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Premios y lisonjas fabricados a la medida de autócratas narcisistas

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Editorial 356

A lo largo de la historia muchos autócratas se han hecho erigir palacios, monumentos, pirámides, obeliscos, arcos de triunfo e incluso museos (uno de ellos para sus prendas de vestir), sin que faltaran en sus colecciones los títulos honoríficos.

Los jerarcas de turno fabrican, a su medida, honores y reconocimientos con la intención de mostrar a la población que “su grandeza es inigualable” y que merecen perdurar por siempre.

La lisonja, la servil ería —el llunkerío, como se dice en Bolivia— lamentablemente es una práctica que fomentan muchos jerarcas, muchos egocéntricos y autoritarios, quienes se rodean de gente servil, la que, con cálculo interesado, buscan beneficios propios.

Dentro de esta industria de “honores a pedido” están también algunas casas superiores de estudios —algunas prestigiosas y otras no— las que galardonan a personajes narcisistas, pero al mismo tiempo desvalorizan su propia actividad académica.

No es la primera ni última vez que un jerarca se pavonea con un trofeo inmerecido pero hecho por encargo. A fines del año pasado un “premio de la paz” fue fabricado por el mercader del fútbol a la medida del presidente autócrata de los Estados Unidos de Norteamérica, pues vanas fueron las campañas para que este jerarca obtenga el Premio Nobel de la Paz, por su dizque pacifismo. Pero, como los aduladores y serviles están a la orden del día, la elegida por el Instituto Nobel noruego con el Premio de la Paz 2025, por su liderazgo contra la dictadura venezolana, al recibirlo le dedicó servilmente ese premio al ansioso jerarca estadounidense y recientemente le entregó la medalla, quien al recibirla señaló complacido que verdaderamente “él es quien se la merece”.

En Bolivia también hemos tenido un presidente que no solo que se construyó un nuevo Palacio sino también un museo (ambas millonarias obras no se hicieron con sus propios recursos, sino con el dinero de todos los bolivianos); hizo poner su nombre a escuelas y su figura se veía en toda entidad pública, en toda bolsa o caja o alimentos que se fabricaban entidades estatales, en las cabinas del servicios de transporte público, como el teleférico; pero también, hizo gestionar que varias universidades le otorguen el título de Doctor Honoris Causa, cruzada en la que también se benefició a su vicepresidente.

El título de Doctor Honoris Causa, si bien no necesita requisitos formales académicos ni es el aval para que el condecorado ejerza la docencia, se otorga a personas que hayan realizado actos sobresalientes en una o varias áreas de las ciencias, artes, humanísticas, sociales y/o que hayan sido ejemplo de moralidad, honestidad, solidaridad, respeto al otro.

Pero, el beneficiado con el “Premio” de la paz fabricado por la FIFA o el primer exmandatario boliviano que recibió muchos reconocimientos honoríficos de varias universidades, por sus actos se puede afirmar que no son precisamente personas honestas.

El primero tiene varios procesos penales que mediante recursos “legales” fueron desestimados, quedando sólo uno con sentencia que lo condenó a libertad incondicional: Falsificación de registros comerciales para ocultar pagos a una actriz pornográfica a cambio de su silencio sobre un encuentro sexual que tuvo con ella el 2006. El segundo violó muchas veces la Constitución Política del Estado promovida por él y su partido; ilegalmente se hizo habilitar por un tercer mandato consecutivo; desconoció un Referéndum que le negó ser reelegido indefinidamente, pero aun así se hizo habilitar (por jueces prevaricadores) para un cuarto período; mediante recursos “legales” sometió al sistema judicial para beneficio propio y de miembros de su partido; aceptó haber instruido un operativo (Asalto al Hotel Las Américas) donde se le acusa que hubo ejecuciones extrajudiciales y fue el comienzo de un proceso montado contra 39 personas en el llamado Caso Terrorismo (2029), quienes soportaron prisión e innumerables comparecencias hasta el 2020, año en que se cerró el caso; alentó la instauración de procesos contra sus enemigos por supuestos casos de corrupción, pero favorecieron a sus amigos que sí cometieron delitos; y como yapa, está acusado de trata agravada de personas, además de haber dejado al país en crisis total, en lo económico, en lo institucional, en lo moral, acciones que también son de responsabilidad de los demás jerarcas de su régimen, desde su vicepresidente, ministros, legisladores, magistrados, jefes militares y policiales y otros que asimismo fueron halagados inmerecidamente por varias instituciones.

Es lamentable, censurable y bochornoso que ciertas instituciones y personas también sean complacientes (posiblemente en agradecimiento de algún beneficio que recibieron o recibirán) con personajes que no lo merecen, sabiendo que esos jerarcas no son ningún ejemplo de honestidad y decencia para la sociedad, más al contrario encarnan la soberbia, el autoritarismo y el abuso de poder.

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