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Ególatras de ayer y hoy

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Editorial Aquí 357

La similitud de hechos es un género de la historiografía, pues así se trata de argumentar que las glorias y los desastres actuales también los vivió la humanidad y que antes como ahora no todo fue un jardín florido o un infierno en la tierra, con la salvedad de las circunstancias existentes y reafirmando que la historia nunca se repite.

Así como hay cierto paralelismo de hechos históricos, también hay paralelismos de personajes. El historiador Plutarco (griego, nacionalizado romano) en el primer siglo de nuestra era, escribió su obra Vidas, más conocida como Vidas Paralelas, donde compara a personajes notables, griegos y romanos, haciendo énfasis en su forma de ser, en su carácter, más que en los hechos históricos donde participaron, con la intención de dar lecciones morales y de comportamiento ante situaciones determinadas.

El acontecer diario nos lleva a comparar personajes mediáticos que hacen y dicen cualquier ocurrencia con tal de estar vigentes en la agenda informativa, aunque sus dichos y hechos no sean ejemplos de vida: Estos individuos asumen para si el pensamiento del pintor español Dalí: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí...”

Tres ególatras que en momentos de éxito fueron y son aplaudidos por parte de la población, dejaron maltrechas sus organizaciones y países, pues para ellos lo importante fue y es sobreponer sus egos por encima de todo y de todos, sin reflexionar el daño que causan por su irreflexiva conducta.

El ególatra presidente cocalero que tuvo el poder absoluto durante 14 años, después de su renuncia tras las movilizaciones ciudadanas contra el fraude electoral que montó —el cual pretendía mantenerlo en el poder por cinco años más—, creyó que su liderazgo nunca iba a ser cuestionado y que sus adláteres lo aguantarían como su jefazo, indefinidamente; pero, no fue así, pues más temprano que tarde varios de sus adulones discípulos le disputaron el poder, para gozar de las arcas del Estado como lo había hecho el mismo durante su régimen. En estos grupos donde su cohesión está condicionada al oportunismo y a la codicia de sus integrantes, la ambición es más fuerte que la lealtad y los principios morales.

La testarudez y narcisismo de Morales, presidente “eterno”, de querer ser el rey detrás del trono, no lo consiguió, pues su delfín, Arce Catacora, el nuevo rey, decidió ocupar la silla presidencial sin compartir ni un centímetro con su mentor, decisión que trajo, primero, distanciamiento entre ambos para pasar luego a acusaciones, insultos, expulsiones mutuas, la aparición de fracciones, tendencias, hasta que en cinco años de dislates compartidos, su organización política que tuvo predominio en casi dos décadas, quedó dividida. El resultado del capricho del egocéntrico expresidente hizo que esa agrupación política prácticamente desapareciera, entregando, en bandeja de plata, todo el aparato administrativo y financiero del Estado a una oposición incipiente, aunque con las arcas vacías, sin dinero, gracias al despilfarro del llamado Proceso de Cambio timoneado por el ególatra cocalero que hoy, desde su refugio, quiere dar lecciones de moralidad, contrariamente a su comportamiento cuando estuvo en poder, donde la inmoralidad, la deshonestidad campeaba, pavoneándose con su lema, propio de un jerarca absolutista: “métanle nomás…, y si es ilegal, que lo arreglen los abogados, pues para eso han estudiado”. Lo lamentable es que mucha gente creyó y aun cree en su discurso, un discurso impostor y falaz que solo el tiempo podrá deconstruirlo.

En el norte de nuestro continente, el gobernante de los Estados Unidos, una de las potencias mundiales, en su segundo período presidencial, no está contento con ser uno más de los presidentes del mundo. Trump, como primera autoridad de esa potencia, también quiere ser el mandamás mundial. Su capricho, propio de los egocéntricos, pone en riesgo a su partido conservador y a la alianza que formaron las potencias capitalistas de occidente tras la Segunda Guerra Mundial, pues su narcisismo y ansias de poder le llevan a imponer sus deseos hasta que el resto las acepte.

El egocentrismo del gobernante del norte no se queda solo en querer ser el rey del mundo, sino que pretende, como todo monarca absolutista, controlar y poseer las regiones y países, desde luego estratégicos y con ricos recursos naturales, por encima de tratados y legislación internacional. Así, no solo está en su mira la franja de Gaza sino también el Canal de Panamá, Groenlandia e incluso Venezuela … y quién sabe si Irán también. Su avidez desmedida es similar a la del gobernante de la Alemania de los años 30, de la Alemania Nazi.

A fines de enero de 1933 el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, más conocido como Partido Nazi, dirigido por Adolf Hitler, tomó el poder en Alemania. De inmediato inició el rearme del ejército alemán y el reclutamiento masivo, acciones que estaban prohibidas para ese país por el Tratado de Versalles tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. Pero a Hitler nada lo detenía en su ambición de hacer grande a Alemania, posición aplaudida por su población, de modo que en marzo de 1938, tras cinco años de haber tomado el poder en Alemania, el caudillo anexó Austria dentro su política expansionista, mientras las potencias europeas guardaron silencio. Meses después, en septiembre, Hitler amenazó hacer desaparecer Checoslovaquia, para repartirla entre Alemania, Polonia y Hungría, pero luego con la aceptación de Francia, Inglaterra e Italia, disque para evitar una guerra, se anexó una región habitada por alemanes, dando un ultimátum a la población checa a que la abandonen hasta el 1 de octubre. Su política contraria a la convivencia con otras nacionalidades, similar a la actual política anti inmigratoria del presidente norteamericano, llevó al desplazamiento forzado de mucha población y a su persecución. La aceptación a los caprichos del tirano desencadenó una guerra mundial, con millones de muertos y heridos, más la destrucción de ciudades y sus economías.

Desafortunadamente, el egocentrismo y poder tiránico de estos personajes fue y es apoyado por gran parte de sus poblaciones, las que entrampadas por discursos falsos solo inflaron e inflan sentimientos patrioteros, de grandeza y hasta racistas, cuyas consecuencias nefastas solo dejaron muerte y desolación y aun la siguen dejando.

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