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Con desmesurado coronavirus y sin desfiles multitudinarios, el 16 de julio de 2020

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De sábado a sábado 519

Remberto Cárdenas Morales*

1.

Llegué a La Paz

tras del “Tanquetazo”,

que abrió alguna grieta en el banzerazo.

Entré desde el exilio a La Paz, por el Desaguadero, el 15 de junio de 1974, al día siguiente del “Tanquetazo”, el intento de golpe de Estado que no pudo deponer al dictador fascista o fascistoide Hugo Banzer Suárez; ensayo golpista encabezado por los militares Gary Prado Salmón y Raúl López Leytón (el “Chanka” López); ambos fueron ministros del gobierno de David Padilla Arancibia, tiempo en el que se inició la instalación de la planta Karachipampa (1979), la que debió procesar minerales de plomo y plata. Entonces circuló el rumor de que esos dos uniformados recibieron una comisión por la firma del convenio para la instalación de aquellos hornos de fundición, razón o sin razón por la que se les llamó: “Karachipampa”.

Aquéllos fueron destacados oficiales del Ejército en la lucha contra la guerrilla comandada por el Che, en Ñancahuazú (1967).

Colegas suyos decían que Prado y López fueron “agentes” de la Misión Militar Americana en Bolivia.

2.

Gracias por el fuego,

que nadie desdeña,

qué fraternidad

la de esa paceña.

Mi primer reencuentro con el pueblo paceño, luego de mi exilio, fue el 23 de junio de ese año (1974), en las fogatas de la calle Catacora. Allí una joven —como éramos en ese momento los dos que deambulábamos por ahí— nos invitó a compartir la reunión familiar suya como si nos hubiera conocido antes. Con esos paceños comimos hot-dogs, tomamos sucumbé y disfrutamos del calor del fuego, aunque con certeza que fue más cálida la acogida de esa familia paceña y sobre todo de aquella joven, cuya imagen recuerdo con mucho afecto.

Con aquel amigo y camarada, con el que visitamos a la citada familia paceña, integrábamos la resistencia antifascista desde las filas del Partido y de la Juventud Comunista de Bolivia (PCB y JCB), por eso en aquella reunión, en torno a la fogata de San Juan, hablamos poco, para guardar en reserva nuestra verdadera identidad y sobre todo para que nada se conozca de nuestro real oficio político de ese período: la resistencia a la dictadura de Banzer.

3.

Proclama y tea,

son nuestro pendón,

símbolos señeros

de otra redención.

Después de esa reunión en medio de fogatas de San Juan, vi un largo rato el desfile del 15 de julio y la verbena popular de ese día, los primeros junto a mi quehacer antifascista y desde la clandestinidad.

En Vallegrande, como estudiante de primaria y de secundaria, participé y participamos de los desfiles de teas cada 15 de julio, y el 16 era feriado. Entonces conocimos el grito de guerra del líder de la Revolución paceña del 16 de julio de 1809, Pedro Domingo Murillo: “Compatriotas: la tea que dejo encendida nadie la apagará”. Asimismo, allí coreábamos la Proclama de la Junta Tuitiva; forma y contenido de ese documento inflamaba nuestros pechos de niñas/os, adolescentes y jóvenes.

Una lectura crítica para establecer la profundidad de esta Revolución fue y es parte de un proceso posterior que no acaba.

La participación del pueblo en la Revolución de julio y el primer gobierno de los patriotas son elementos constitutivos para la primera independencia de Bolivia que se recogen como lecciones que se debieran asimilar.

En mi caso, más que una preocupación académica, me interesaron y me interesan los aciertos y los desaciertos de la Revolución de julio. Aprendí de ese acontecimiento de los trabajos históricos de Humberto Vásquez Machicado, Alipio Valencia Vega y José Fellman Velarde.

Es fundamental el contenido anticolonial de la Revolución de julio.

Esenciales son, asimismo, los alzamientos previos de Túpac Amaru (en el Perú actual), de Túpac Katari (en Bolivia de ahora) y la Revolución del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca.

4.

Desfiles-verbenas

nos hacen crecer,

ni el toque de queda

los pudo vencer.

Los golpistas del 17 de julio de 1980, bajo órdenes de los narcofascistas Luis García Meza Tejada y Luis Arce Gómez, llegaron a La Paz luego de días del inicio del golpe en Trinidad y su tránsito por Santa Cruz, es decir, días después de las celebraciones cívicas y populares paceñas.

