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Con nuestro maestro Roberto Arnez seguimos comunistas

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De sábado a sábado (255)

Remberto Cárdenas Morales*

Roberto —le dije por un teléfono del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Mayor de San Simón— me han invitado para dar clases de periodismo (o redacción periodística) en la carrera de Comunicación de la Universidad Técnica de Oruro (UTO). ¿Qué me aconsejas que haga? Ocurrió en febrero de 1988.

Acepta, fue su respuesta inmediata. Has estudiado marxismo y derecho, y has aprendido muchas cosas de la vida, creo que puedes hacer un buen papel como docente en esa materia. Por tanto, creo que debes aceptar esa invitación, remató el camarada Roberto.

A nadie más consulté —y acepté entusiasta la invitación— porque no pertenecía a una célula ni a organismo de dirección partidarios a los que, en otro tiempo, habría avisado y/o consultado para ejercer la docencia universitaria, en la que no tenía más que una corta experiencia como ayudante de materia en la carrera de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz, 1967-1971 del siglo XX.

Después del golpe banzarista, en Santiago de Chile, vivíamos con otros camaradas y compañeros los primeros meses de exilio, sin trabajo y sobre todo tratábamos de entender, de la mejor manera posible, la revolución chilena o la vía no armada y/o pacífica de la revolución en la tierra de Allende y Neruda. Y como supusimos que no iría ninguna delegación de Bolivia al 7 Congreso de la Unión de la Juventud Comunista de aquel país, dos militantes de la Jota boliviana fuimos acreditados como delegados a ese encuentro (Ramiro Barrenechea y yo). En esa reunión nos encontramos con el delegado de la Juventud Comunista de Bolivia (Juan de Dios Aguilera), el que nos propuso seguir como delegados aunque, según los que residíamos transitoriamente en Santiago, debíamos continuar allí pero como delegados adscritos. En ese carácter nos quedamos en un Congreso por momentos cercado por los fascistas que se ganaban las calles de la capital chilena en un evidente son golpista, como decían los militantes de la Unidad Popular (UP), de cuya organización su consigna de ese momento fue: “No a la guerra civil”.

A ese 7 Congreso de la UJC de Chile asistió Roberto Arnez Villarroel, como corresponsal de la Revista Internacional (RI), con sede en Praga (capital de la extinguida Checoslovaquia); la publicación teórica y política de los partidos comunistas y obreros de ese tiempo, ante la que Roberto entonces era representante del Partido Comunista de Bolivia (PCB). Con él nos abrazamos con mucha fraternidad en uno de los pasillos de un céntrico hotel santiaguino, sede de la reunión congresal de los compañeros de la UJC.

Ese abrazo fue de veras fraterno. En esa ocasión nos conocimos con Roberto. Allí, los cuatro comunistas bolivianos, durante todo el tiempo compartimos sesiones, encuentros, refrigerios, plenarias y varios vinos.

Entre esos encuentros tuvimos uno destacable con Luis Corvalán, secretario General del Partido Comunista de Chile (PCCH). Él, con una claridad admirable y sin poses que las tenían sobre todo dirigentes de la UJC, nos explicó lo que llamó aciertos y desaciertos de las Revolución chilena. Un aspecto que destacó, el líder de los comunistas chilenos, fue que sólo el pueblo chileno y la que veíamos como su vanguardia, la UP, tenían las suficientes reservas para derrotar a los golpistas. Roberto, en ejercicio del periodismo, tomó notas para un artículo que escribió y que difundió la RI y, precisamente, por eso lo entrevistó por separado una vez más a Corvalán con el que, básicamente, hablaron de la trama golpista en marcha en Chile.

En el IV Congreso del PCB, Roberto Arnez asistió como miembro del Comité Central, ocasión en la que de él se esperaba una explicación autocrítica porque, según miembros de la dirección del PCB, el delegado de éste —Roberto— a la RI, desde ese vocero, no había “desarrollado” y menos “defendido”, especialmente, la definición de la dictadura de Banzer como fascista (la Dirección del PCB también caracterizó como fascistoide a ese régimen).

