene aún el poder político, ni el poder económico. Su mayor fuerza y poder radica en su unidad. No perdamos esta conquista, asegura Espinal, pensamiento suyo con vigencia plena ahora.

En ese tiempo en el que el pueblo boliviano vivía amenazado por los golpistas de julio de 1980 y presenciaba una rara transición en Banzer (de dictador a "demócrata"), el autor de los escritos que entregamos a los lectores, dice:

Hay miedo, porque el dictador de ayer sigue proclamándose como si fuera un demócrata. Y cuando le parece, saca a sus pistoleros, como en los argumentos increíbles de una mala película del oeste. Y todos seguimos hablando de elecciones, tan tranquilos aparentemente, pero tenemos pesadillas de que ya llegó el golpe de estado.

Y si miramos la gran prensa, vemos que sigue la información con las dos versiones: la del verdugo y la de la víctima. A ambos se les da igual espacio; y a esto se le llama "imparcialidad". Se dice la verdad y la mentira; una al lado de la otra, esperando que el lector saque el promedio, y así se quede sólo con media verdad y media mentira. Esta es la información del miedo, la que no se compromete. Así tendrá acciones en el poder, cualquiera que suba. Esta información es tan demócrata que da espacio a toda la propaganda política: aún la de aquellos que aprovechan la democracia para destruir la democracia.

Izquierda y elecciones

"Mientras la izquierda (inocentona) juega aún a la democracia, a las elecciones; la derecha está jugando a la dictadura, a poner bombas, a cortar el proceso democrático.

Y ante el juego electoral, la izquierda se divide y se subdivide; y nos peleamos entre nosotros para ver cuál será el candidato o cuál será el frente, afirma con ojos contemporáneos de alguien que parece haber escrito para este tiempo en el que otra vez está amenazada la unidad de los trabajadores.

Además, muestra para ayer (y para este momento) lo que debe ser el quehacer de la máxima organización sindical del país ante la descomposición de los partidos burgueses y de otros que no lo son tanto, es decir, a los del sistema político:

De ahí nace el rol histórico trascendental que tiene en este momento la COB y el sindicalismo revolucionario en Bolivia. Y por esto es mucho más dramática la tarea "partidista" (en el sentido de "particionista") de socavar la unidad sindical de los obreros.

Esta es una de las responsabilidades que tienen en la actualidad los maestros paceños, al parecer nada clarividentes en política. ¡No metan el sectarismo y el divisionismo en la vida sindical!

Si el pueblo perdiera esta arma (de momento la única) de la unidad, habríamos dado el triunfo al enemigo de clase, por nuestra propia ceguera e incapacidad.

"La política del cinismo"

Luego de hacer un recuento sobre el empeño de los dictadores de nuestra América que trataban de cubrir sus crímenes de lesa humanidad, espinal sostiene:

También en nuestro ambiente político aparecen conductas semejantes: el dictador de ayer habla hoy de democracia; quien hipotecó al país con una deuda externa astronómica, se proclama nacionalista; el que desterró a los sindicalistas e impuso a los "coordinadores", ahora promete fomentar el sindicalismo; quien persiguió al pueblo boliviano, ahora lo desprecia. "He vuelto ¿Y qué?". Esto es el cinismo político.

Este cinismo político se basa en una tesis nazi fascista de culto a la voluntad y desprecio por la razón. El fascismo ha quemado libros y construido estadios.

Subversión del orden social injusto

La injusticia social, la desigualdad de oportunidades, la explotación del hombre por el hombre, la miseria, la falta de trabajo, etc. Son otra causa de violencia social. Esta injusticia institucional es una violencia que ocasiona, como resultado, la justa violencia del pueblo que se defiende. A la violencia de la opresión, responde la violencia de la defensa propia y de la subversión de un "orden" social que es injusto. La violencia justa del pueblo que, como no puede esperar nada de la justicia oficial, ha de defenderse por su cuenta. Esto es lo que sucede, por ejemplo, actualmente en Nicaragua: a falta de justicia hay que recurrir a la insurgencia popular.

Así Espinal sugiere el derecho del pueblo a la rebelión, como el más "sagrado de los derechos", cuando no encuentra otro camino para su liberación, se lee en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.

"Democracia vergonzante"

Con relación a la democracia de la que otrora parloteaba Pinochet y los dictadores de su tiempo, Espinal, señala:

Por esto, una "democracia autoritaria", o una "democracia orgánica" o una "democracia protegida", ya no son democracia porque el apelativo destruye la esencia misma de esta democracia.

Una democracia real es el poder del pueblo; y este poder no se puede limitar desde fuera del pueblo mismo, porque en este caso el pueblo ya no tendría poder, si no que simplemente se convierte en súbdito.