En el primer año del golpe, en 1981, de los narcofascistas mantenían el toque de queda. Con la pretensión de imponer su vigencia, la soldadesca de ese momento no pudo dispersar a los que concurrieron al desfile —de teas, se lo denominaba—y a la verbena: esa noche fueron invencibles las celebraciones de julio de 1809, en la plaza Alonso de Mendoza de la sede del gobierno boliviano.

5.

A jalearle al Evo

todos los domados,

a silbarle al Juan

van los despistados.

Allí donde hay paceños o “paceñizados” se organizan celebraciones que crecen en la medida en que transcurre el tiempo.

La Entrada Folklórica del 16 de julio de El Alto es uno de los homenajes más o menos nuevos a la Revolución paceña y de veneración a la Virgen del Carmen.

En los pueblos paceños, la fiesta del 16 de julio abarca varios días. Eso vi en Sorata. Recuerdo una ocasión de un desfile con teas y/o faroles en el que los invitados de la primera fila fueron médicos y estudiantes de Medicina de la UMSA que asistieron a un congreso de cirugía. En esa delegación y entre los asistentes a esos festejos hubo paceños y no paceños que vivaron a los héroes de la Revolución de julio, Murillo y Medina fueron los más recordados. En el centro del principal templo de Sorata hay una Virgen del Carmen vestida de generala, con galones y todo.

Acepten, por favor, un paréntesis referido a un paceño cuya referencia sirve para rememorar un pasaje luctuoso y para dejar constancia de que en una memoria, como trata de ser este escrito, no se debe ignorar a los miserables y/o canallas que existen en La Paz, como en todas partes.

Al frente de ese templo, también en el centro de un espacio público y de tamaño natural, como diría Gabriel García Márquez, se levanta un monumento a Enrique Peñaranda del Castillo, quien ordenó la masacre de mineros en Catavi, en 1942: matanza en la que ultimaron a María Barzola.

Luego de esa masacre, la universidad de Chicago le concedió el título de Doctor Honoris Causa a ese presidente de Bolivia. Por él su madre habría dicho: Si hubiera sabido que mi hijo iba a ser Presidente, le hubiera mandado a la escuela. Este cuento recordé cuando vi dicha estatua.

El desfile del 15 de julio ha sido también escenario de maniobras políticas, mejor dicho politiqueras, destinadas a reforzar los halagos al entonces presidente Morales y a menospreciar al dirigente del Movimiento Sin Miedo (MSM) Juan del Granado Cossío, en ese momento alcalde de La Paz.

En ese período, para asistir a esos desfiles, en los ministerios se elaboraban dos listas: la de los que iban con la consigna de aplaudir a Juan Evo Morales Ayma y de silbar a Juan Sin Miedo, como le decían sus partidarios. En la otra nómina figuraban los empleados públicos que debían desfilar.

No obstante, los de ambos grupos aplaudían, silbaban y desfilaban por turno o ejercían las tres funciones.

Se sabe, asimismo, que los servicios de inteligencia de militares y policías, entre otros, concurrían a esas actividades públicas para tomar nota, por ejemplo, de los aplausos y de los silbidos mencionados y de otros dichos y de otros hechos de los asistentes a esos desfiles y a su complemento: las verbenas.

6.

Aquí los cruceños

no reclaman rango,

pero uno grita:

“yo soy paceñango”.

Los que no hemos nacido en La Paz, pero que nos hemos paceñizado, más allá de las excepciones, nos sentimos adoptados por este pueblo definido, acertadamente, como la tumba de tiranos.

Muchos de los inmigrantes, por nuestro comportamiento tan paceños como el que más, hemos recibido del pueblo paceño más de lo que hemos dado a cambio.

Los paceñizados hemos sido acogidos de modo que nos consideran como si fuéramos paceños de nacimiento o como portadores de la identidad paceña, sin que ésta borre nuestros ancestros.

Por eso cabe una explicación de la copla anterior:

El director en ese tiempo de radio Fides, Eduardo Pérez Iribarne, en una revista que se difundía desde esa emisora y que conducía el colega Freddy Morales Vaca, días antes de un 16 de julio, le preguntó a este colega: Qué podemos decir por usted que ha nacido en San Ignacio de Velasco (Santa Cruz) y vive tanto tiempo aquí en La Paz. Diga por favor que soy “paceñango”, fue la respuesta del periodista.