Roberto, en esa oportunidad y en cinco minutos, pudo decir muy poco, pero subrayó que en la redacción de la RI no le habían cambiado ni una coma a lo que escribió sobre Bolivia y que por tanto lo que leímos en las páginas de esa publicación era de su autoría de la que, añadió, asumía plena responsabilidad. Aunque no lo dije antes, acaso por respeto a Roberto, para mí esa dictadura era fascista o al menos profascista, pero me disgustó el mal trato, nada comunista, que se le dio a Roberto en aquel congreso partidario. Más aún: A pesar de que este camarada, con anticipación, hizo llegar un borrador de lo que llamamos “Tesis programáticas del PCB” ni se discutieron y ni se aprobaron en ese IV Congreso. Esas tesis, si no estoy mal informado, hasta este momento no son parte de la escasa producción teórica y política del que fue nuestro Partido. Después me convencí de que ese borrador de tesis programáticas —una lectura resumida de la formación social boliviana—, no se discutió ni aprobó, precisamente, porque su autor fue Roberto el que, además de sus aportes personales, en ese borrador, también sintetizó lo que son estudios de militantes y dirigentes del PCB, como los escritos sobre la cuestión nacional en nuestro país, de Jorge A. Ovando Sanz.

En ese momento (con demora) leímos, además de los artículos suyos publicados en la RI, una interpretación sociológica de la revolución democrática y burguesa de abril de 1952 (a manera de varias tesis) y un artículo sobre las “reformas” o “revoluciones” universitarias (1970). A mí y a otros militantes de la Jota, esos textos nos llevaron a decir: por qué Roberto no escribe mucho más de lo que escribió hasta este momento. Luego de conocer el reclamo del sobresaliente rector universitario cochabambino, Arturo Urquidi, que “Roberto no quiere escribir”, me alegró saber que el jueves 4, nuestro maestro, entregará un libro suyo.

Nuestro camarada y amigo fue docente de la Universidad Mayor de San Simón. Sabemos que allí que se inició como corrector de pruebas, de textos compuestos con tipos desplazables y/o con linotipos en la imprenta de la casa de estudios superiores del valle. Asimismo, conocemos que fue un destacado profesor de esa casa de estudios superiores, cualidad que la valoré como el que más cuando hablaba en nuestras reuniones: su claridad, como tienen que ser las notas periodísticas, por ejemplo, es un valor agregado de Roberto.

El camarada fue Ministro de Trabajo del gobierno de la UDP, propuesto por la dirección del PCB. Ésta “entendió” que así a Roberto lo “promocionaron” o que con esa nominación se levantaron los vetos en su contra, como cuando impidieron que, legítimamente, sea elegido como uno de los miembros del Comité Central del PCB, con muchos más merecimientos que otros. El entonces ministro de Trabajo hizo lo que escasamente fue posible durante el udepismo: consecuente defensa, difusión y promoción de los derechos de los trabajadores, aunque inconclusa, como inconcluso fue su mandato porque fue retirado de ese ministerio (por la dirección del PCB) con sinrazones mediante. 

Un rasgo humano de Roberto vale la pena contar: un día, en su natal Cochabamba, le propusimos improvisar una reunión partidaria, un sábado por la tarde. Su respuesta fue inapelable: no puedo asistir a esa reunión, esta tarde iré a Quillacollo a comer mote de haba, a la casa de un camarada que estudió en Checoslovaquia, con quien tengo, además, una vieja amistad. Los que propusimos esa reunión nos quedamos en la llajta y al menos ese día no comimos mote de haba; Roberto, sí.

