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Gobierno de convergencia que ejerza la dirección política de la campaña anticoronavirus en Bolivia

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Editorial de Aquí 307

La unidad de los bolivianos, en la campaña para vencer al coronavirus, podría ser la base en la que se apoye un gobierno de convergencia boliviana que asumiría la dirección política de la campaña para vencer al coronavirus, en nuestro país, en esta etapa en la que falta moderar, cuando menos, la curva de infectados y de muertos por el virus que enferma a más de tres millones y medio de personas y que provoca el deceso de centenares de miles de ciudadanos en los cinco continentes.

Tres criterios y/o acciones recientes confluyen como antecedentes que tendrían que estimular la convocatoria y la constitución del gobierno de convergencia boliviana; citamos esas tres declaraciones según el orden de su propagación:

El exsenador del MAS, Adolfo Mendoza, por medios de difusión, propuso que la presidenta interina, Jeanine Añez Chávez, organice un gabinete político y técnico para emprender la campaña anticoronavirus.

El diputado del MAS, Víctor Gutiérrez, por radio, sugirió la reconciliación nacional, para avanzar en este período de coronavirus. Este diputado informó, además, que él votó para que las elecciones se realicen en septiembre, en previsión de que la campaña antipandemia dificulte que aquella consulta se lleve a cabo dentro del plazo determinado por los votos de la mayoría de los diputados masistas.

El expresidente y candidato a la Presidencia de Bolivia, Carlos D. Mesa Gisbert, también ante medios de divulgación, afirmó que a la Presidenta de nuestro país le debe ir bien en la campaña anticoronavirus, para que nos vaya bien a los bolivianos.

El líder de la Comunidad Ciudadana (CC), además, ha sugerido un diálogo nacional entre actores de la política boliviana.

La propuesta es constituir un gobierno de convergencia; nombre que expresaría mejor el acuerdo de las fuerzas políticas, partidarias y frentistas, que se inscribieron para participar de las elecciones que, por la pandemia, no se realizarán el 3 de mayo, pero que se efectuarían entre junio y septiembre de este año, como sugirió el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

De convergencia, además, porque agruparía a las organizaciones aludidas para lo que no desaparecerían las divergencias entre ellas, porque éstas se fundan en intereses diferentes de clases sociales y porque esas organizaciones son portadoras de ideas sociopolíticas distintas y hasta contrapuesta

Aquellas agrupaciones convergerían (confluirían) en el gobierno sugerido, a pesar de las diferencias señaladas; visiones del mundo y de la vida que no deberían impedir ni el acuerdo ni el gobierno propuesto.

Ese gobierno, cuyo desempeño sería temporal, podría incorporar a otras organizaciones, políticas y/o frentistas, con varias décadas en la actividad política y, por tanto, con los merecimientos suficientes de veteranos en este oficio y, en similares condiciones, a los trabajadores asalariados y por cuenta propia, representados por sus sindicatos y por sus instancias orgánicas.

El gobierno de convergencia boliviana sería legal y legítimo, quizá sin o con muy pocos opositores, por lo que la descoordinación entre funcionarios del gobierno actual y de las autoridades subnacionales, en la lucha anticoronavirus, de la que todavía se informa, se convertiría en un mal recuerdo.

Ese gobierno sería legalísimo, porque no lesionaría norma alguna, y tendría amplísima legitimidad, ante la mirada de cualquier control social.

El objetivo fundamental del gobierno de convergencia boliviana sería dirigir la campaña para vencer al coronavirus en tierras bolivianas, como contribución a la lucha universal contra la pandemia, y hasta conseguir al menos que se contenga la contaminación desmesurada del coronavirus.

El gobierno de convergencia boliviana debería ser integrado por ministros y otros mandos medios, procedentes de partidos y frentes, como delegados suyos, sean o no militantes propios.

El gobierno planteado empezaría sus labores desde su constitución hasta que concluya la etapa anotada, es decir, hasta que termine la cuarentena, en todas sus fases, la que es sostenida por el 90 por ciento o más de los compatriotas, y hasta que lo principal de las empresas y servicios hayan conseguido el funcionamiento en lo que sería, sin duda, otro momento de la salud y de la vida de los bolivianos, y otro período de nuestra economía, así como tendría que ser otra la forma, cualitativamente superior, del ejercicio de la política entre nosotros.

Otro límite del gobierno de convergencia podría ser el inicio de la campaña para las elecciones que tienen que realizarse luego de vencer la pandemia en la fase citada.

El gobierno de convergencia boliviana o gobierno de convergencia nacional y/o plurinacional y/o de reconciliación —si se prefiere esas designaciones— no tendría que tomar medidas económicas para beneficiar a los empresarios y sacrificar el derecho al trabajo de los asalariados, por ejemplo.

Asimismo, una tentación de los gobernantes sugeridos, podría ser impulsar medidas económicas para salvar al modo de producción de bienes y servicios, vigente ahora, en perjuicio de los trabajadores; es decir, ejecutar políticas procapitalistas y/o capitalistas.

El gobierno de convergencia boliviana no debería existir para servir a los empresarios, en detrimento de los intereses nacionales y populares, lo que se reitera en aras de esclarecer el planteamiento sobre la economía, cuya crisis, se advierte, sería como ninguna otra porque, además, la historia no se repite, como a veces equivocadamente decimos que se repite.

La convocatoria para celebrar el acuerdo y para constituir el gobierno de convergencia boliviana la debe hacer la presidente provisional Jeanine Añez Chávez.

Pero si esa convocatoria no llegara de inmediato, como demanda la emergencia sanitaria, por separado y sin que sea una sustitución de las acciones de la mandataria constitucional interina, lo que sería imposible, la propuesta, y en ningún caso convocatoria, la debe hacer el candidato de la CC, Carlos D. Mesa Gisbert propuesta que podrían firmarla, junto con Mesa, otros dirigentes políticos bolivianos o sin la rúbrica de otros.

Esperamos que se manifieste la grandeza de las/os actores de la política boliviana, en la actual campaña antipandemia, grandeza que ayudaría a celebrar un acuerdo sociopolítico que facilite la constitución de un gobierno de convergencia boliviana para vencer al coronavirus en nuestro suelo, como aporte a la lucha por la salud y la vida de los seres humanos en el mundo.

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