Morales estudió periodismo en la Universidad Católica de Bolivia (UCB) y trabajó como periodista simultáneamente —oficio que sigue ejerciendo—, su esposa e hijos son paceños y vive décadas en esta ciudad, en la que ha sido dos veces secretario ejecutivo del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz (ahora Federación) y secretario Ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (ahora Confederación).

7.

Contento les digo,

como un hogareño:

nació el 16,

mi nieto es paceño.

De mi parte, una referencia personal y familiar que deseo que conozcan y que acepten la licencia: junto con un grupo de cruceños, por decisión del Concejo Municipal de la Alcaldía de La Paz, recibí una distinción por mi aporte desplegado en esta ciudad, según la resolución respectiva. A mi vez, sigo en la tarea para merecer plenamente ese premio que nunca busqué, pero por el que sigo agradecido.

A la gratitud que siento por el pueblo paceño se suma un acontecimiento familiar: mi nieto, Matías Nicolás Torrico Cárdenas, nació en esta ínclita ciudad el 16 de julio de 2008.

8.

Pueblo generoso,

se reparte entero,

comparte trabajo,

suelo y puchero.

El pueblo paceño se ha formado en incesantes luchas de clases sociales.

El accionar político, como uno de los elementos de la lucha de clases sociales, ha marcado a sangre y fuego e imborrablemente al pueblo, a la sociedad paceña. Y el pueblo paceño se agigantó en esa su marcha.

9.

La gloria paceña

no tiene barniz,

cabe con holgura

hasta en un maíz.

La Paz ha sido el escenario en el que los paceños han integrado las fuerzas motrices de batallas políticas, ideológicas, económicas, culturales; aunque a veces han sido meros testigos.

—Las batallas decisivas de la insurrección popular de 1952 se libraron en esta ciudad.

—El golpe que derrotó a la Revolución democrática y burguesa de 1952 tuvo lugar aquí (1964).

—En esta ciudad se impuso el golpe de Estado dirigido por el Gral. Alfredo Ovando Candia, que nacionalizó la Gulf Oil Co., e instaló los hornos de fundición de Vinto (Oruro). Sin embargo, una sombra de ese proceso fue y es la aniquilación de la guerrilla de Teoponte (La Paz), lugar en el que guerrilleros murieron por hambre y ninguno en combate.

—El Gral. Juan José Torres González, apoyado por militares y con la simpatía del pueblo, derrotó en La Paz a un golpe militar derechista. Entre otras medidas, el gobierno del “Gral. del pueblo” recuperó las colas y los desmontes de Catavi-Siglo XX y las minas Bolívar (Cochabamba) y Matilde (La Paz), hasta ese momento explotadas por empresarios privados.

—En La Paz se consolidaron los golpes de Estado de los militares fascistas y narcofascistas Hugo Banzer Suárez (1971) y Luis García Meza Tejada (1980).

—En La Paz fue derrotado el golpe del Gral. Alberto Natusch Busch (1979), con una huelga general política.

—Aquí triunfó electoralmente la UDP.

—La Paz fue el escenario principal del “fulgor y la caída” del llamado proceso de cambio de Juan Evo Morales Ayma.

—La solidaridad de los paceños y no paceños alentó la lucha de mineros, fabriles, campesinos, indígenas de las tierras bajas, cocaleros de los yungas paceños y del Chapare, de los indígenas defensores del TIPNIS, de los discapacitados, de los sectores sociales que marcharon hacia la sede de gobierno…

Al pueblo paceño se le podría llamar, también, pueblo paceño solidario con los que viven y luchan, especialmente con los que llegan a esta tierra de todos los bolivianos y de los que arriban de otros pueblos, a pesar de las distancias físicas.

Los paceñizados o paceñangos, como el que escribe esta nota, admiramos más a La Paz y al pueblo paceño en campaña para vencer el coronavirus, que contamina y por el que mueren tantos compatriotas. Pandemia que impidió los desfiles y otros actos con los que merecidamente se festeja la Revolución anticolonial, y por eso liberadora, considerada como un ejemplo que nos inspira y que es una guía para la acción.

La Revolución del 16 de julio de 1809, además, constituyó una alianza que es la que ahora necesitamos para vencer al coronavirus, para enfrentar la crisis económica y buscar “otra economía” y para encauzar las elecciones postergadas.

10.

Volverán desfiles,

la verbena real,

tras que derrotemos

al virus mortal.

La Paz, 16 de julio de 2020.

*Periodista.

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