Al V Congreso del PCB llegamos atrincherados en tres tendencias, con marcadas diferencias políticas y con ideas dispares. Ante el balance sobre el gobierno de la UDP y el rol del PCB en ese período, así como el camino a seguir luego de la derrota del régimen udepista en Bolivia, nos separábamos: 1. entre los apologistas de la gestión de ese gobierno y dispuestos a continuar por esa vía rutinaria, 2. un centrismo que después agitó como resumen el  socialismo democrático y 3. los que nos ufanábamos de una radicalidad que subvaloraba las reformas las que, afirmamos, fueron las que se trató de impulsar con el movimiento de masas gigantesco que fue la UDP.

En el V Congreso del PCB estallaron nuestras diferencias y fracasó un esfuerzo de último momento para mantener la unidad orgánica del otrora nuestro Partido.

El que firma esta nota creía (criterio que fue compartido por nuestra tendencia, con Roberto entre los destacados) que debíamos resolver, en ese V Congreso del PCB, continuar abiertamente un período de discusión, con la amplitud y la profundidad posibles, bajo la dirección de Simón Reyes Rivera, al que debíamos elegir secretario General para una transición que debía extenderse hasta un VI Congreso, el que podría ser de refundación del PCB. La propuesta tenía un añadido: debíamos coexistir las tres tendencias y quizá posiciones personales o de grupos menores. Esa sugerencia la hicimos, además, a pesar de que Jorge Kolle nos dijo, a Carlos Soria Galvarro y a mí, que al fraccionalismo (básicamente de nosotros) se lo iba a combatir, desde la dirección del PCB, con medios legítimos e ilegítimos. A Roberto le encomendamos que consulte, con camaradas por los que manteníamos disminuido respeto, pero respeto al fin, y a pesar de los recursos que sí utilizaban para combatirnos. En minutos a Roberto le dieron la respuesta: “No aceptan la propuesta”, nos dijo el camarada al que en ese Congreso impidieron que sea elegido al Comité Central del PCB, a pesar del respaldo casi unánime de la delegación cochabambina. Aunque con menos respaldo para una elección a ese organismo de dirección, yo también fui “vetado”, así como Roberto, por lo que nos sentimos unidos en el mismo infortunio partidario y político de ese Congreso. Después vino la expulsión de varios de los que constituimos una tendencia marxista-leninista.

Con Roberto compartíamos lo esencial de las ideas, consideradas transformadoras para Bolivia: una aproximación o al menos bases de una teoría y una práctica de la revolución boliviana, y lo que debía ser y hacer el Partido Comunista para la Revolución, desprendimiento del viejo tronco partidario.

Varios lo dijimos en privado y ahora me toca decirlo en esta nota: un merecido homenaje a Roberto Arnez Villarroel, en sus 85 años de vida, es decirle con vehemencia que quienes lo sentimos a él como maestro nuestro, también seguimos comunistas, así como él.

Entre los que seguimos comunistas, en reuniones o a la distancia, esperamos la palabra o textos del c. Roberto para elaborar y/o para reforzar nuestros criterios.

Lamenté mucho inasistir al merecido homenaje, a Roberto, de los dino-comunistas; irrepetibles, añado. También lamento mi ausencia en la entrega de ese libro. Pero lo leeré  porque confío en que recogeré enseñanzas tuyas, camarada del alma y maestro inacabable.

Camarada Roberto: abrazos como los que nos dimos en Santiago de Chile. Espero que en nuestra próxima reunión participaré contigo como en todo tiempo: dispuesto a recibir tus enseñanzas y a entregar mi aporte en la dimensión posible. Seguro, además, de que no me disgustará, aunque no comparta, si en esa ocasión dices de nuevo que vivimos, ahora, un proceso revolucionario. Lo que nos unió y nos une fue y es mucho más fuerte y, alguna divergencia, hasta necesaria, jamás podrá separarnos.

Roberto: Tengo la certeza de que seguirás siendo un comunista imprescindible.

La Paz, 6 de julio de 2013.

*Periodista

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