
A rajatabla
Yuri Aguilar Dávalos
31 de julio de 2026

Los Aguilar Dávalos (1950): Eduardo (padre), Silvia (hermana), Blanca (madre) y Fernando (hermano). Foto de estudio para viaje a Arica (Chile)
Julio es un mes, a veces, de dichas y, otras, de pesares.
Un 23 nació mi mamá y un 29 mi hermano.
Se fueron a otra dimensión, a la eternidad, un 7 mi hermana y un 16 mi papá.
Nunca me puse a pensar que este mes me traiga tantos recuerdos, tantos rostros de ayer que vuelan y danzan en mis pensamientos.
Voces lejanas danzan en el ambiente, más presentes que antes.
Pasan los años y esos rostros y voces vuelven con sus pasos en silencio en la estancia del tiempo, en ese tiempo que corre y corre sin detenerse.
Ni a mis padres ni a mis hermanos ya los puedo ver, aunque sí hablarles y oírlos en el recuento de momentos pasados que aparecen como entre sueños, todos instantáneos, fugaces pero existentes…
Oigo sus risas y veo sus sonrisas, escucho interminables historias y comparto episodios que solo con ellos puedo hacerlo… luego vuelve el silencio que se rompe hasta otro encuentro.
Dicen que recordar es vivir porque aplaca a la muerte, por eso aquella primera parte de mi familia, cuando solo éramos cinco —nuestros papás y tres muchachos— está presente y no ha sido devorado por el olvido, por el implacable tiempo que avanza sin demora.