Y cuando alguna izquierda no sólo se negaba a colaborar con el gobierno de la UDP, sino que desarrollaba una política de activa oposición al gobierno de entonces, escribe:

Lo que falla, al parecer, es la conducción política de masas. Además de la fragmentación de la izquierda que lógicamente desconcierta. ¿No se trata también de una especie de cobardía por parte de un gran sector de la izquierda que prefiere estar en la oposición y afinar conceptos, antes que compartir la responsabilidad del poder y mancharse las manos con praxis?

Lo que hace falta en este momento es iluminar el camino hacia el futuro.

Miedo a la verdad

Censura, una nota publicada por el Informe R, Nº 380, 1999, tomado del libro Testigo de nuestra América, no fue parte de la edición de Aquí (1991).

Se lo incorpora en esta selección porque ciertamente habla de la arbitrariedad del poder y, sobre todo, porque es una radiografía acertada de lo que es este fenómeno, la censura, vigente en los medios de difusión bolivianos, que hace parte con la autocensura, la otra cara de la moneda. Censura impuesta especialmente por las dictaduras, ese miedo a que se difunda la verdad de los otros o de los que están lejos del poder (político y/o económico).

Los cristianos en la revolución

En el texto "El cristiano y la revolución", algo así como una declaración de principios, Espinal, deja escritas vigorosas manifestaciones como éstas:

—"La revolución en América Latina no se puede hacer sin los cristianos..."

—"...la iglesia defiende fácilmente el sistema, que por su parte le concede ciertos privilegios".

—"La iglesia oficial e instalada es contrarrevolucionaria".

—"...el cristiano participa en la revolución a título personal y como imperativo impuesto por su fidelidad al evangelio..."

—"Hay que recordar que la revolución no va a ser en favor de todos; sino solamente en favor de las mayorías".

—"La iglesia tiene dos fachadas. Una es la iglesia de la conciliación, la que pone parches para suavizar las asperezas de esta sociedad de clases, es la iglesia institucional y burocrática. Y está también la iglesia de la ruptura, la que predica que esta sociedad es injusta, y sobre la injusticia sería un sarcasmo predicar el amor. Por esto la iglesia tiene dos fachadas; la iglesia instalada y la iglesia revolucionaria, la iglesia-institución y la iglesia-pueblo; o si queremos, la iglesia de los diplomáticos y la de los profetas.

Por esto, dentro de la iglesia se refleja también el eco de la lucha de clases; porque cada cara de la iglesia tiene sus partidarios; está la iglesia del poder y la iglesia de los pobres".

—Sería inadecuado aplicar el clericalismo en la revolución.

—"...la revolución y los cambios profundos en la sociedad los lideriza el pueblo, y no ningún grupo elitista o intelectual".

Este Luis Espinal Camps, con certeza, no necesita ser canonizado por el Vaticano presidido por Wojtila. El Espinal de estos escritos podrá revolverse en su tumba ante esta noticia.

A nosotros nos interesa la palabra de Espinal para inspirarnos en ella, así como su ejemplo para librarnos de estos "tiempos indecorosos".

Porque indecoroso es que el Director de radio Fides afirme que Espinal es un mártir al que se puede "admirar" pero "no seguir". (Ventana de La Razón, marzo 21 de 1999).

Nosotros, en cambio, sostenemos que el cura mártir, caído el 22 de marzo de 1980, es un ejemplo que, en el campo popular, se puede y se debe admirar y seguir.

La Paz, abril de 1999.

Los editores.

Nota:

Dificultades económicas impidieron la segunda edición en el año que se escribió esta introducción.

Ahora que es posible la reimpresión de los trabajos políticos del fundador del semanario Aquí. Constatamos otra vez que su pensamiento continúa vigente.

La división de los sindicatos, la falta de unidad de la izquierda (incluidos el MAS y el MIP, aunque este último dice que no es de izquierda) y el comportamiento electoral de las organizaciones sociales y políticas son una realidad que analiza Espinal en estas notas periodísticas, así como la urgencia de una comunicación del, por y para el pueblo confirman la necesidad de esta segunda edición.

Los editores

A esta edición incorporamos, a manera de cierre y a último momento, una nota de la Redacción del Semanario Aquí (No. 526 del 20-III-92): Hay silencios que envilecen, en la que se resumen ideas de Espinal sobre la censura y autocensura en los medios de difusión, prácticas actualísimas en Bolivia. (También, desde el gobierno de Mesa, se empeñan en hacernos creer incluso falacias).

Una de esas ideas del religioso mártir le dan nombre a este libro: Callar es lo mismo que mentir.

La Paz, 14 de mazo de 2005.

Los editores

*Introducción a la segunda edición del libro que contiene los trabajos periodísticos de Espinal.

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El infamatorio

El Infamatorio

El Infamatorio
Jueves, 08 Noviembre 2018

El Infamatorio es el repositorio de las vilezas que perpetra el poder; es el almacén de las acciones políticas que tienen a la abyección como su único principio y fin.

Las ruindades de la política en Bolivia son el espacio de El Infamatorio, su tiempo lo marcan las continuidades de las bajezas que se consuman en su nombre.


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