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Evo perdió el apoyo de todo el pueblo

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Remberto Cárdenas Morales* -  De sábado a sábado (171)

Según los propagandistas del gobierno, el 12 de este mes, más de 500 mil compatriotas, en las calles y caminos de la patria, han manifestado su apoyo al Presidente, a la construcción del camino Villa Tunari-San Ignacio de Moxos (que atraviese el TIPNIS) y a la elección de jueces supremos. El Presidente, sin embargo, nada dijo expresamente respecto de las dos últimas consignas a los concentrados en La Paz.

Los 500 mil manifestantes, especialmente en la sede de gobierno, es una estimación discutible, que corresponde más a los deseos de los gobernantes que a la realidad.

En su discurso el Presidente otra vez mintió porque dijo que esos manifestantes reunidos en la plaza Villarroel (LP) fueron allí “voluntariamente” y “por su cuenta”. Los que militan en el MAS y los que apoyan los cambios (reformas que tienden a perder su contenido avanzado) y al gobierno estuvieron allí tal como afirmó el primer ciudadano boliviano.

Sin embargo, una parte considerable de los asistentes llegaron a esa plaza y pasearon por las calles paceñas sus intereses: los colonizadores porque pretenden más tierras en los bosques nacionales, especialmente en el TIPNIS, y para plantar coca; los cooperativistas mineros, en gratitud anticipada porque el gobierno los liberará, con una ley, del pago del impuesto al valor agregado, beneficio que alcanzará a los comercializadores de minerales; los gremiales, como otros sectores, a cambio de fichas con las que conseguirán migajas, como la ampliación de un puesto en un mercado; los empleados públicos (militantes del MAS y sin partido, como los del Banco Central de Bolivia), fueron obligados a manifestar so pena de perder el trabajo; a innumerables ciudadanos se los convocó bajo consignas distintas a las que se proclamó; a varios de los dependientes del gobierno y del Estado se les pidió dinero lo que no fue voluntario…

Especialmente en la concentración paceña se notó falta de fervor de los asistentes ante el discurso presidencial. Esta es una apreciación que compara el entusiasmo de los actuales parciales del Presidente, con los que antes eran muchos más y que manifestaban incluso fanatismo antes que convicciones o compromisos sustentados en ideas avanzadas.

Quizá el Presidente o los que le dicen verdades a éste hayan visto el comportamiento real de los manifestantes del miércoles 12 de este mes. Así como no deben dejar a un lado, como si nada significara, la reprobación de transeúntes que al menos les silbaron a los manifestantes de Evo. Para nosotros mejor que los “mirones” de marchas y concentraciones se hubieran comportado indiferentes porque entre la gente del gobierno hay quienes prefieren el odio a la indiferencia, como dice el vals peruano.

Un periodista que defiende al gobierno y al Presidente, cuando evaluó la marcha en La Paz, dijo, por televisión, dos detalles que se deben tomar en cuenta: que ante tanta gente en las calles paceñas no había necesidad de obligar a nadie para que asista a la demostración de fuerza y que el apoyo a Evo Morales, de acuerdo a demandas coreadas, no fue incondicional, que al primer ciudadano le pidieron enmendar errores y al gobierno que siga por un cauce de veras democrático y popular (además, antiimperialista y revolucionario consecuente).

Las omisiones del Presidente en su discurso dicen mucho. Según nuestro entender prefirió callar sobre el camino de la discordia quizá porque supo que entre los manifestantes hubo quienes, desde sus organizaciones sociales, dijeron que apoyan a los marchistas indígenas y que se debe respetar los derechos de aquéllos. Sobre las elecciones de jueces supremos, voceros de movimientos sociales dejaron constancia de su desacuerdo con el procedimiento que se siguió al nominar a los candidatos, varios de los cuales son del MAS y los que no lo son se comportarán funcionales a los gobernantes porque de éstos depende su elección. El Presidente, se supone, tiene que ser informado e debe informarse, todos los días, de lo que piensan y hacen los movimientos sociales, en particular, los que le son obedientes sin reservas.

Las concentraciones son para demostrar fuerza, para confirmar a los partidarios de los cambios, del gobierno y del Presidente. Todas las experiencias revolucionarias, sobre todo en momentos de crisis, deben realizar demostraciones públicas para confirmar a sus militantes y/o simpatizantes.

Una demostración de fuerza es para mostrar a los enemigos de los cambios, del gobierno y del Presidente que son superiores en cantidad y en calidad y que por ello pueden vencer en una transición boliviana en la que todavía sigue vigente: quién vence a quién.

Las marchas y las concentraciones, en particular la de La Paz, fueron para mandar mensajes fuera del país en un momento en el que Evo ya no puede decir que parece que en España lo quieren más que en Bolivia, como cuando en el país ibérico fue recibido y aclamado en una plaza de toros. Ese mensaje para la exportación consideran vital gobernantes y palaciegos en un momento en el que organizaciones indígenas de Nuestra América, en una reunión realizada en Brasil, ratificaron expresamente su apoyo a los marchistas que defienden al TIPNIS, así como a indígenas peruanos y brasileños que están enfrentados con similares enemigos que también se aprestan a depredar o ya lo hacen el hábitat natural de esos pueblos hermanos.

La concentración, también, tuvo como propósito recomponer fuerzas, reorganizarlas, reunificarlas, conseguir que reasuman ideas para los cambios, rescatar el apoyo internacional.

La propuesta presidencial para elaborar una nueva agenda con todos o casi todos (se supone que el Presidente convocó también a los “empresarios patriotas”) está en la dirección anotada, aunque no debe perderse de vista que la agenda de octubre sigue inconclusa, como aseguran alteños, especialmente.

El programa (lo que el Presidente llama agenda) debe ser de veras democrático, popular, antiimperialista y revolucionario para recuperar el curso avanzado del proceso del que somos actores o testigos, con un movimiento social y político que sólo excluya a los enemigos abiertos y encubiertos de la transición boliviana.

Y para enfrentar de veras a la derecha y al imperialismo, el gobierno tiene que abandonar prédicas y prácticas como el gasolinazo, el maltrato a los potosinos, muertes como la de los dos estudiantes de Caranavi, la violación de los derechos indígenas, como la de los marchistas de las tierras bajas.

La resolución del conflicto por el TIPNIS que favorezca a los indígenas y al pueblo y la aplicación de aquel programa o agenda impedirían que los cambios y el gobierno sigan cuesta abajo. Pero dudamos de que el Presidente dé pasos con botas de siete leguas porque cada día que pasa sin esos nuevos rumbos se aleja la posibilidad y la necesidad de que el gobierno y el proceso sigan por un camino del pueblo. Sólo entonces otras marchas serán de todo el pueblo como parte de la lucha para conseguir la segunda y definitiva independencia de Bolivia.

La Paz, 15 de octubre de 2011.

*Periodista

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